Dark y el eterno retorno de Nietzsche
Hoy es el mañana de ayer
La serie alemana de Netflix propone misterio, ciencia ficción y filosofía con un arte ejemplar y una trama inquietante que no para de implantar preguntas.

¿Qué puede salir de un gran guión, una musicalización y una ambientación notables, un casting a medida, una fotografía superior y unas preguntas ético-filosóficas que dejan pensando después de cada capítulo? ¡Claramente una serie espectacular! “El ayer, el hoy y el mañana no se suceden, sino que están conectados en un ciclo infinito”, reza el tráiler de Dark. La primera producción alemana para Netflix, creada por Jantje Friese y Baran bo Odar y estrenada en diciembre, ya está causando furor y sumando nuevos fanáticos.

Situada en Winden, un pequeño pueblo rodeado de grandes bosques, con adolescentes como protagonistas, uno de ellos perdido, y una posible industria malévola a la vista: todo parece muy Stranger Things. Y como le pasó a The OA el verano pasado, todos buscan las huellas de la del Demogorgon. Pero no. Ni cerca. Dark propone un mundo distinto, de ciencia ficción y misterio, con escenas asfixiantes y la constante sensación de tensión y suspenso necesarias para tener al espectador en la punta del sillón.

Jonas, un conflictuado adolescente de campera amarilla, es el personaje principal de una trama que se torna compleja con la desaparición de un joven. La cosa se pone peor porque Mikkel, hermano de uno de los amigos de Jonas, se pierde en una cueva después de escuchar ruidos extraños. A partir de eso, se pone todavía más compleja: “No es el dónde, sino el cuándo”. Sería interesante pensar qué pasaría si, como explica Nietzsche cuando habla del eterno retorno, algunos momentos fueran a repetirse. ¿Sería un retorno cambiado o uno idéntico? O para pensarlo de otra manera: ¿vivimos en un solo tiempo?

Misterios sobran durante el desarrollo de la primera temporada, entre repentinas desapariciones, la repetida y claustrofóbica habitación de empapelado celeste, quién (o qué) es ese tal Noah, la gran cantidad de personajes y el desarrollo de cada uno en distintos planos temporales, incluso la lluvia constante que cae sobre Winden y la falta de paraguas en sus protagonistas como cita obligada.

Más allá de los aspectos técnicos y estéticos ya destacados, resulta interesante pensarla filosóficamente, y de hecho Nietzsche suele ser referencia en la trama. Como sociedad occidental y capitalista, vivimos un tiempo meramente lineal, cronológico. Nuestra vida son episodios que van ocurriendo uno tras otro en una continuidad ininterrumpida de tiempo que incluye pasado, presente y futuro. ¿Pero es la única forma de entender el tiempo? La noción del eterno retorno de Nietzsche plantea así un rechazo al “tiempo lineal” para ir en busca de un tiempo circular, sin comienzo ni fin. Dark le escapa al tiempo de los relojes y que plantea una nueva forma de concebirlo.

Y pese a que algunos misterios de la serie quedan inconclusos, la sólida historia no permite enojos ante un final abierto. De hecho, alimenta la sed de oscuridad para la próxima temporada con la premisa de siempre: “No sólo el pasado influye al futuro, sino que el futuro también actúa sobre el pasado”.