Sáb 15.07.2006

EL PAíS • SUBNOTA

“Somos la gota que horada la piedra, en un trabajo lento y permanente”

En Gualeguaychú realizaron una caravana de siete kilómetros sobre la Ruta 14 en rechazo al fallo de La Haya contra el pedido de la Argentina para que se suspenda la construcción de las papeleras. Advirtieron a las empresas que continuarán las protestas.

› Por Laura Vales
Desde Gualeguaychú

Con una caravana que cortó tres horas el tránsito en la Ruta 14 –la vía más importante del Mercosur–, Gualeguaychú retomó sus protestas contra las papeleras. Lo hizo en un día frío y ventoso. Desde la una y media de la tarde, refugiados en el interior de sus vehículos, miles de vecinos se volcaron a la ruta y avanzaron a paso de hombre ocupando todo el ancho del asfalto. No era un corte de ruta pero, por el efecto tapón, a cada extremo de la caravana se fueron acumulando camiones varados, mientras que los turistas optaban por refugiarse en los paradores o desviarse de su camino y entrar a la ciudad para esperar el fin de la movilización. Fue la primera actividad de la asamblea ambientalista tras el fallo de la Corte de La Haya.

Los vecinos leyeron un mensaje para Botnia y Ence, en el que dijeron a las empresas que “no se sientan tranquilas” con el dictamen que les permitió seguir su construcción. “Somos la gota que horada la piedra, en un trabajo lento pero permanente”, se definieron.

La marcha partió del acceso sur de la ciudad, junto al parque industrial. Recorrió unos 15 kilómetros de ruta, y en varios oportunidades se detuvo por completo.

Jorge Leisa fue uno de los que se bajó del auto en una de esas esperas, para estirar las piernas. Allí, parado sobre la cinta amarilla del asfalto, se encontró con Wilfredo Larrivey, también asambleísta, y más tarde escuchó las preguntas de Página/12. Con un año continuo de movilizaciones, los vecinos están duchos en tratar con la prensa.

–Cada vez estoy más conforme con el fallo de la Corte –anunció Leisa tras las presentaciones.

–¿Le gustó?

–Claro. Salvo la cautelar, nos dan la razón en todo.

Leisa dice que no está haciendo un chiste, que leyó el fallo y que “los considerandos son más importantes que la resolución”. Dice también que él es vasco francés y por eso tiene la cabeza dura. Agrega que él no es el único, que “la mitad de la población de Gualeguaychú desciende de vascos franceses”. Su amigo Larrivey sonríe, pero no opina. Parece divertido.

–Vos también sos vasco francés –le recuerda Leisa.

–¿Cómo puede defender el fallo? Si La Haya frenaba las obras, hoy Botnia posiblemente se estaría yendo.

–Puede ser. Pero los jueces dicen en los considerandos que pueden desmantelar la fábrica si contaminan.

–¿Usted piensa lo mismo? –pregunta Pagina/12 a Larrivey.

–Todo inversor huye si hay peligro –dice él, tal vez para salir del paso. Y no se puede hablar más, porque la caravana se ha puesto de nuevo en marcha y cada cual corre a su auto.

Gendarmería se desplegó en la ruta para evitar incidentes con los camioneros. Dos uniformados en moto recorrieron la movilización por la banquina, mientras un helicóptero sobrevolaba.

Según los organizadores, la marcha reunió tres mil quinientos autos en una fila de siete kilómetros. Por el avance lento y las interrupciones (alguna atribuida a la propia Gendarmería, que por error permitió el paso a un grupo de camiones que luego debieron reubicarse en la banquina) el recorrido llevó casi cuatro horas; es más del tiempo que lleva viajar de Gualeguaychú a Buenos Aires.

La manifestación congregó básicamente a la clase media motorizada, mientras que aquellos que no tienen auto debieron seguir la protesta por televisión y sumarse al final, cuando de regreso a la ciudad se hizo un acto en la costanera. Pero, sin dudas, el tema moviliza a la sociedad de punta a punta. Ayer, en la protesta estaba Carlos Sánchez Alzaga, el vecino quizá más rico de la zona, dueño del balneario El Ñandubaysal, desde donde se ve la chimenea de Botnia. Teme que sus tierras se devalúen si llega el olor a huevo podrido que emite la fábrica cuando se pone en funcionamiento. En la misma caravana, Fabiana Silva, desocupada en busca de trabajo, también podía dar su versión del peligro. “Desde que empezamos con esto, con mi marido no sabemos si vamos a seguir viviendo acá. Hasta tuve que repensar si quiero tener hijos.”

Con todo (o habría que decir: por estos motivos), ayer la ciudad hizo un esfuerzo por mostrarse recompuesta luego del mazazo recibido desde La Haya. Mañana harán una gran subasta de elementos donados por los vecinos para reunir fondos, ya que el próximo 20 la asamblea enviará una delegación a Córdoba, donde se reunirán los presidentes del Mercosur.

Por ahora no volverán los cortes de ruta. La gente dice que hace demasiado frío para mantener un corte, que exponerse a enfermarse sería un error, y que además el bloqueo del puente a Fray Bentos no causaría daños al Uruguay, porque estamos fuera de la temporada turística. Los cortes, probablemente, volverán con el calor. Con todo, nada es demasiado firme ni taxativo. La próxima asamblea está convocada para el martes que viene, y recién entonces decidirán los pasos a seguir.

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