Jue 27.07.2006

PSICOLOGíA • SUBNOTA  › COMO EL SER HABLANTE OCULTA SU CONDICION DE OBJETO OFRENDADO

“Haceme lo que quieras, papito...”

› Por Sergio Zabalza *

Un artículo publicado recientemente en esta sección abordó el tema de la prostitución desde el ángulo del cliente, es decir, la demanda: si se trata de considerar al más viejo oficio como privilegiado analizador de la escena humana, conviene colocarse, también, del otro lado del mostrador: la oferta. Este comercio que arrasa con la dignidad de niñas y mujeres no agota sus causas en la demanda más o menos canalla, cobarde o pusilánime de los clientes varones; también encuentra causa en la negación (véase el artículo “La negación”, de Freud) con que todo ser hablante oculta su condición de objeto y ofrenda para el Otro.

En virtud del desamparo con que llegamos al mundo, es el Otro quien, al hablar, nos demanda primero; así, nuestra preciada condición de sujetos siempre supone previamente la de objeto. La demanda del Otro, por presentificar la exigencia pulsional, impone que, en nuestra más radical alteridad, habitemos como objetos de goce. De allí el concepto del que Lacan se sirve para expresar que lo más íntimo está afuera: “extimidad”.

Basta citar uno de los tantos ejemplos que cotidianamente brinda el lenguaje. “Haceme lo que quieras, papito...”: esta frase, no por pícara y seductora, oculta menos la oferta en la que se agita una oscura satisfacción. En ese lugar, donde no se sabe quién demanda y quién oferta, eso goza en nosotros.

Desde esta primordial perspectiva, todos buscamos cliente; por más sadismo que habite una subjetividad, uno siempre goza y se ofrece como objeto. El crimen subjetivo consiste en instalar a una persona, sin recursos, frente al goce que la habita y la arrasa. La enajenante, infame maniobra del corruptor se apoya en esta oferta de estructura.

Los poetas –”aquellas viejas prostitutas de la historia”, según escribió José Goytisolo en “Bajo tolerancia”– parecen corroborar el punto. Charles Baudelaire, en sus Diarios íntimos, escribió que “El amor puede derivar de un sentimiento generoso: el gusto de la prostitución; pero bien pronto lo corrompe el gusto de la propiedad”.

La sociedad organiza roles para encauzar la satisfacción admitida, la que está bajo tolerancia y la que lisa y llanamente no se quiere ver. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a reconocer nuestra participación en esta comedia? La respuesta concierne a la diferencia entre quien se hace cargo de la oscura satisfacción que lo habita y la hipocresía de las almas bellas, que depositan en un otro el lugar de objeto que su moral no tolera.

Por otra parte, nada mejor que la falacia de la impostura machista para verificar nuestra primordial condición de objeto. ¿Por qué tienen tantos clientes los travestis? ¿Será que el machismo desnuda su flaqueza sólo frente a quien cumple ambos roles, pasivo y activo?

Jacques Lacan observó que el denominado “masoquismo femenino” es tan sólo un fantasma masculino. La actividad-pasividad de ninguna manera agota la oposición masculino-femenino. Al respecto, la filósofa Susan Buck Morss (en Walter Benjamin, escritor revolucionario) invita a escuchar el testimonio de Amélie Hélie, célebre prostituta francesa de principios del siglo XX: en 1913, Amélie contaba que los empresarios y los políticos, después de ejercer su poder durante el día, “van a visitarnos. Y, cuando nos han desnudado hasta nuestras enaguas, dejan de farfullar, sus ilusiones de grandeza colapsan y su arrogancia desaparece. Empiezan a tartamudear como pequeños que quieren centavos para dulces”.

Investiguemos a este ser pequeño que sólo balbucea su deseo en el lupanar. Sigmund Freud, en “Pegan a un niño”, explicita la oscura tendencia por la cual un sujeto se somete al Otro: el masoquismo. El sorprendente sentimiento de culpa y vergüenza que suele torturar a las víctimas de abusos prueba la riqueza clínica de la tesis. Suficiente para colegir que la dimensión de objeto es parte ineludible de la singular satisfacción que divide a los seres humanos, aun los más poderosos.

* Psicoanalista. Autor de La hospitalidad del síntoma (ed. Letra Viva).

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