Fragilidad política de la globalización
Toque de alarma para América latina

Durante las últimas décadas, mientras una corriente hegemónica del pensamiento económico tendió a enfatizar los beneficios económicos de la globalización para el conjunto de la población, otros economistas fueron planteando su preocupación frente a sus efectos distributivos. Tanto Dani Rodrik (Has Globalization Gone Too Far? ) como Joseph Stiglitz (El malestar de la globalización) fueron advirtiendo sobre un hecho que hoy se convirtió en realidad: llevar adelante un proceso de globalización, al margen de instituciones que puedan regular y legitimar el rol de los mercados, no solo no nos permitiría avanzar hacia un proceso de integración social sino que generaría una tremenda grieta dentro de cada una de las sociedades. Es que un avance desmedido de ese tipo de globalización tendería a exacerbar los problemas de distribución y a profundizar las divisiones sociales

Acontecimientos recientes como el Brexit, la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, o el rechazo al referéndum en Italia revelan, precisamente, un proceso de hostilidad creciente ante esta globalización. La interpretación de algunos economistas neoliberales es que, en realidad, la gente está mejor con la globalización pero no lo sabe

En cambio, Rodrik, atribuye una clara responsabilidad, entre otros, a la corriente más ortodoxa de los economistas por ensalzar demasiado las virtudes de la globalización desconociendo el peso de las fallas de mercado. La imperfección de los mercados de crédito, la estrategia de ciertos  monopolios o la existencia de muy bajas retribuciones salariales en distintos países tienden a impactar en forma negativa a un conjunto muy grande de la población frente a una situación de libre comercio.

Acuerdos como el NAFTA o la entrada de China a la OMC fue deteriorando la situación de sectores menos calificados en países como Estados Unidos. Se fue así generando una división entre aquellos que tienen los conocimientos para aprovechar la globalización y los que no los tienen, es decir una situación de crecientes niveles de desigualdad que potenciaron a los efectos provocados por los cambios tecnológicos.

Esta subestimación de la fragilidad política resultante del proceso de globalización, junto a los problemas vinculados a la inmigración y a las pobres respuestas brindadas por los partidos socialdemócratas en los países del Norte, ha llevado a la emergencia de posturas nacionalistas y racistas.  Esto explica porque el desafío político frente a la globalización no proviene de sectores de izquierda sino que está siendo liderado por políticos como Trump o Le Pen. 

Frente a lo que se presenta como un vacío intelectual frente a la realidad actual por parte de amplios sectores políticos, cabe destacar la aparición de nuevas advertencias y propuestas de políticas, como las generadas por Thomas Piketty y Tony Atkinson, o a las vinculadas a reformas globales del sistema planteadas por Stiglitz. Lo que distingue a estas últimas alternativas es que, lejos de profundizar las divisiones de la sociedad, se proponen, desde una perspectiva de inclusión social, replantear un balanceo entre la globalización y las autonomías nacionales. Estas propuestas no pueden ser ignoradas y deben ser materia de una profunda discusión para definir las estrategias económicas que deben plantearse hoy los países de América latina frente a los dramáticos cambios que están teniendo lugar en la escena internacional.

* Docente e investigadora. Facultad de Ciencias Económicas UBA.