En el barrio de Lugano hay una calle con el nombre de Candela Sol Rodríguez. En algunas paredes de Hurlingham quedan las pintadas “Justicia por Candela” que se retocan para que la memoria no haga trampa. Siempre hay flores, estampitas y pequeños obsequios donde encontraron su cuerpo, y siempre resuena la frase de su madre, Carola Labrador: “A Candela la sueño todo el tiempo”. Pero a 14 años del secuestro y femicidio, la Sala IV de la Cámara de Casación bonaerense confirmó la absolución de todos los acusados, y no podrá saberse qué ocurrió con la niña entre el 22 y el 31 de agosto de 2011, ni las motivaciones que provocaron esa tragedia.

Candela fue secuestrada el 22 de agosto, a pocas cuadras de su casa en la calle Coraceros, en Hurlingham. Le dijo a Carola que iba a la casa de una amiga para organizar el campamento de fin de año de su grupo de boy scouts. Durante nueve días la buscaron 1.600 policías, 143 patrulleros, 2 helicópteros, Interpol y 16 perros entrenados. El 31, dos mujeres cartoneras encontraron su cuerpo dentro de una bolsa, en un basural cercano a la colectora del Acceso Oeste, en Villa Tessei. La autopsia reveló que había sido golpeada, abusada y muerta por asfixia.

Tras el primer juicio que culminó en 2017, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 condenó a prisión perpetua a Hugo Bermúdez y Leonardo Jara por privación ilegal de la libertad seguida de muerte, y a cuatro años a Fabián Gómez, por partícipe secundario. Trece años después, en marzo de 2024, se realizó el segundo juicio contra el narcotraficante Miguel Angel “Mameluco” Villalba como autor intelectual, y contra el ex policía bonaerense Sergio Fabián Chazarreta, el soplón Héctor “Topo” Moreira y el carpintero Néstor Ramón Altamirano-que fue sobreseído-, como coautores del crimen. En su veredicto, el Tribunal Oral Criminal N° 6 de Morón absolvió a todos los imputados tras considerar que la instrucción de la causa estaba compuesta por falsedades y errores que impedían llegar a la verdad, “un entramado putrefacto”, detallaron, que involucraba a altos mandos policiales “y gente de mal vivir”.

La Comisión especial de legisladorxs bonaerenses, de “Acompañamiento para el esclarecimiento del asesinato”, debió reconstruir el trayecto de la investigación, porque el expediente judicial era “caótico en su presentación”. En el informe que se presentó al entonces vicegobernador Gabriel Mariotto, la Comisión alertaba sobre connivencia policial con facciones del narcotráfico, enmascarada por un comité de crisis para desviar la investigación del territorio: mientras a Candela la mantenían secuestrada en San Martín, el escenario central de la búsqueda fue Hurlingham. Se la buscó donde no estaba.

“Las acciones policiales estuvieron enderezadas principalmente al encubrimiento de los autores y de los móviles del asesinato”, subrayaba el informe. “Según la información relevada por esta Comisión, la policía tuvo conocimiento del contexto en el que se había producido la desaparición de la niña, y ese contexto no es otro que el narcotráfico y la modalidad de narco-secuestros, negocio ilegal del que también forma parte un sector de la policía.”

Meses antes de la sentencia de 2024 y en un giro inesperado Carola Labrador, acompañada por sus abogados Fernando Burlando y Fabián Améndola, renunció a la querella. “Durante todo este calvario hemos tenido que soportar, como si fuera un peso extra a la cruz que cargamos, la actitud de los fiscales que, lejos de darnos esperanzas de hallar justicia, lo único que han hecho es sumirnos en la oscuridad y producirnos todavía aún más dolor, dirigiendo sus embates contra nuestra familia”, argumentó en una carta al tribunal.

“Su actitud inquisidora, sus elucubraciones, su voluntad para echar sospechas sobre una familia desgarrada y devastada por el dolor, han sido en todo este proceso actos verdaderamente canallescos que solo hemos soportado para no demorar el proceso de Justicia y castigo con los asesinos de Candela. Este accionar denigrante se repite nuevamente en este debate, tal como en el anterior, donde del mismo modo que aquí, han ensuciado a mi familia.”

La desaparición y femicidio de Candela tuvo desde el primer momento una espectacularización institucional y mediática centradas en su condición social y la de su entorno, en supuestos vínculos de su madre, y en la condena que cumplía su padre, Alfredo Rodríguez, por piratería del asfalto. Incluso, la cúpula policial permitió la participación de una médium que, con un péndulo, localizaría a la niña, y algunos medios comenzaron a preguntarse sobre su sexualidad.

El hallazgo del cuerpo en una escena liberada fue una extensión también de todas las violencias que sufrió Candela durante su cautiverio, en los códigos de un patriarcado narco-policial mafioso y extorsivo que controló y dispuso de cada centímetro de su piel.

“La exhibición del cuerpo puede ser interpretada como un mensaje mafioso-político en el contexto de internas policiales por el control territorial y la disputa por la conducción de la policía”, advertía el documento de la Comisión. “En casos similares, el denominador común suele ser que los autores se deshagan del cuerpo. Creemos que la intención aquí fue exhibirlo en el territorio más controlado por la policía en aquellas horas.”

En “La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez”, la antropóloga Rita Segato desentraña que “la lengua del feminicidio utiliza el significante cuerpo femenino para indicar la posición de lo que puede ser sacrificado en aras de un bien mayor, de un bien colectivo, como es la constitución de una fratria mafiosa”. El basural donde arrojaron a Candela facilitó la exhibición obscena, invadida por multitud de funcionarios policiales y políticos, incluido el ex gobernador Daniel Scioli. Peritos de renombre sostuvieron que parecía una “manada de elefantes” pisoteándolo todo. El caos como estrategia de disciplinamiento de la escena y revictimización de Candela, para volver a castigarla con impunidad. “El poder está aquí, condicionado a una muestra pública dramatizada a menudo en un acto predatorio del cuerpo femenino”, esclarece Segato, una vez más.