ALBUMINA
Ese caparazón, la pilcha…

A su manifestación cúlmine lleva la artista Libby Rose Oliver el dicho que pondera “la vestimenta hace a la persona”. Lo hace en SoftShells (en español, “Suaves Caparazones”), serie donde esta fotógrafa de Victoria, Canadá, retrata a gente de 4 a 88 años envuelta de pies a cabeza con todas y cada una de las prendas que tiene en su respectivo armario. Cada media, sombrero, camiseta de fútbol, jean, cinturón se convierte en insólito capullo para variopintos modelos que desaparecen dentro de cápsulas de poliéster, cuero, lana, algodón, apenas dejando entrever un brazo, una boca, una mano…   “¿Cuánto podés saber de ellos a partir de sus objetos?”, interroga Oliver, y ensaya una respuesta: “Algo, seguramente. La ropa, después de todo, es una elección personal que permite suponer cómo quieren representar estas personas a su género o a su cultura. Así y todo, ¿cuánto realmente sabemos de quienes están allí abajo, enterrados en sus montañitas de pilcha?”.

“Este proyecto es una exploración sobre la identidad, no acerca de los hábitos de compra”, aclara la joven muchacha al ser interrogada sobre otro subyacente mensaje (sí, sí, el del consumismo), y agrega cómo “día a día las personas tienen la oportunidad de expresar quiénes son ante el mundo a través del hábito más mundano imaginable: vestirse”. Gesto que, a decir de la artista, “da pistas sobre nuestra cultura, estatus, clase social, filiación religiosa, ocupación, etcétera, conectándonos con nuestra percepción de nosotros mismos y, a la vez, develando a los otros la narrativa identitaria que hemos elegido para representarnos”. Empero, resalta Libby perenne dualidad: “Vestirnos es un ejercicio de autonomía que proyecta nuestra singularidad, pero al mismo tiempo funciona para la aprobación y aceptación de nuestro grupo social, deviniendo mecanismo de vigilancia y categorización social”. Contradicción evidente (vastamente analizada, por otra parte), que la muchacha canadiense manifiesta en estos capullos que envuelven cálidamente, sí, pero también acaban engullendo a sus retratados. 

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