Jue 30.12.2004

PSICOLOGíA  › VERSION INEDITA DE UNA LECCION DE LACAN

El plus-de-goce

Al definir el plus-de-goce –“función de la renuncia al goce por efecto del discurso”–, Jacques Lacan ubicó el lugar preciso donde su enseñanza se intersecta con la teoría de Karl Marx.

Por Jacques Lacan *

Marx parte de la función del mercado y su novedad está en el lugar que asigna en éste al trabajo. Lo nuevo no es el trabajo en sí sino el hecho de que se lo compre, de que haya un mercado de trabajo. Esto permite a Marx demostrar lo que su discurso tiene de inaugural, y que se llama plusvalía.
El caso es que este desarrollo sugiere el acto revolucionario que sabemos. O mejor dicho, que sabemos muy mal, pues no es seguro que la toma del poder haya resuelto la subversión del sujeto –capitalista– que se esperaba de ese acto, y que haya tenido, de hecho, consecuencias muy fastas al gusto incluso de los marxistas que tuvieron que recogerlas. Pero, por ahora, nos importa poco. Lo importante es lo que Marx señala, y lo que su desarrollo significa.
Sean o no estructuralistas, estos comentadores de Marx parecen haber demostrado que Marx, por su parte, lo es. Pues propiamente de lo que él es –él, como ser de pensamiento, en el punto determinado por el predominio del mercado de trabajo– se desprende como causa de su pensamiento la función –oscura, hay que decirlo, si esta oscuridad se reconoce en la confusión de los comentarios– de la plusvalía.
La identidad del discurso con sus condiciones se verá esclarecida, lo espero, en lo que voy a decir ahora sobre la perspectiva analítica.
Así como el trabajo no era nuevo en la producción de la mercancía, tampoco es nueva la renuncia al goce, cuya relación con el trabajo ya no tengo que definir aquí. Desde un comienzo, en efecto, y opuestamente a lo que dice o parece decir Hegel, es ella la que constituye al amo, el cual pretende erigirla en principio de su poder. Lo nuevo es que haya un discurso que articule esta renuncia, y que pone aquí de manifiesto lo que llamaré función de plus-de-goce. Tal es la esencia del discurso analítico.
Esta función aparece por obra del discurso y demuestra, en la renuncia al goce, un efecto del discurso mismo. Para dejar esto en claro, debe suponerse, en efecto, que en el campo del Otro está el mercado, el cual totaliza los méritos, los valores, asegura la organización de las elecciones y preferencias e implica una estructura ordinal y hasta cardinal.
El discurso detenta los medios de goce en tanto y en cuanto implica al sujeto. No habría ninguna razón de sujeto, en el sentido con que se dice razón de Estado, si no existiera en el mercado del Otro este correlativo: que se establezca un plus-de-goce y sea captado por algunos.
Demostrar que el plus-de-goce estriba en la enunciación, que es producido por el discurso y aparece como un efecto, exigiría sin duda un discurso bastante puntilloso. Pero asimismo, si me han leído ustedes, no hay aquí algo muy nuevo para vuestros oídos, pues tal es el objeto de mi escrito Kant con Sade. Se hace allí la demostración de la tal reducción del plus-de-goce al acto de aplicar sobre el sujeto lo que es el término a del fantasma, por el cual el sujeto puede ser planteado como causa-de-sí en el deseo.
Próximamente elaboraré esto mediante un retorno a la apuesta de Pascal, que ilustra del mejor modo la relación de la renuncia al goce con la dimensión de la apuesta. La vida misma se reduce aquí en su totalidad a un elemento de valor. Extraña manera de inaugurar el mercado del goce en el campo del discurso. Pero, ¿no es esto simple transición desde la función de los bienes consagrados a los muertos que, hace un momento, vimos inscribirse en la historia?
Además, no es eso lo que está ahora en cuestión. Tenemos que vérnosla con la teoría en tanto se aligera al introducirse la función del plus-de-goce. Alrededor del plus-de-goce se juega la producción de un objeto esencial cuya función se trata ahora de definir: el objeto a.
La grosería de los ecos recibidos por la introducción de este término es y sigue siendo para mí la garantía del orden de eficacia que le confiero, en conformidad con el pasaje destacado en Marx, célebre, donde éste, en los tiempos que dedicaba a desarrollar su teoría, saboreaba la ocasión de ver flotar la viva encarnación del desconocimiento.
He enunciado: el significante es lo que representa a un sujeto para otro significante. Es una definición. De una definición se exige que sea correcta, y de una enseñanza se exige que sea rigurosa. En el momento en que el psicoanálisis es llamado a responder a algo que no crean tengo yo la intención de elidir, me refiero a la crisis que atraviesa la relación del estudiante con la Universidad, es intolerable, impensable contentarse con proferir que hay cosas que de ningún modo se podrían definir en un saber. Si el psicoanálisis no puede enunciarse como un saber y enseñarse como tal, no tiene estrictamente nada que hacer allí donde no se trata de otra cosa.
Si el mercado de saberes se ve propiamente sacudido por el hecho de aportarle la ciencia esa unidad de valor que permite sondear la cuestión de su intercambio hasta en sus funciones más radicales, no es por cierto para que el psicoanálisis, que puede perfectamente articular algo de ello, se presente con su propia dimisión. Todos los términos empleados con este propósito, como el de “no conceptualización”, así como toda evocación de vaya a saber qué imposibilidad, no designan más que la incapacidad de quienes los promueven. Sin duda, la estrategia con la verdad, que es la esencia de la terapéutica, no puede residir en ninguna intervención particular llamada interpretación. Sin duda, en la práctica todo tipo de funciones particulares, de juegos afortunados en el orden de la variable pueden hallar su oportunidad. Pero ésta no es razón para desconocer que sólo tienen sentido por situarse en el punto preciso donde es la teoría la que les da todo su peso.
Se trata de esto, cabalmente.
El plus-de-goce es función de la renuncia al goce por efecto del discurso. Esto es lo que da su lugar al objeto a. En razón de que el mercado define como mercancía cualquier objeto del trabajo humano, sea el que fuere, este objeto lleva en sí algo de la plusvalía.
El plus-de-goce es, de este modo, lo que permite aislar la función del objeto a.

* Fragmento de “De la plusvalía al plus-de-goce”, primera lección, inédita, del Seminario “De un Otro al otro”; texto establecido por Jacques-Alain Miller; en Psicoanálisis y política, comp. Ives Charles Zafka, Ed. Nueva Visión. Traducción de Irene Agoff.

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