Dom 23.07.2006

EL PAíS  › DESDE MAR DEL PLATA HASTA CORDOBA

Dimensiones

Desde la reunión en Mar del Plata hasta la de Córdoba apenas han pasado ocho meses, que parecen años por el drástico cambio de escenario. El ingreso de Venezuela al Mercosur no sólo modifica la dimensión económica del bloque. También le agrega una nueva dimensión política. La invitación a México y Bolivia para que se sumen, en las condiciones posibles para cada uno, avanza en la misma dirección.

› Por Horacio Verbitsky

Al concluir los discursos faltaba corregir uno de los documentos que acordaron firmar los presidentes del Mercosur y estados asociados. Néstor Kirchner aprovechó la espera para adelantar el traspaso a Lula de la presidencia semestral del bloque. Dijo que lo haría con la mayor informalidad, se levantó de la cabecera y avanzó hacia el asiento del presidente de Brasil, con la tablita y el martillo de madera usados para conducir las deliberaciones. Una vez que se los entregó, ambos se abrazaron e intercambiaron lugares en la mesa, sin mover los letreros indicadores. Lula se sentó detrás del cartel que decía Argentina junto a los ministros Alberto Fernández, Jorge Taiana y Felisa Miceli, y Kirchner en medio de los funcionarios brasileños, cuyas risas despertó al comentar: “Por fin Brasil tiene un presidente democrático”. Esta anécdota refleja el grado de intimidad y confianza alcanzado por los mandatarios de los dos países que constituyen la columna vertebral del acuerdo económico creado hace 15 años y que ahora ha incrementado su magnitud económica con la incorporación de Venezuela y adquirido una llamativa dimensión política. Concretaron así el eje que habían anunciado en la primera visita de Kirchner a Brasil en cuanto asumió la presidencia. También parecen haber superado las diferencias que se mantuvieron latentes entre aquel y este encuentro, que oponían la preferencia argentina por el Mercosur y la brasileña por Sudamérica. Con la voluntad asociativa de México, reiterada el viernes en el más breve de los discursos por su canciller Luis Derbez, Lula y Kirchner comenzaron a dejar atrás incluso los distintos enfoques que explicitaron en el reportaje conjunto que concedieron a este diario el 19 de octubre de 2003: mientras Lula hablaba de América del Sur, Kirchner lo hacía de América Latina. Esta vez ambos invitaron a México a ingresar al bloque. En cualquier caso, la cumbre cordobesa marca el momento de menor influencia en la región de Estados Unidos, cuya agenda levanta espesas volutas de humo en porciones más alejadas y sufrientes del planeta, oportunidad que el Mercosur ampliado no parece dispuesto a desaprovechar.

Esto no quiere decir que no subsistan dificultades. Por el contrario, pocas veces estuvieron tan a la vista, ya sea las que surgen de las asimetrías entre miembros de distinta envergadura cuanto las originadas en diferencias bilaterales; las tensiones debidas al vínculo de algunos de ellos con potencias ajenas a la región o los reacomodamientos de poder interno derivados de la ampliación del bloque, en el que la presencia de Venezuela implica un factor de reequilibrio entre la Argentina y Brasil. Pero desde las palabras iniciales hasta las de clausura, pronunciadas por Kirchner y Lula en dos discursos tan concisos como sustanciosos, esas dificultades fueron asumidas como parte de un proceso largo, difícil y sinuoso pero irreversible y fecundo. Desde las concesiones para retomar los acuerdos con el FMI que el entonces ministro de Economía Roberto Lavagna propuso en vísperas de la cumbre presidencial de noviembre en Mar del Plata (y que Kirchner rechazó) hasta el proyecto de concertación de posiciones de los países sudamericanos ante el FMI que presentó en la cumbre de Córdoba su sucesora, Felisa Miceli, han transcurrido poco más de ocho meses. Pero parecen años, por el cambio drástico de escenario. Como dijo Lula en su discurso final, ya no se habla del ALCA porque los países del Mercosur han creado una nueva realidad.

La acentuación de su perfil social, político y cultural junto al económico, definido como un espacio para el bienestar y el crecimiento dentro de una comunidad política y productiva; el reconocimiento de las necesarias salvaguardias y compensaciones que requieren los países que sufren retrasos relativos; la incorporación de Bolivia, Paraguay y Uruguay a los proyectos gasíferos iniciados por Brasil, Venezuela y la Argentina (y la invitación a Bolivia a convertirse en socio pleno del bloque) muestran un Mercosur conflictivo pero más vital que nunca. En su presentación inicial Kirchner instó a no ocultar los problemas sino a discutirlos y resolverlos, al estilo de lo que él ha hecho en la Argentina y de lo que hizo en Córdoba antes de comenzar la plenaria en los tres casos que preocupaban al país: las relaciones bilaterales con Uruguay, Chile y Cuba. Éstos fueron los resultados:

- Uruguay: El presidente oriental Tabaré Vázquez se reunió al llegar con el jefe de gabinete argentino, Alberto Fernández y propuso buscar una solución que no pasara por la Corte Internacional de La Haya. El viernes reiteró ante Kirchner que ofrecía negociar un empate. Dijo que estaba dispuesto a que una universidad argentina participara en un estudio de impacto ambiental y a firmar un compromiso de parar las plantas si se comprobaba la contaminación. Sin embargo no planteó la relocalización de ninguna de ellas, que es el camino que comenzó a sondear el gobierno argentino durante el último viaje presidencial a España, según una sugerencia que el embajador Hernán Patiño Mayer le formuló en Montevideo a la senadora CFK. Durante su discurso ante el plenario, Vázquez reiteró su disposición conciliadora. El gobierno argentino entiende que esa actitud confirma su lectura del fallo de La Haya: si bien no concedió la medida cautelar pedida porque aún no es posible advertir daños irreparables, ratificó que debe cumplirse con el tratado del Río Uruguay cuya violación denunció la Argentina; dejó establecida la responsabilidad del Uruguay en caso de que se compruebe contaminación en el futuro y entre las medidas posibles en tal caso mencionó hasta el desmantelamiento de las fábricas que la produzcan. Fuentes políticas orientales entienden que Uruguay no puede permitirse una victoria sobre la Argentina, sobre todo en un contexto de creciente insatisfacción dentro del Frente Amplio por la política económica y las dificultades sociales, al estilo de lo que ocurría aquí en el FREPASO al cumplirse el primer año de gobierno de Fernando de la Rúa. Uruguay intentó incluir la disputa en la declaración del Mercosur pero la Argentina consiguió que prevaleciera su postura de que se trata de un asunto bilateral. Sin embargo, Tabaré dedicó al tema todo su discurso ante la plenaria, con la intención explícita de que la negociación directa reemplace al litigio en La Haya. El estilo de su payada desmintió que se pareciera a Fernando de la Rúa; más bien recuerda a Ricardo Balbín. Dio a entender que habían acordado con Kirchner reemplazar el litigio en La Haya por la negociación bilateral. Kirchner se contuvo para no responder que ésa había sido la posición de Vázquez pero no la propia. La Argentina no desdeña las negociaciones bilaterales pero podría mantener el reclamo ante La Haya como elemento de presión hasta llegar a algún acuerdo satisfactorio, tal como hacen las empresas privatizadas con los juicios ante el CIADI.

- Chile: La presidenta Michelle Bachelet no centró el problema en el precio de las exportaciones argentinas de gas sino en la seguridad de su abastecimiento. Esto no tiene solución, ya que la ley argentina establece que sólo podrán exportarse los excedentes, una vez cubiertas las necesidades del consumo interno. El gobierno no piensa modificar esa cláusula, que le permitió morigerar la política insensata seguida por los gobiernos anteriores, que autorizaron la construcción de gasoductos para la exportación gasífera mientras disminuía el horizonte de reservas. Los problemas de Bachelet pasan antes por el hostigamiento de la derecha de su país y por la relación con las empresas distribuidoras y transportadoras que por conflictos con la Argentina. La Argentina sigue subsidiando el gas que vende a Chile. Le paga 5 dólares el millón de BTU a Bolivia y su precio de venta a Chile en la frontera será de aproximadamente 3,70 luego de aumentar las retenciones a la exportación. Pero esos 3,70 se convierten en 24 dólares al usuario en Santiago, por las elevadas utilidades de las empresas que lo transportan desde la Cordillera y lo distribuyen en los centros urbanos. Para ello usan como referencia el precio del gas en garrafa, que es el más alto de toda la gama de productos. En cambio, los usuarios argentinos pagan en Buenos Aires 0,89 centavos de dólar el millón de BTU. Desde que comenzaron las exportaciones, en 1996, la Argentina le permitió a Chile ahorrar 15.000 millones de dólares: esa es la diferencia que hubiera debido pagar de haber consumido fuel oil, diesel oil y/o carbón en lugar de gas. Los dos presidentes han comenzado a interrogarse acerca de la composición accionaria de las empresas que a cada lado de la Cordillera producen, transportan y distribuyen el gas. La identidad y/o vinculación de accionistas explicaría buena parte de las maniobras que permiten pagar poco en la Argentina y cobrar mucho en Chile, internalizando beneficios extraordinarios. La fijación de un precio diferencial de los combustibles para automóviles con patente chilena motivó una dura frase del canciller Alejandro Foxley sobre un presunto doble discurso argentino, ya que la decisión sería contradictoria con la propuesta de integración. Esa reacción destemplada obedeció a un error de información. La primera noticia que llegó a Santiago indicaba que los vehículos con patente extranjera deberían pagar el precio diferencial en todo el territorio argentino, cuando la disposición sólo se refería a las localidades de frontera para evitar el contrabando hormiga de quienes cruzan con el único propósito de cargar combustible más barato. La medida no fue adoptada pensando en Chile, ya que sólo dos ciudades argentinas del sur permiten ese tráfico, que la Cordillera torna improductivo en el resto de la larga frontera, sino en Brasil, Paraguay y Uruguay. Durante la cumbre, Bachelet se reunió con Evo Morales y luego declaró, sin usar los monosílabos gas ni mar, que estudiarían la posibilidad de emprender “proyectos energéticos en común”.

- Cuba: Kirchner expuso en una carta al presidente Fidel Castro su interés en posibilitar el reencuentro de las ciudadanas cubanas Hilda Molina e Hilda Morejón con su hijo radicado en Buenos Aires, Roberto Quiñones, con su nuera y con sus nietos argentinos. La forma más efectiva para ello, agregó, es permitir el viaje a la Argentina de Molina y Morejón. Ante un pedido anterior, Castro había contraofertado que la familia Quiñones viajara a Cuba. Los cubanos se enteraron de la existencia de la nueva carta en el vuelo desde La Habana. Cuando el avión aterrizó en Córdoba, el canciller Felipe Pérez Roque hizo saber a su colega argentino Jorge Taiana que Fidel estaba muy molesto y no pensaba recibir la carta. Tensas negociaciones se sucedieron hasta las 3 de la madrugada en el hotel donde se alojaron ambas delegaciones. Los cubanos contemplaron la posibilidad de abandonar la conferencia y Kirchner hizo saber que si Castro no recibía la carta, él no firmaría el acuerdo de complementación del Mercosur con Cuba. El abandono de la conferencia hubiera sido un fracaso mayor para Castro, ya que el acuerdo amplía las preferencias comerciales y constituye tanto un alivio al bloqueo económico impuesto por el gobierno de Estados Unidos como una señal política. Kirchner no ocultó su asombro ante la actitud cubana, que reaccionó ante un pedido presentado con respeto y sobriedad como si se tratara de un acto inamistoso. Lo hizo saber con gestos mínimos pero ostensibles: apenas cruzó un saludo formal con “el señor presidente de Cuba”, como lo llamó mientras se refería a otros presentes como “mi amigo Lula” o “la querida Michelle”. Pese a que Castro excedió con exceso el tiempo concedido a cada orador y al ostensible fastidio de varios asistentes, Kirchner no usó el martillo y la tablita para hacérselo notar (cosa que sí hizo con Hugo Chávez), en una muestra de reconocimiento hacia el líder hoy anciano que durante décadas de soledad sostuvo sin desmayos el decoro americano frente a Estados Unidos. Durante su clase magistral sobre la tecnología moderna, la educación y la salud, con estadísticas oftalmológicas de la provincia de Pinar del Río incluidas y comparaciones sobre índices de mortalidad infantil en distintos países, Castro dijo que el de la Argentina era del 16 por mil. El ministro de salud Ginés González García llamó desde Buenos Aires para advertirle a Kirchner que el dato no era exacto. Al terminar la extensa divagación de Castro, quien más de una vez no encontró la palabra y dijo “este mercado” en vez de Mercosur, el presidente argentino aclaró que el dato correcto de la mortalidad infantil era 13,5 por mil. Castro no quiso ceder la última palabra y replicó que podía bajarse mucho más, lo cual sí es rigurosamente cierto. Las agencias internacionales de noticias centraron su cobertura en la presencia del jefe cubano, al que consideran como una cuestión de política interna, minimizando la importancia de la Cumbre. Este fue un saldo positivo de la visita, ya que cuanto más alejada esté la región del radar estadounidense mayores serán sus posibilidades de desarrollo, integración, mejoramiento social y solución pacífica de sus problemas.

En Bogotá

Parecidas preocupaciones habían expresado una semana antes los representantes de la Argentina, Brasil y Chile durante la primera Conferencia de Ministros de Defensa de la Comunidad Sudamericana, que sesionó en Bogotá. La Argentina estuvo representada por el embajador, general Martín Balza. El borrador de documento presentado por el país anfitrión introducía en forma abierta la agenda estadounidense. Ya en su primer considerando decía que los países de Sudamérica enfrentan amenazas “de naturaleza diversa, multinacional y de alcance transnacional”. En el cuarto incluía “los principios y conclusiones” de las sucesivas conferencias de ministros de las Américas, en varias de las cuales la voz cantante fue la del ministro de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld. Postulaba .la coordinación entre las Fuerzas Armadas y de seguridad de cada país. y “la unificación. de los esfuerzos regionales” mediante encuentros bilaterales y multilaterales que las incluyeran. Proponía “la respuesta rápida ante alertas provenientes de otros países”. En reuniones previas, la Argentina, Brasil y Chile sugirieron modificaciones significativas. Redujeron las Conferencias de Ministros de Defensa a una mención al paso, sin referirse a sus principios y conclusiones; ubicaron como sujeto de la cooperación a los ministerios de Defensa y al referirse a la relación entre Fuerzas Armadas y de Seguridad agregaron “de conformidad con los ordenamientos jurídicos internos”. También destacaron .el pleno respeto del derecho internacional”. Todas ellas fueron incorporadas a la declaración final. Lo contrario ocurrió con las que propuso el representante de Venezuela (el contraalmirante Carlos Giacopini Martínez, asesor del ministro de Defensa): mencionar las “gestas libertarias” de Junín, Ayacucho y la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá e incluir una cláusula sobre el subdesarrollo como causa de indefensión, junto con “las amenazas a su autonomía y la injerencia e intervención de otros actores” y la oposición “al establecimiento de bases militares de actores extracomunitarios que tengan como propósito el uso de la fuerza en el marco de la política internacional”. Sólo quedó su huella elíptica en el párrafo de la declaración final que dice que desde los procesos de la independencia “nuestras naciones han enfrentado desafíos internos y externos similares”. El texto aprobado se abre con una declaración aportada por el ABC sobre la “identidad propia” de los países sudamericanos. El punto sobre las amenazas y desafíos sufrió un conveniente descafeinado: “algunos” de ellos tienen “posibles alcances transnacionales”; el de las conferencias de ministros de Defensa sólo dice que las “recuerdan”, lo cual es comprensible porque los avances de Estados Unidos son difíciles de olvidar. La discusión continuará el año próximo, cuando se realice la segunda reunión ministerial, esta vez en la República Bolivariana de Venezuela.

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