En el país donde todo sube pero la inflación baja, y donde los tarifazos ya ponen a la propia clase media entre pagar la luz y el gas o los tipos de comida, contin
Este es uno de esos momentos en que se complica demasiado regular con equilibrio el asco general que se siente en lo presumible como el grueso mayor de la sociedad
Una serie de frases y hechos, en apariencia desconectados, confirmaron esta semana el grado de alineamientos y descomposición que vive la política argentina.
Semeja que todo está dicho en materia de parecerse a los ’90. Es la comidilla de estos días, Yuyito González incluida.
Es cierto que la semana transcurrida podría calificarse como otra de las peores del Gobierno, si fuera por la casi totalidad de los indicadores económicos.
El helado Pacto de Mayo que se firmó en julio, en la Tucumán cuyo gobernador saltó del peronismo al mileísmo con una desvergüenza que siempre debe dar lugar al aso
Como nunca desde diciembre último, el clima político se asentó en que el Gobierno ya no tiene respuestas convincentes.
Es obvio que, formalmente, la gran noticia de la semana es que al Gobierno se le acabaron las excusas políticas.
El Gobierno marcharía inexorablemente a un choque de planetas entre Caputo Toto y Federico Sturzenegger.
A pesar de todo lo que se lee y escucha desde que el Gobierno consiguió que el Senado apruebe la Ley Bases, conviene acercar la mirada sobre lo que realmente cambia con ese paso legislativo. El panorama que aparece es bien distinto a lo que se pregona.