Sáb 15.05.2004

SOCIEDAD

Un argentino conquistó una de las cimas más difíciles del Himalaya

Es un mendocino que integra una expedición con españoles. Hizo cumbre en el Dhaulagiri, con 30 grados bajo cero y vientos extremos.

Los fríos de hasta 30 grados bajo cero que se colaban por debajo de los trajes, las paredes de hielo que impedían el avance, la falta de cuerdas, la escasez de gas y los vientos que hacían más trabajosa la marcha no fueron suficientes para dejar de lado el objetivo. Después de más de un mes de ascenso, el argentino Víctor Hugo Herrera y el catalán Xavier Arias alcanzaron ayer la cumbre del monte Dhaulagiri, de 8167 metros, uno de los de más difícil acceso en el Himalaya. Los montañistas, pertenecientes a un grupo de expedición, llegaron a la cima de la séptima montaña más alta del mundo a las 5.50 de la mañana (hora argentina). Ahora, el resto del grupo aguarda con ansias la llegada de ambos al campo base de la montaña, ubicada en Nepal.
“Pese a las intensas nevadas y las temperaturas que oscilan entre los 25 y 30 grados bajo cero, llegaron en perfectas condiciones. Lo que más deseamos ahora es poder reencontrarnos con ellos para festejar la llegada a la cumbre”, señaló a Página/12 el organizador de la expedición, el español Joaquín Molins Gil, desde el campamento base, a 4650 metros sobre el nivel del mar.
La hazaña se llevó a cabo en homenaje a la primera expedición argentina al Himalaya, en 1954, en la que la expectativa terminó en tragedia. La misión duró tres meses, pero no lograron llegar a la cumbre porque el jefe de la expedición, Francisco Ibáñez, sufrió el congelamiento de los pies y poco después murió debido a una gangrena avanzada. Pasaron 50 años de aquel primer intento y, después de varios otros, se cumplió el objetivo. La única vez que un argentino alcanzó la cima de esta montaña fue en 1991, de la mano del montañista mendocino Miguel Angel Sánchez.
La expedición, que costó unos 130.000 dólares, está compuesta por cinco escaladores argentinos, que en su mayoría trabajan en el Parque Nacional de Aconcagua, y cuatro andinistas catalanes. También colaboró un grupo de ayudantes de Nepal, los sherpas. El contacto entre los montañistas de ambas nacionalidades se produjo porque el jefe de la expedición, el mendocino Damián Redmond, es el hermano de la esposa de Molins Gil. “La historia es atípica, pero logré reunir un grupo de expedicionarios con gran experiencia y conocimiento”, explicó el organizador. Además de Redmond, la misión está integrada por Horacio Cunietti, Mijel Lotfi, Herrera, Fabián Iribas, Arias y Agustín Torrents.
Para poder plantar la bandera argentina en la cima del Dhaulagiri, debieron atravesar más de un contratiempo. “Esta es una montaña poco visitada, de difícil acceso, por lo que representaba un desafío interesante poder hacer cumbre”, explicó Molins Gil, presidente de la Fundación Privada de Exploración, Etnología y Cultura, con sede en Barcelona, que patrocinó la expedición. “La nieve llegó a la cintura de los montañistas, la presión de oxígeno llegó a ser escasa y las grietas que se abrían en los suelos cubiertos de hielo complicaban el avance”, relató a este diario Cecilia Redmond, la esposa del catalán Molins Gil y hermana de Damián Redmond. Sin embargo, el mendocino Herrera y Arias continuaron con el ascenso hasta tocar la cima.
Los montañistas se encontraron en Katmandú el último 9 de abril y comenzaron el ascenso. El 15 de abril llegaron al campo base, a 4650 metros de altura. Hasta ahí, la situación no había sido adversa. En la mayor parte del camino sólo necesitaron hacer trekking, una suerte de caminata sobre la montaña. Pero en la base se desató una fuerte nevada y convirtió a las cascadas en hielo y enterró parte del equipamiento debajo de la nieve. También precisaron ser provistos de nuevas garrafas de gas. Es que el ascenso “fue más largo de lo previsto”, enfatizó Molins Gil. Además, la visibilidad era cada vez más escasa: los intensos vientos de hasta 100 kilómetros por hora se habían teñido de blanco debido a la tormenta de nieve. Los expedicionarios esperaron cinco días hasta volver a emprender el camino.
Una vez retomado el ascenso, “fuimos hasta el primer campo de altura, a 5800 metros sobre el nivel del mar, desde allí al segundo, a 6400 metros,y después hasta el tercero, a 7300 metros”, explicó Molins Gil. Pero no dejaron de aparecer dificultades. “En las zonas más verticales faltó cuerda, por lo que un helicóptero debió llevar 1000 metros de cuerda”, señaló. En el segundo campo, los expedicionarios se separaron en dos grupos. En la base de los 7400 metros, el grupo de Horacio, Mijel, Fabián y el sherpa abandonó la acometida a cumbre y bajó a Campamento Base igual que Agustín. Un segundo grupo integrado por “Víctor, Damián y Xavi y otro sherpa se reunió en el campo 3 y comenzó el jueves último el ataque a cumbre a las 18 de la Argentina”, según contó el organizador de la expedición. Cecilia Redmond, que siguió de cerca la expedición desde Mendoza, señaló que “Damián no se encontró con la suficiente fuerza para llegar y decidió abandonar junto al sherpa”.
Elsa Herrera, madre del montañista argentino, expresó que su hijo “tiene merecido” el éxito de la expedición porque “es un chico tozudo que consigue lo que se propone”. De todos modos, Molins Gil admitió que en el descenso, hasta la llegada de ambos escaladores hasta la base, el riesgo “continúa”. Así, la expectativa del resto del grupo persiste y las ganas de “reencontrarse con la familia” va en aumento. “No veo la hora de recibir a Víctor y Xavier, bajar y viajar a la Argentina para comer un buen asado y descorchar un vino mendocino”, resumió Molins Gil.

Informe: Maricel Seeger.

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