Humberto Costantini
El norte es el sur
Especializado en los vínculos entre literatura argentina y exilio, Hernán Fontanet abordó en Al sur de casi todo la obra de Humberto Costantini, escritor marcado a fuego por dicha experiencia, pero también preocupado por los temas específicos del oficio de escribir.

El trashumante, el exiliado, el escritor que vendió más de un millón de ejemplares del libro De dioses, hombrecitos y policías en la ex Unión Soviética, el veterinario, el escritor que integró una Lista para disputar la conducción de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) junto a sus colegas Juan José Manauta, Marcos Silber, Lubrano Zas. Todo eso y muchas más batallas llevaba al hombro Humberto Costantini. Autor de obras de teatro, libros de cuentos y poemas, novelas como La larga noche de Francisco Sanctis que fue llevada al cine en 2016 por los directores Francisco Márquez y Andrea Testa con notable éxito por parte de la crítica y el público; el hombre que también se atrevió a escribir para chicos Una pipa larga, larga con cabeza de jabalí. El que contó con precisión matemática que pasó siete años, siete meses y siete días de exilio, con sus libros traducidos en Noruega, Estados Unidos e Israel. Humberto Costantini, su modo de trabajar la escritura y atravesar la vida es el objeto de estudio de Hernán Fontanet. Fontanet, licenciado en Letras y ensayista especializado en temas de literatura argentina y exilio, se sumerge en  su universo literario y epistolar que abarcó también debates, polémicas que se daban entre los escritores que permanecieron en el país durante la dictadura y los que tuvieron que marchar al exilio. Marca también una época, un contexto diferente al actual donde revistas y publicaciones (El grillo de papel, Poesía Buenos Aires, El lagrimal trifurca, El escarabajo de oro, entre otros) daba cuenta de una ebullición cultural y una serie de polémicas estéticas e ideológicas que marcaron a tinta y fuego los años fines de la década del 60 y los 70. “Uno no debe tomar en broma a la distancia, dicen, / dicen que la distancia es un cuchillo” escribió en su libro de poemas Cuestiones con la vida, y en esos versos están encerradas y abiertas a la vez todas sus preocupaciones. 

Sus notas y testimonios sobre los asesinatos en Trelew en 1972, la minuciosa información sobre los hechos previos al golpe del 76, su amistad y militancia compartida con Haroldo Conti precipitaron la urgencia por buscar fronteras afuera, en su caso México, un lugar donde preservar su vida y desarrollar su oficio. Es notable verificar cómo en esos años se adelanta al rol de los medios de comunicación que ocultaban los hechos más luctuosos. “El alud informativo confunde con el objeto de trivializar la barbarie” escribió Costantini al mismo tiempo que vive su ausencia de Buenos Aires como una catástrofe y, sin embargo, no se paraliza frente a las nuevas costumbres y culturas, edifica en clave estética y confesional sus libros con fuerte base en la nostalgia pero siempre frente a la máquina de escribir, siempre al tanto de la falta de su entorno, de sus amigos. En esos momentos cruciales convierte su ausencia del país en poner la energía en cada género literario que abordó, como una fuerza del deseo como un motor que nunca se detuvo en tierras extrañas que compartió con sus amigos y colegas Pedro Orgambide, Jorge Boccanera y Luis Bruschtein quien da testimonio de su orgullo por haber participado en uno de sus talleres de narrativa. Acierta Horacio González –a cargo de un prólogo de Al sur de casi todo– cuando apunta que nadie sabe muy bien lo que es el recuerdo pero lo que hizo Cacho Costantini con la escritura comienza a valorarse y a contextualizar en estos años. “El estudio de Hernán Fontanet sobre la vida y la obra de Humberto Costantini es un refresco que la nostalgia le propone a nuestro agrio presente”, escribe González en su prólogo. 

Fontanet se detiene en cada etapa que le tocó atravesar, su narrativa y su poética reflejan en los últimos tiempos de su estadía en México el lento oscurecimiento de su voz y sus tonos lejos de las baldosas de calle Nazca, la Plaza Devoto y su barrio Villa Pueyrredón, que compartió con el propio González. La vuelta al país en 1984 marca otro de los hitos que lo modificó y a la vez lo preocupó. Argentina ya no era la misma que él dejó, los trabajos escaseaban y gran parte de su obra se publicó de manera póstuma. Este libro viene a poner el foco en un hombre que apeló con argumentos, fraseos y humor de entender lo que dejaba atrás y construir a fuerza de trabajo toda la literatura por delante.

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