El juicio oral que se lleva adelante por el intento de magnicidio contra la entonces vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner se encuentra en la etapa de los alegatos. Por caso, fiscala Gabriela Baigún solicitó una pena de 19 años de prisión para Fernando Sabag Montiel y 14 años y dos meses para Brenda Uliarte, los principales acusados, por “tentativa de homicidio con alevosía”. Luego solicitó la absolución para Nicolás Carrizo. En tanto, la fiscala Mariela Labozzetta, titular de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), pidió calificar la conducta como “tentativa de femicidio”.

La voz de Sabag Montiel resuena en la sala de audiencias. Es un audio que le envió a su novia, Brenda Uliarte, también acusada, cinco días antes del atentado: "Qué gracia que me dan todos esos putitos ahí sacándose fotos cholulos haciéndose los peronistas con la 'V'. Vos llegás a pelar un fierro ahí y llegás a arrancar un tiro, vos sabés el pánico el caos que se genera, es muy dificil que me saquen el fierro. Si yo disparo, después lo tiro, van a saber que yo tengo el fierro, voy  tener que sacar el cargador, y me van a tener el fierro pero no van a tener las balas, entonces me van a cagar a piñas, pero más de uno, a ver me pueden agarrar entre varios pero otros van a correr pero y va a ser muy difícil, que se yo". 

El mensaje había sido enviado el 28 de agosto pasadas las doce de la noche. Un rato antes había hecho una aproximación al objetivo de matar a la vicepresidenta, pero no se atrevió. Su idea era meterse entre los manifestantes que iban a dar apoyo a CFK en los días posteriores al alegato del fiscal Diego Luciani en el caso "Vialidad". La fiscal Baigún exhibió el mensaje de voz como parte de su alegato para mostrar que la pareja planificó el hecho, que el hombre era consciente de lo que hacía y que ella lo motivaba. Hasta ahora se conocía el contenido pero no el audio propiamente dicho. "Yo la quería matar y ella quería que muera", recordó la fiscalía que dijo Sabag Montiel en su indagatoria. 

El 1 de septiembre estaban ambos en el lugar de los hechos, en medio de las y los simpatizantes que daban apoyo a Cristina. Llegaron a estar muy cerca de ella. Incluso la joven quería filmar el momento del disparo. Alcanzó a registrar algo, pero borró el video y un peritaje permitió rescatar fragmentos que se vieron en el  juicio. Cuando Sabag quiso gatillar la bala no salió. Al instante lo agarraron militantes que formaban parte de un cordón humano que cada día protegía a CFK  y le abría paso hacia la entrada de su casa. Brenda se escabulló entre la gente. 

Baigún pidió una pena de 19 años de prisión para Sabag Montiel y 14 años y dos meses para Uliarte. El cálculo lo hizo en base a una unificación de penas. Por el atentado se les adjudica el delito de homicidio agravado por alevosía por haber sido perpetrado mediando violencia de género en su modalidad de violencia política y por empleo de arma de fuego en grado de tentativa. La fiscalía responsabilizó a la chica como partícipe secundaria. Para Sabag Montiel agregó portación de arma de guerra sin debida autorización legal y la receptación del arma, una Bersa Lusber 84 calibre 32, a sabiendas de su procedencia ilegítima (tenía borrada la numeración). Postuló unificar la pena con la condena que tuvo él (cuatro años y tres meses) por tenencia de materia de abuso sexual de niños y niñas. Los dos habían sido condenados a un año por la tenencia de un documento de identidad ajeno. 

Absolución para Carrizo 

Con el mismo planteo que hizo la querella de CFK la semana pasada, Baigún dijo que no tenía elementos para acusar a Gabriel Carrizo, el dueño del emprendimiento de venta de copos de azúcar que la pareja usaba para camuflarse en la zona de Recoleta. Al no haber acusación, quedará en libertad. Carrizo suspiró, se tapó la cara con las manos y rompió en un sollozo. Abrazó a su abogado, Gastón Marano, y le dio y beso en la frente. Le dio un apretón de mano a la defensora oficial de Sabag Montiel, Fernanda López Puleio. En el sector para el público, separada de la sala de audiencias por un vidrio, estaban su mamá y su novia. 

A la hora de argumentar, Baigún dijo que si bien Carrizo había enviado mensajes a familiares y conocidos después del atentado, donde se atribuía una participación, daba  entender que había aportado un arma que no se había utilizado y elogiaba a Sabag Montiel como un "héroe", no hay ninguna prueba que lo vincule con el hecho o que muestre que conocía ni participaba en lo que Uliarte y Sabag Montiel estaban tramando. En su indagatoria el joven dijo que solía hacer bromas de humor negro, que le gustaba provocar, en especial a quienes tenían simpatías con el  kirchnerismo. Baigún  dijo que quizá esto era difícil de comprender, pero que pruebas en su contra no hay. 

El arma, el celular, el odio, la cordura  

"No tengo ninguna duda de que la conducta de Sabag Montiel significó un elevado peligro para la vida de Cristina Fernández de Kirchner. Intentó disparar a su rostro usando un arma que situó a escasos metros de su objetivo", dijo Baigún. La bala no salió, dijo, por motivos ajenos al atacante. "Para que quede claro ante la sociedad" dijo que no era "un arma de juguete" ni lanza agua. "Era apta para el disparo y estaba cargada con cinco municiones", "no estaba trabajada" y Sabag Montiel "sabía disparar". En parte señaló estas cuestiones para anticiparse a un posible argumento de la defensa: "no hay un delito imposible". Explicó que el cargador estaba bien colocado. "Pudo no haber tirado de la corredera con fuerza, estar apurado o tener la mano transpirada y que la bala no haya entrado en la recámara", señaló. Pasó un tramo de la indagatoria donde el acusado dijo: "Gatillé una vez y no fueron dos veces. No le volví a dar recarga al arma porque fui interceptado". 

Baigún se refirió al secuestro de su celular de Sabag Montiel. Recordó que lo tuvo con él hasta las 23.58, pero que no tenía batería. Al juzgado de María Eugenia Capuchetti, la jueza de instrucción, llegó en un sobre dentro de otro sobre llamado Faraday que bloquea las señales. Describió que le primer intento de extracción de información del aparato si hizo adentro del juzgado, que quedó a cargo de un agente de la Policía Federal, y que antes se cortó la luz, lo que daba cuenta de un contexto inadecuada. De todos modos el agente no logró bajar el contenido porque no pudo desbloquear el teléfono. Algunas evidencias, en especial imágenes, fueron obtenidos de la tarjeta SIM y micro sd. La fiscal señaló que el celular fue guardado en el juzgado apagado en  la caja fuerte del juzgado. 

En la noche del 2 de septiembre la magistrada lo mandó a la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) con la custodia de su juzgado, Priscila Santillán. Baigún recordó que los peritos de esa fuerza y un exfuncionario declararon que el dispositivo llegó en un sobre abierto, roto, sin planilla de cadena de custodia. "Existió una irregularidad en la cadena de custodia", advirtió. Como es conocido, el celular quedó reseteado de fábrica al ser conectado al sistema UFED y que pese a los intentos nunca se pudo peritar el contenido de los mensajes de whatsapp y documentos del teléfono. La querella había señalado esta cuestión como un gran obstáculo para conocer la autoría  intelectual. 

Sobre en la última parte de su alegato hizo referencia al contexto de violencia y odio. Señaló que Uliarte participaba de protestas marcadas por esos rasgos, como las de la agrupación federal, y se había vinculado con el personajes que el influencer conocido como El Presto (Eduardo Prestofelippo). La querella dedicó una gran parte de su alegato a las características del contexto. Recordó otra frase de la indagatoria de Sabag: “Yo quería matarla y ella quería que muriera”. "Odiaban a Cristina", planteó el alegato. Durante un largo tramo  detalló también los estudios psicológicos y psiquiátricos que mostraron que tanto Sabag Montiel como Uliarte están en sus cabales, no tienen sus facultades manteles alteradas y fueron conscientes de sus actos, pese a que sus defensas --con especial insistencia la de la chica-- intentaron plantear que no estaban en condiciones de afrontar el juicio. Es más, sobre Brenda, Baigún dijo que simulaba. 

Violencia de género 

Un tramo del alegato estuvo a cargo de Mariela Labozetta, titular de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) para fundamentar por qué la fiscalía planteó el agravante por violencia de género previsto en el inciso 11 del artículo 80 del Código Penal. En este caso, sería tentativa de femicidio. 

"El orden patriarcal es tan potente, que aunque Sabag Montiel se siente un 'don nadie' (frase que él usó), frustrado, humillado, entiende que tiene la potestad, la obligación y el mandato de castigar a una mujer que no ocupa su lugar en la jerarquía poder, y además, de revertir esta situación que entiende anómala. De alguna manera quiere restablecer el sistema jerarquizado de género", explicó Labozetta. La fiscal marcó la relevancia de sacarse "de encima los estereotipos de genero y ver que la violencia de género se dirige a mujeres que no encajan con el estereotipo de mujeres vulnerables, y débiles. La violencia de género se expresa en una conducta destinada a sostener esas relaciones de poder (donde) las mujeres no mandan, no son fuertes, no tienen poder", explicó. "Juzgar con perspectiva de género este caso implica correr el prejuicio de que las mujeres fuertes y con poder no puede ser víctimas de violencia de género", dijo.

En un momento Labozetta compartió un tramo de la declaración de CFK como víctima, donde una de las freses que usa es: "para mascota del poder no sirve ni serviré nunca". 

"La violencia de género que exige el tipo penal está siempre dirigida a sostener las  relaciones desiguales de poder, ubicar a las mujeres en el lugar que se espera de ellas en este orden jerárquico patriarcal y también el disciplinamiento". En el caso del atentado ea CFK, señaló que el mensaje no era solo para la entonces vicepresidenta sino "para todas las mujeres que hacen política o pretenden hacer política u ocupar espacios de poder" y "para la sociedad en general". El modo en que se ejecutó el atentado estaba pensado para que ocurriera "delante de las cámaras, en  el  medio de una manifestación multitudinaria e incluso grabándolo en el celular  de Brenda Uliarte". "Dentro de los objetivos del crimen estaba lograr este mensaje de horror y disciplinamiento", agregó. "En este caso hay violencia de género que es la constitutiva del tipo penal y es en la modalidad de violencia politica". Recordó que al momento de los hechos  "había un contexto particular de violencia política a nivel regional" e incluso dirigido a mujeres. 

Como pruebas adicionales  mostró búsquedas que había hecho Sabag Montiel en internet en el tiempo previo al ataque: "planes sociales feministas", "hombres se reciben más que mujeres", "mujer gana menos que hombre", "mujeres beta y mujeres alfa", "debés ignorar  a las mujeres", "mujer moderna quiere sabotear a las mujeres femeninas", "Emanuel Dannan destroza a feminista  que quiere denunciarlo" (en alusión al influencer libertario). 

"Está por demás probado que hubo violencia política. Está probado en este caso porque el objetivo era excluirla del escenario político y de alguna manera parte de esa violencia tenía un componente de género. Su calidad de mujer habilitó el  atentado, lo convalidó, lo legitimó a los ojos de los ejecutores por todo esto (...) pero además la acción estuvo dirigida al lograr un impacto que iba a trascender las fronteras del asesinato a una persona. Asumieron  como resultado no solo atentar contra la vida humana de Cristina Fernández de Kirchner sino a la afectación de todo lo que su figura representaba, incluyendo a la institución de la democracia".