Festival Internacional de Música Independiente de Necochea
Encuentro autogestivo con vista al mar
Daniel Drexler, Rosario Bléfari, Pablo Grinjot, Nahuel Briones, Jorge Arias y Mauro Deibe fueron algunos de los músicos que brindaron, desde el viernes hasta anoche, conciertos gratuitos en diferentes espacios de la ciudad costera.
El uruguayo Daniel Drexler logró una notable conexión entre el público y sus canciones.El uruguayo Daniel Drexler logró una notable conexión entre el público y sus canciones.El uruguayo Daniel Drexler logró una notable conexión entre el público y sus canciones.El uruguayo Daniel Drexler logró una notable conexión entre el público y sus canciones.El uruguayo Daniel Drexler logró una notable conexión entre el público y sus canciones.
El uruguayo Daniel Drexler logró una notable conexión entre el público y sus canciones. 
Imagen: Gentileza Hernán Galbiati

Desde Necochea

Hay una relación directa entre la creación artística y el escenario geográfico y cultural. A 500 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, la localidad balnearia de Necochea parece reunir las condiciones propicias para la comunión y la inspiración musical: un paisaje natural imponente y un rico desarrollo urbano. “Necochea está cubierta de dos aguas: la dulce del Río Quequén y la salada del mar. Y también aparece el paisaje pampeano, de la tierra adentro, que permite otro tipo de conexión. Ver el horizonte te da mucha perspectiva hacia adentro, una profundidad que te permite trabajar en lo que uno es”, ensaya una respuesta el cantautor necochense Jorge Arias sobre la incidencia del entorno en la música. Una geografía amigable no solo para quienes la habitan todo el año, sino para aquellos que la visitan y se dejan atravesar por su impronta. Es en este lugar donde se lleva a cabo desde hace cuatro años el Festival Internacional de Música Independiente de Necochea, que reúne a músicos de la región que brindan conciertos gratuitos en diferentes espacios de la ciudad (desde un centro cultural a un bar a orillas del mar), propicia un intercambio y una convivencia entre ellos, y realiza un aporte valioso para la construcción de un público y una escena en la ciudad costera. Organizado por la Agrupación Indiegesta, integrada por amantes de la música que no provienen del mundillo de la industria musical, el festival intenta retratar la música que está sonando hoy y que no tiene circulación masiva.

El festival comenzó el viernes con la proyección de Charco: canciones del Río de la Plata, un documental ideado por el ingeniero de sonido Andrés Mayo y dirigido por Julián Chalde, que descifra algunas claves de la canción de esta parte del mundo. “No hacemos la música que nos gusta, hacemos la música de la que estamos hechos”, analiza el músico Alejandro Terán en una parte de la película. Autores uruguayos como Fernando Cabrera, Jorge Drexler, Ana Prada, Mandrake Wolf y argentinos como Fito Páez, Palo Pandolfo, Gustavo Santaolalla, Vera Spinetta y Sofía Viola protagonizan una historia que se sigue escribiendo más allá de la pantalla. Una canción con raíces múltiples y en constante movimiento.

El primer concierto estuvo a cargo del cantautor Pablo Grinjot, quien abriò con las canciones de su nuevo disco, La dueña de mi poesía, y luego recorrió lo mejor de su repertorio, como “Gracias”. Pero lo más interesante fue el clima que se generó en la sala: el compositor y pianista tocó con la guitarra criolla desenchufada y sin micrófonos. En medio de un silencio conmovedor, hizo “Maniquí” y “Casas círculos” y luego se fueron sumando algunos amigos: Darío Jalfin al piano, y el brasileño Zelito Ramos Souza y Pedro Kracht en guitarras. “Por suerte no hay acoples”, bromeó Grinjot y cerró con “Inconsciente colectivo” de Serú Girán.

En otro plan, el músico Nahuel Briones propuso en la segunda noche un set rockero y encendido, pero solo con una guitarra eléctrica. Briones es sin dudas un performer cautivante y un hacedor de canciones imposibles de no cantar. “Sailor Moon”, de su disco nuevo Guerrara/Soldado, fue la primera en sonar y el estribillo desató euforia y pogo: “Quiero que seas feliz, sé libre, sé lo que quieras, menos policía”. En primera fila, un pibito de no más de seis años no paraba de cantar las canciones. “Decí que no quiero tener hijos, sino te adoptaría”, le dijo Briones, con su acidez característica, antes de “Garantizame” y “No todo es color de Rosa”. Un rato antes, Jorge Arias adelantó en banda las canciones que formarán parte de un disco que saldrá en marzo, El corazón y el perro: un recorrido sobre el amor a partir de piezas profundas como el “Marinera” y “La casa y las cosas”, bañadas con aires de milonga y fuentes urbanas. El también necochense Mauro Deibe, por su parte, hizo recordar a Palo Pandolfo por su canto salido de las entrañas.

Otro momento destacado fue la presentación del uruguayo Daniel Drexler, que logró una conexión preciosa entre el público y sus canciones. Un repertorio que transitó varios candombes, como “2021” y “Palermitana”, que integra el reciente disco Uno (2017), y un conmovedor vals criollo dedicado a sus hijas. La primera en sonar, “Febril remanso”, es una especie de manifiesto personal que proponer vivir “de poema en poema”. En otra sintonía, Julio y Agosto entregó su propuesta rica en instrumentos acústicos y eléctricos, que visten canciones que pasan de modo natural de la inocencia al humor irreverente. Una banda participativa –no hay líderes– y una química muy aceitada entre ellos. Con un nuevo proyecto en formato trío llamado Jai Yia, Natalia “Poli” Politano (cantante de Sr. Tomate) sorprendió con su crudeza recargada y una oscuridad atrapante. En tanto, ayer, en el cierre del festival, Niños Envueltos apeló a su sensibilidad pop y Rosario Bléfari dejó en el escenario toda su intensidad y experiencia en el under.

En los últimos años –crisis de la industria musical y proliferación de Internet mediante– surgieron festivales autogestionados que cumplen un papel fundamental para el desarrollo de la música emergente. Experiencias que articulan escenas a partir de un trato más cercano con los artistas y los públicos. Casos como el Encuentro de Cantautores de Alta Gracia (Córdoba), el Festival Serenedas (La Paloma, Uruguay) y el festival necochense dialogan entre sí, se retroalimentan y van conformando una red que se sostiene de manera natural. “Creo que la palabra festival en muchos aspectos es un reduccionismo. Hay festivales donde uno solamente va y toca”, sostiene Daniel Drexler. Y se explaya: “Pero este tipo de espacios son más bien encuentros que tienen una parte de exposición al público, pero otra que está abajo, como el 90 por ciento de un iceberg, que nos emparenta mucho. En cierta medida, estamos tendiendo una especie de trama de encuentros en la región que tienen un sello de fábrica: gente que se junta a pasar unos días, a tocar y a pasarla bien. A veces el ambiente político se pone jodido y decidimos construir una especie de realidad paralela donde vivimos de la forma que nos gusta. O sea, tratamos de vivir la vida en una dimensión poética y creativa”.

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