Opinión
La emoción de los CEO

El anuncio del cierre de 39 escuelas rurales y 8 escuelas del Delta por parte del gobierno de la Provincia de Buenos Aires contrasta con el discurso escasamente veraz de la gobernadora en el cual promete abrir nuevas aulas en cantidad y lugares inciertos. Recordemos que las escuelas nuevas prometidas en campaña por Cambiemos (ninguneando las más de 1800 construidas por el gobierno kirchnerista) fueron con toda naturalidad reemplazadas en su discurso por nuevas aulas. En la mentalidad de quienes nos gobiernan, la varias veces centenaria institución escolar sólo tiene inscripción como posible empresa comercial. La escuela, los alumnos y los maestros constituyen una escena que no tiene para ellos ningún calor social, político ni cultural. Es imposible que les conmueva el trabajo de las escuelitas rurales, a las que llegan niños y adultos desde lugares distantes, y menos aún que entiendan un principio emblemático de la educación argentina como es que las escuelas convoquen a los potenciales alumnos y que el Estado se responsabilice de que no quede uno solo de ellos sin la posibilidad de acceder a la enseñanza. En el Delta hay una tradición y una cultura de las escuelitas, entre las cuales está la que fundó Sarmiento. Los chicos llegan en una lancha que los va recogiendo. Durante el gobierno bonaerense de Felipe Solá se logró mejorar significativamente ese servicio, lo que se sumó a la mejora de los establecimientos realizada por los planes nacionales y provinciales. En contraste, las consecuencias del cierre anunciado por el gobierno de Vidal serán profundamente negativas: al disminuir los establecimientos, muchos niños tendrán que viajar hasta 8 o 10 horas por día para concurrir a clase, y muchos abandonarán la escolaridad. En cuanto a la alfabetización y capacitación técnico-profesional para jóvenes y adultos en zonas isleñas, que también había avanzado, no tienen el más remoto interés para el gobierno. Los pobladores isleños, los nativos y los que han elegido el Delta como opción de vida pertenecen al incomprensible mundo de afuera del muro de los countries para ricos, donde funcionan escuelas para los privilegiados hijos de sus propietarios. ¿Qué emoción puede producir a sus CEOs la bandera celeste y blanca flameando en una escuelita a la que concurre un puñado de chicos argentinos? Cerrar escuelas isleñas y rurales es uno de los gestos más despectivos hacia la sociedad de este helado gobierno. 

* Pedagoga, ex diputada por el FpV. Ex directora general de Escuelas bonaerense.

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