Vie 08.07.2016

SOCIEDAD  › UNA ADOLESCENTE EN COMA POR UNA CIRUGIA NO AUTORIZADA POR SU MADRE

Dudas por una estética casi fatal

Sin consentimiento de su madre, una chica de 15 años se sometió a una intervención abdominal para disimular las estrías que le dejó un parto. Quedó en coma. Su madre acusa a una clínica privada.

Una chica de 15 años permanecía ayer en coma farmacológico en el Hospital Alvarez, adonde fue trasladada el martes desde una clínica privada en la que se sometió a una cirugía estética sin autorización de su madre, quien supo de la intervención cuando un llamado telefónico le informó que la chica “había sufrido un problema” y debía ir a buscarla. De acuerdo con el parte médico, Erika Carrasco Cotas Lucas estaba anoche en “estado crítico, aunque estable”.

“Los médicos del Alvarez le dijeron a la madre que Erika había llegado en estado crítico. Ahora está respondiendo a la medicación pero no deja de estar grave”, detalló a este diario el abogado Facundo González, que representa a Angelina Coats Lucas, madre de la joven. Para intervenir a la chica, el Centro Quirúrgico Neuquén “necesitaba un consentimiento firmado de la madre, además del consentimiento informado”, agregó el letrado, quien detalló que en este caso esas condiciones no se habían cumplido, y advirtió que por parte de la clínica “hay intención de tapar todo”. Página/12 intentó sin éxito hablar con autoridades del centro médico. La causa recayó en el Juzgado Criminal de Instrucción 23, a cargo de Roberto Ponce, y la secretaría Nº 158, a cargo de Carolina Wathelet; en el caso, además, interviene la Fiscalía Nº 44.

El martes, Erika concurrió con una amiga al Centro Quirúrgico ubicado en Neuquén al 1400, de Flores. Había ido a ese mismo lugar antes, en compañía de su madre, para consultar con la médica Silvina del Giúdice –quien en la web del centro médico figura como responsable del lugar– por una intervención en el abdomen. Erika, de 15 años, es madre de una niña de un año y siete meses; se sentía incómoda con las estrías que le había quedado luego del embarazo, contó su tío, Fernando Pérez; por eso había pedido a su madre que la acompañara a la clínica, “donde le sugirieron una cirugía estética”. La médica “le ofreció garantías y mencionó que ella misma era profesional del Hospital Churruca, a lo que mi cuñada (por la madre de la joven) le respondió que por más que trabajara allí ‘ni loca le daba permiso a su hija para que se opere’. Érika siguió insistiendo a su madre al abandonar el lugar y no pasó más nada hasta que el martes pasado cuando de esa clínica la llamaron a mi cuñada con la terrible noticia”, recordó Pérez.

El martes, Angelina Coats Lucas recibió un llamado de número desconocido en su celular. La persona que llamó era alguien del Centro Quirúrgico, contó el abogado González a este diario. “Le dijeron que se acerque a la clínica, que había salido mal la operación”. Al llegar a la clínica, “le dijeron que esperara, que estaban terminando”. “Pasaron 15, 20 minutos. Ella golpeó la puerta, preguntó qué había pasado, pidió que alguien le informara. Alguien le dijo que siguiera esperando. Entonces se cansó y golpeó una puerta muy fuerte, hasta que la abrió”. La puerta daba a “un consultorio, no un quirófano, un consultorio con una camilla”; allí estaba la misma médica a quien habían visto en la consulta médica. Además, Coats Lucas vio “a su hija desnuda, la estaban terminando de coser, no tenía ningún tipo de asistencia respiratoria mecánica ni nada para auxiliar la situación delicada que estaba pasando”.

La mujer contó a la prensa que la médica le ofreció trasladar a la chica a una clínica de Capitán Sarmiento, a algo menos de 200 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. “Le dijeron que no se preocupe, que la iban a llevar en una ambulancia privada, que en 48 horas la iban a traer bien. Eso la hizo dudar, porque, me dijo, pensó: ‘si se hizo todo bien, eso no es necesario’”. Por eso, Coats Lucas se negó, y “pidió que llamaran a la policía, y ella llamó al SAME”, relató el abogado. También el martes la madre radicó la denuncia en la Comisaría 50, de Flores.

Una ambulancia del servicio de emergencias porteño llevó a la chica hasta el Hospital Alvarez, donde, dijo el tío, “lucha por su vida”. Entre las pertenencias de su hija, Coats Lucas dio con un recibo firmado por la médica Silvana del Giudice. La chica, de acuerdo con Pérez, “pagó 30.000 pesos, que eran ahorros de su madre” para acceder a la operación a pesar de no contar con el consentimiento firmado.

De acuerdo con el art. 26 del Código Civil y Comercial vigente, un adolescente de “entre trece y dieciséis años tiene aptitud para decidir por sí respecto de aquellos tratamientos que no resultan invasivos, ni comprometen su estado de salud o provocan un riesgo grave en su vida o integridad física”, pero en caso de “tratamientos invasivos que comprometen su estado de salud o (en los que) está en riesgo la integridad o la vida”, debe dar “su consentimiento con la asistencia de sus progenitores”.

Recién “a partir de los dieciséis años el adolescente es considerado como un adulto para las decisiones atinentes al cuidado de su propio cuerpo”.

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