Los jueces ignoraron la conclusión de los peritos sobre Etchecolatz
“No es un incurable terminal”
Al dictar la detención domiciliaria del represor, el TOF 6 de La Plata citó parcialmente el último informe de los peritos médicos, pero omitió las conclusiones, que se pronunciaban contra la salida de Etchecolatz de la cárcel. Los expertos presentarán una queja.
Para los médicos, Miguel Etchecolatz podía ser atendido en el Hospital Penal de Ezeiza.Para los médicos, Miguel Etchecolatz podía ser atendido en el Hospital Penal de Ezeiza.Para los médicos, Miguel Etchecolatz podía ser atendido en el Hospital Penal de Ezeiza.Para los médicos, Miguel Etchecolatz podía ser atendido en el Hospital Penal de Ezeiza.Para los médicos, Miguel Etchecolatz podía ser atendido en el Hospital Penal de Ezeiza.
Para los médicos, Miguel Etchecolatz podía ser atendido en el Hospital Penal de Ezeiza. 

El tribunal que envió a Miguel Osvaldo Etchecolatz a su casa ignoró las conclusiones de los peritos médicos, que habían determinado que el genocida debía permanecer en prisión, y mencionó en su fallo partes del informe sacadas de contexto. PáginaI12 pudo saber que esto motivará una nota de queja ante el TOF 6 de La Plata de los expertos de la fiscalía, que indicaron que en toda su carrera “jamás habían visto una actitud” como la que tuvieron los jueces Fernando Canero, Julio Panelo y José Martínez Sobrino. De hecho, en su último informe médico de este año, los peritos se pronunciaron contra el intento de Etchecolatz de obtener el arresto domiciliario en virtud de la llamada ley del 2x1. “Es un paciente de avanzada edad, tiene trastornos neurológicos que alteran la estabilidad, hipertenso, no requiere internación, es autovalido parcial y no es un incurable terminal por eso no se comprendería dentro del artículo 32”, consta en el acta elaborada ante el TOF 1 de La Plata, la fiscalía especializada en delitos de lesa humanidad y los peritos médicos de las partes. 

“Cuando se habla de pronóstico reservado se refiere al tipo de enfermedad y al pronóstico de la misma, y en este caso no hay enfermedades graves para que el pronóstico sea reservado, puede tener una descompensación por muerte súbita, como cualquiera de los que están en la sala, pero está en un lugar donde la asistencia sería temprana”, explicaron los especialistas en otro tramo del texto al que accedió PáginaI12 a través de fuentes judiciales. 

A preguntas del tribunal sobre si la edad aumenta el riesgo de muerte súbita, los médicos precisaron que “el paciente tiene un holter”, y destacaron que “sobre la situación de alto riesgo, o las eventuales situaciones que podrían desencadenar un cuadro de muerte súbita, si sufriera tal episodio estaría mucho mejor atendido en el HPC” (Hospital Penal de Ezeiza). 

De esa audiencia participaron, además de los jueces Germán Castelli y Alejandro Esmoris, los fiscales de la unidad Marcelo Molina y Hernán Shapiro, los peritos de parte Marcelo Raposeira y Claudio Capuano, de la defensa y del Cuerpo Médico Forense Norma Miotto.

En su fallo del miércoles, el TOF 6 enumeró las afecciones de Etchecolatz descriptas por los doctores Raposeira y Capuano, pero omitió las conclusiones a las que llegaron en su informe. “Se encuentra en silla de ruedas con sonda vesical permanente, presentando las afecciones clínicas de evolución crónica e irreversible, deterioro cognitivo a dominio mnésico, extrapiramidalismo con temblor en miembros superiores a dominio derecho, hipertensión arterial, trastorno neurológico que altera la estabilidad y la marcha y trastornos prostáticos que comprometen la micción”, afirmaron. Sin embargo, fueron muy claros en que este cuadro no implica una enfermedad terminal y en que no están dadas las condiciones que establece el Código Penal en su artículo 32 para conceder a los presos el beneficio del arresto domiciliario.

En otro tramo del fallo, los jueces del Tribunal Oral Federal 6 citaron a sus pares del TOF 1 que, a su vez, mencionaban a Raposeira y Capuano, de nuevo, fuera de contexto. “Tengo presentes las observaciones de los doctores Capuano y Raposeiras, que conforme sus conocimientos y experiencia, explicaron que los hospitales públicos suelen carecer de un número adecuado de enfermeras. Ello, a mi juicio, no es aceptable en el caso, en tanto Etchecolatz está privado de su libertad y el Estado debe cumplir con sus compromisos para asegurar condiciones de alojamiento dignos”. Castelli y Esmoris utilizaron una verdad indubitable para arribar a otra, pero el caso es que ambos médicos habían dejado por escrito que el HPC de Ezeiza está en perfectas condiciones y hasta es mejor para la salud del represor que estar en su casa en el bosque Peralta Ramos de Mar del Plata. “La atención médica del HPC en base a condiciones de interacción,  alojamiento y traslado cuenta con 55 enfermeros, hay consultorios de cardiología y neurología, tiene una shock room completo con aparatología acorde, cuenta con unidad intensiva móvil y dos unidades de traslados (…) En el HPC la atención médica es inmediata mientras que, en la casa, la posibilidad de atención temprana es menor”, destacó Capuano en los párrafos que la Justicia omitió considerar.

Por su parte, José Francos, del hospital de Ezeiza había determinado que Etchecolatz padeció estando preso “cuatro episodios de infección que pudieron haberlo matado, y fue muy bien asistido”, a lo cual Capuano agregó que “la atención allí desde el punto de vista médico es inmejorable”. Francos había coincidido con sus colegas en que el paciente de 88 años no es terminal y es “autónomo parcial”. 

En tanto, Raposeira dijo que “en oportunidad de la huelga de hambre de fin del año pasado constató en el penal que la tecnología con la que cuenta es adecuada, en aquel momento el paciente estaba lúcido, consciente de sus actos, firmaba ‘prisionero de guerra’, sabe su situación jurídica, es plenamente consciente, es un anciano con dificultad para la movilidad que se baña solo, se viste, come, no podría ir a un supermercado, del living al baño y de allí al dormitorio, más de ello no podría moverse. No tiene patologías que puedan derivar en muerte súbita, aunque es más frecuente el óbito de un paciente de ochenta años que de uno de cincuenta, aspecto que es biológico. No registra otras patologías”.

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