Vie 21.07.2006

EL PAíS

Una ley que pondrá a prueba el equilibrio democrático de poderes

Con un fuerte debate de fondo, Diputados aprobó la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia. El oficialismo logró 139 votos. Para la oposición la norma no cambia la situación actual.

› Por Miguel Jorquera

Con 10 votos más de los 129 necesarios y 82 en contra, el oficialismo convirtió en ley uno de los proyectos más polémicos que trató la Cámara de Diputados este año: la reglamentación parlamentaria de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) que dicta el Poder Ejecutivo. La iniciativa impulsada por Cristina Fernández de Kirchner, crea una comisión bicameral que integrarán ocho legisladores por cada una de las cámaras y que deberá expedirse acerca de la validez de los DNU antes de su tratamiento parlamentario. La oposición cuestionó la falta de un plazo perentorio para el pronunciamiento del Congreso, lo que convalidaría la vigencia del decreto; incluso si alguna de las cámaras no se expidiera o lo hiciera en contra. Los diputados del Frente para la Victoria, del Peronismo Federal, del cordobés Partido Nuevo, radicales de Corrientes y Catamarca y un puñado de independientes votaron a favor del proyecto oficial.

La sesión había sido convocada para las once de la mañana. Una hora más tarde, apenas asomaba un puñado de diputados K en el recinto. Pero el clima distendido hacía presumir que la iniciativa del Gobierno no corría peligro. La oposición comenzaba a agruparse en el Salón de los Pasos Perdidos a la espera de que el oficialismo reuniera su propio quórum. Cerca del mediodía apareció la avalancha de legisladores y Alberto Balestrini abrió la sesión, que llevaría más de siete horas de debate.

Juan Manuel Urtubey tomó la palabra como miembro informante del oficialismo de una forma poco convencional. Anunció que dejaba de lado su discurso para remitirse a la versión taquigráfica del 13 de junio, y citar al presidente de la bancada radical del Senado, Ernesto Sanz, “quien cambió de posición respecto a que esto (la reglamentación de los DNU) era un gran avance institucional”, después que se “transformó en un especie de hecho político mediático”.

El salteño defendió la cantidad de legisladores (ocho senadores y ocho diputados) que integrarán la bicameral. Luego volvió sobre uno de los puntos más controvertidos del proyecto y citó a Hamlet para refutar el argumento de la oposición, que dice que “el silencio del Parlamento” le dará una “convalidación ficta a los decretos”. Shakespeare, alegó el diputado, no asignó un valor al silencio de su personaje.

“En el Día del Amigo propongo una sesión sin intolerancia”, sorprendió el radical Mario Negri, al romper el protocolo. Rápidamente recogió el guante que arrojó Urtubey a su bloque: “Todos hemos cambiado de opinión”, resaltó Negri, para mostrar que radicales y peronistas mutaron su opinión sobre el mismo tema, según estuvieran alineados con el oficialismo o con la oposición. “Es un error muy grave creer que las instituciones pasan a su rol secundario cuando el que gobierna cuenta con la confianza de la sociedad. Eso es muy peligroso. El Presidente un día terminará su mandato, pero las leyes y las instituciones quedan”, sostuvo el radical.

Luego siguió la andanada crítica del resto de los bloques opositores. Adrián Pérez del ARI calificó de “brutal, oportunista y mentiroso” al proyecto llegado desde el Senado que, dijo, “nada cambia la situación actual en la materia”. “Ampara la sanción ficta de leyes, algo prohibido por la misma Constitución. Además rompe con la bicameral al validarse los DNU con el silencio de una de las cámaras del Parlamento”, advirtió. Ya entonces, el oficialismo había optado por no prestarle oídos al repertorio opositor. Sólo había 78 legisladores presentes y 179 ausentes, y hasta Balestrini había dejado la presidencia de la Cámara en manos de Patricia Vaca Narvaja, quien le pasó la posta a Graciela Camaño.

Claudio Lozano, de la CTA fue uno de los más duros. “No estamos discutiendo totalitarismo o democracia, sino no hubiéramos hecho este sainete: quienes antes dejaron pasar por alto problemas importantes ahora realizaron grandes alegatos sobre una crisis institucional profundísima;el oficialismo buscando generar hoy lo que no compartía ayer; o la UCR que habla de avasallar poderes que cuando gobernaban no respetaron”.

Lozano, con espíritu economista, asoció el incremento de los DNU al avance de la concentración de poder económico en pocas manos, desde el regreso a la democracia. Ligó los únicos 10 DNU de Raúl Alfonsín al Plan Austral; los 535 de Carlos Menem a las privatizaciones; la regulación del derecho a huelga y la reducción del gasto público; los 73 de Fernando de la Rúa a la rebaja de los sueldos públicos, el corralito y el corralón; los 158 de Eduardo Duhalde a la devaluación y salvataje a los bancos.

Lo mismo hizo el ex zamorista Carlos Tinnerello; Juan José Alvarez, del peronismo no kirchnerista, se opuso pero justificó ciertas situaciones; en nombre de PRO, Jorge Vanossi votó en contra pero cifró esperanzas en que funcione la bicameral “para ejercer control”.

Mientras seguían los discursos a favor de la propuesta oficial, pasadas las seis de la tarde aparecieron algunos opositores, entre ellos el diputado part-time Mauricio Macri que llegó a la Cámara después de las seis y media. Se acercaba la hora del cierre y la votación mientras los presidentes de los bloques mayoritarios (Fernando Chironi, UCR; José María Díaz Bancalari, Peronismo Federal, y Agustín Rossi, Frente para la Victoria) clausuraban el debate. La votación fue rápida y la bancada oficialista tampoco dio margen para introducir modificaciones de los artículos de la ley que crea la Bicameral Parlamentaria para los DNU.

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