Mié 05.07.2006

EL PAíS • SUBNOTA

“Algunos buscaron poder político y otros robaron cosas para vender”

Para el gobierno porteño, en las tomas y saqueos del Bajo Flores “hubo síntomas de la violencia social y delincuentes políticos y económicos”. Los dos ministros que se ocuparon ayer de encontrarle una salida a la crisis explicaron a Página/12 sus impresiones.

› Por Cristian Alarcón

El conflicto en el Bajo Flores comenzó como un rumor. Continuó con una toma pacífica de vecinos alertados por las “versiones” de que “alguien” tomaría el barrio nuevo recién terminado. Y finalmente fue un saqueo masivo y organizado que ayer, en diálogo con Página/12, analizaron los dos ministros que estuvieron durante el día en el barrio negociando una solución. Para Gabriela Cerruti, ministra de Derechos Humanos y Sociales, se trató de una mezcla de “síntomas de la violencia social y de delincuentes políticos y económicos: algunos usaron esto para su organización de poder y otros para vender un tanque de agua a 300 pesos”.

Por su lado, el ministro de Planeamiento, Juan Pablo Schiavi, apuntó directamente a los punteros barriales acostumbrados a “la mala política”.

“Como en este gobierno no existen más la prebenda ni la caja, los sectores acostumbrados a eso accionaron este sistema muy duro pero históricamente usado: intrusar y saquear un barrio”, le dijo anoche a este diario.

Los rumores que pusieron en guardia a los vecinos de la villa 1.11.14 que esperaban que se les entregaran las viviendas casi terminadas –parte del plan de erradicación de villas del gobierno porteño y el gobierno nacional– “son recurrentes cuando se está por entregar un barrio”, sostiene Cerruti. Esas versiones “fueron apareciendo en los últimos tres días y funcionaron con la lógica del rumor, de manera tal que los propios vecinos que lo propagaron terminaron tomando pacíficamente los departamentos en la tarde del lunes”. “Esa toma –advierte Schiavi– fue pacífica, a tal punto que mañana (por hoy) los mismos delegados de la toma van a conversar con la gente del Instituto de la Vivienda de la ciudad.”

Los dos funcionarios coincidieron en diferenciar las escenas: la primera, una toma pacífica –aunque con el extraño ingrediente de que ingresaron con las llaves del barrio y autorización de la seguridad privada–, y luego lo que Schiavi llama “el malón”. “A las doce y media de la noche, tal como se había anunciado, una banda de entre 400 y 600 personas con niños y mujeres que fueron enviados en la delantera y por eso no fueron reprimidos por la policía, irrumpieron y saquearon. Vinieron en malón, caminando, y luego llegaron los camiones, las camionetas, un semi remolque donde cargaron lo robado.” Es allí donde el ministro de Planeamiento ve la mano negra de algún “organizador” del saqueo. Parafraseando el viejo dicho, que las brujas no existen, pero que las hay las hay, el ex jefe de campaña de Mauricio Macri dijo ayer que en este caso “la política no existió, pero alguien metió la cola”.

–¿Qué quiere decir?

–Desde mi punto de vista, en este hecho hay una clara direccionalidad política. Algo como lo que pasó, con esa cantidad de gente, no se hace así, espontáneamente. Para mí, señor de la política y que conozco el tema de las villas, esto se hizo con la primera finalidad de hacer daño y la segunda de conmover a la comunidad del barrio Rivadavia e instigarlos a que tomen el lugar.

Uno de los reclamos que ayer reiteraban ante los funcionarios los vecinos del barrio Rivadavia, ubicado frente a la Villa 1.11.14, era que en los planes de vivienda se contemplan los vecinos de villas –el Plan de Urbanización de Villas y Barrios Carenciados– y no a los de los barrios. “Ayer lo que hicimos fue hablar con los que estaban afuera de la toma, el resto del barrio, para escuchar los planteos, los problemas, para tomar nota y serenar, porque empezó a haber escenas de xenofobia entre argentinos, bolivianos, paraguayos y peruanos –contó Cerruti–. La gente del barrio Rivadavia reclamaba un lugar para ellos, porque dicen que hay una postergación. Desde que se hizo el barrio en la década del sesenta, hay cuatro generaciones que no han sido incluidas en las política de vivienda”.

–¿Cómo analiza el conflicto? –preguntó Página/12 a la ministra.

–Para mí hay una mezcla de componentes: desesperación por el derecho a la vivienda, manijeado por dirigentes de la villa, sumado a los saqueos de anoche que son un componente nuevo junto al grado de violencia. Hoy (por ayer) las primeras familias que habían tomado departamentos, durante el día, se fueron yendo porque adentro había quedado un grupo muy violento y drogado que los asustaba y los hizo salir.

Schiavi considera que sobre “la necesidad real que a nadie se le escapa, detrás de esto, metió la cola la mala política”. “Si no, no se comprende por qué justamente dos de los proyectos emblemáticos de la administración Telerman, que son la resolución del conflicto de la Villa 31 y resolver el problema de la vivienda a través del Plan Federal de la Nación en las villas, han sido atacados. Que en ambos casos tengamos un problema, por lo menos, es sospechoso”, dijo.

–En la zona hay rumores de que hubo participación de punteros del macrismo.

–No vi gente de Macri, yo vi punteros ligados a la estructura de (el ex jefe de Gobierno Aníbal) Ibarra.

–¿Ibarra?

–No él, es gente que trabajó en el último tiempo ligada a Ibarra. Como en su momento trabajaron ligados a De la Rúa o Domínguez. Y vimos también muchos dirigentes de otros barrios metidos ahí: de la Villa 20, de Ciudad Oculta.

–¿Usted habla de una venganza de quienes ya no gozan de la caja o de prebendas?

–Es un sistema de ejercitar la política que no se quiere ir. Hay gente que está preocupada porque quiere hacer política con la miseria, con la indigencia, y a nosotros nos gusta hacer política, simplemente.

–¿Qué lo preocupa después de conseguir que la gente dejara la toma?

–Tenemos que tener en cuenta que éste es uno de los lugares más complejos de la ciudad, enclavado en una villa de 7500 familias, como la 1.11.14 y un barrio de 2500 familias más como el Rivadavia. A eso se le suma un drama social grave que es la xenofobia entre los argentinos, los bolivianos y los peruanos. Más la violencia, las armas. Cuando me senté a hablar con la gente, a escucharlos en un comedor, la primera persona que se sentó estaba enfierrada. Le pedí que guardara el arma. Y lo hizo.

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