Jue 13.05.2004

CONTRATAPA

Tratos

› Por Juan Gelman

Bin Laden siempre oportuno. Cada vez que W. Bush se encuentra en apuros graves, el ex agente de la CIA reaparece. Ocurrió en noviembre del 2002, cuando EE.UU. procuraba el apoyo de naciones europeas decisivas y aun de la ONU para invadir a Irak. Por el canal de TV Al Jazeera se escuchó entonces una grabación en que la voz del terrorista millonario, después de un año de silencio, anunciaba próximos y terribles atentados en Gran Bretaña, Francia, Canadá, Alemania, Italia y Australia. Esto permitió a la Casa Blanca acentuar las exhortaciones dirigidas a esos y otros países para que se unieran a su empresa. Un grupo de Al Qaida difunde ahora un video que muestra la decapitación del empresario norteamericano Nick Berg a manos de Abu Musab al Zarqawi, el segundo de Bin Laden, cuando el escándalo de las torturas, los tratos crueles y las humillaciones sexuales propinados a los iraquíes presos en Abu Ghraib sube de temperatura. La cabeza decapitada de Nick Berg frente a la cámara es un espectáculo horrible. Quién sabe si logrará aplacar la indignación mundial que provocaron las fotos tomadas en la prisión iraquí. La Unicef expresó alarma por las versiones de que incluso niños fueron violados –y fotografiados– por policías militares, mercenarios y oficiales de inteligencia de EE.UU.
El general de origen filipino Antonio Taguba es autor de un informe de 6000 páginas sobre las actividades de la 800ª Brigada de Policía Militar en Abu Ghraib, cuyo resumen trascendió a los medios. En su comparecencia del martes 11-5 ante el Senado, el general insistió en que la investigación que le fue ordenada se limitaba principalmente a los operativos de detención de iraquíes y no a los métodos que se aplican en esa prisión con el fin de quebrar a los prisioneros antes de interrogarlos. El general Taguba, de quien se esperaban declaraciones sensacionales, poco agregó a lo que se sabía ya, defendió las afirmaciones del gobierno Bush –los culpables son unos pocos– y no encontró que la inteligencia militar les hubiera ordenado torturar. Quien puso sal a la audiencia fue su inopinado acompañante civil, Stephan Cambone, subsecretario de inteligencia del Pentágono y hombre de completa confianza de su jefe, Donald Rumsfeld. Tanto es así que ejerce la facultad de convocar reuniones bisemanales de supervisión a las que asisten los altos jefes militares que encabezan los organismos de seguridad nacional, de inteligencia de Defensa y de inteligencia geoespacial, quienes en teoría deberían informar directamente a Rumsfeld y al director de la CIA, George Tenet, no a Cambone.
Ante las preguntas implacables del presidente del comité senatorial de fuerzas armadas, el demócrata Carl Levin, Cambone reconoció que existe una lista de “técnicas de interrogatorio aprobadas” que maneja el alto mando de las tropas estadounidenses en Irak. Levin inquirió si forma parte de la doctrina de las fuerzas armadas coaccionar a prisioneros de guerra. “¿Conoce usted esas 50 técnicas?”, demandó el senador. Cambone: “Existen, como dije en mi declaración inicial, en la doctrina de las fuerzas armadas, sí, señor”. Levin: “¿Son 50 esas técnicas?”. Cambone: “No sé si son 50, señor, Pero hay una...”. Levin: “¿Pero incluye actos de coacción?”. Cambone: “Creo que sí...”. El senador leyó entonces en voz alta un anexo –todavía no público– del informe del general Tabuga que contiene una orden presumiblemente del general Ricardo Sánchez, jefe de las tropas yanquis ocupantes: prescribe que el oficial a cargo de los interrogatorios de prisioneros debe solicitar la aprobación del general al mando para usar métodos como la privación del sueño, el aislamiento por más de 30 días y los perros. Levin: “¿Sabía usted que esas técnicas de interrogatorio se aplican en Irak?”. Cambone: “No, señor. Esa lista (de técnicas), tanto en sus detalles como en las excepciones previstas, es aprobada a nivel de comando en el teatro (de operaciones)”. El 19 de octubre de 2003 –reveló el periodista Mark Rothschild–, el general Sánchez firmó la orden que aprueba el uso de perros y de otros “métodos de ablande”.
La pirámide de responsables de las torturas en Abu Ghraib y demás prisiones estadounidenses en Irak, Afganistán, etc., no se detiene ahí. Interrogado por el senador Ted Kennedy, Cambone admitió que su jefe, el jefe del Pentágono Donald Rumsfeld en persona, se atiene a su propia lista de “técnicas de interrogatorio aprobadas”: establece, eso sí, que cuando los oficiales de inteligencia en Guantánamo quieren aplicar métodos más duros que los ya duros permitidos, deben pedir permiso al secretario de Defensa mismo. La Cruz Roja Internacional proporcionó a W. Bush y a Tony Blair un informe confidencial sobre la situación de los prisioneros en Irak en que se dice que los oficiales de inteligencia militar que actúan sobre el terreno sostienen que “del 70 al 90 por ciento de los detenidos iraquíes fueron ‘arrestados por error’” (The Financial Times, 10-5-04). Qué más da. Para la Casa Blanca, buena parte de la clase política y de la opinión pública norteamericanas, y desde luego para los altos mandos militares, todos o casi todos los iraquíes son terroristas, seres inferiores y merecen el trato que del invasor reciben.

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