Sáb 15.07.2006

SOCIEDAD  › PROHIBEN EN ROSARIO LA FABRICACION Y VENTA DE JUGUETES BELICOS

Mejor jugar al doctor que a la guerra

Una ordenanza prohibió las réplicas de armas de fuego y los juguetes que aludan a la violación de los DD.HH. Las opiniones.

Jugar a los vaqueros o al poliladron ya no será igual en Rosario. Una nueva ordenanza prohíbe en esa ciudad la venta, distribución y fabricación de juguetes bélicos e impulsa una campaña para canjearlos por libros y otros juguetes que no se parezcan a las armas. La medida no se aprobó sin debate. Escuchando las inquietudes de los fabricantes, los concejales acotaron su alcance y sólo abarcará a “réplicas de armas de fuego y a aquellos juguetes que aludan a las violaciones de los derechos humanos”, según explicó a Página/12 el concejal Miguel Pedrana, autor del proyecto original. “Se trata de un primer paso para empezar a erradicar la cultura de la violencia”, dijo. Aunque también surgieron críticas desde algunos sectores de la educación que apuntan a la utilidad de la norma. Para la psicóloga Elisa Domínguez, “los adultos muchas veces se olvidan de que los chicos no confunden la realidad con la ficción que crean en el juego”.

El martes pasado la ordenanza fue aprobada por la Comisión de Derechos Humanos del Concejo Deliberante rosarino. Llegó al recinto el jueves, y tras algunas modificaciones surgidas en el debate cuando fue tratada artículo por artículo obtuvo una mayoría de votos favorables. El cambio consistió en reemplazar la muy amplia noción de “juguetes bélicos” por una más detallada, referida a “réplicas de armas de fuego y aquellos juguetes que hagan referencia a brutales violaciones a los derechos humanos”.

“Nosotros impulsamos el proyecto porque creemos que el niño no puede crecer pensando que los conflictos se solucionan eliminando al enemigo. Los juguetes bélicos son un residuo de la Segunda Guerra Mundial y es preferible que los chicos se enteren de lo que fue esa guerra por el cine, por la literatura o por la escuela. Además vemos que ya hay una retracción en la venta de esos juguetes por una cuestión cultural y los vendedores han colaborado en varias campañas”, sostuvo Pedrana, integrante del bloque socialista.

La cuestión no es sólo evitar que las armas de plástico lleguen a las manos de los niños, sino concientizar sobre la necesidad de abandonar esos juegos. Por eso habrá una campaña de canje de juguetes bélicos por otros no bélicos y libros, que se difundirá durante cuatro meses con la distribución de stickers en las escuelas.

La batalla de argumentos comenzó con las quejas de la Cámara del Juguete de Rosario. Su presidente, Juan Benzi, señaló que “es ingenuo considerar que esta legislación elimina la violencia entre los niños cuando en realidad los pibes concurren a los cyber y los videos con los que juegan no son para nada pacifistas”. “Nunca fuimos consultados y obviamente nos sentimos excluidos, si bien avalamos la idea de limitar la venta de copias o réplicas de armas originales, que en nuestro país no se fabrican”, reclamó.

Según contó Pedrana, los planteos de la industria del juguete, que en principio tuvieron repercusión en el debate, también serán oídos al momento de reglamentar la ordenanza. “Ese proceso llevará un par de meses. Convocaremos a las organizaciones sociales, a las cámaras y a las escuelas. Entonces vamos a poder definir mejor cuáles son los juguetes y las marcas” que estarán afectadas.

El ministro de Educación nacional, Daniel Filmus, saludó la iniciativa. Desde su cartera se impulsó en 2005 la campaña “Cambiemos por la paz” que canjeó juguetes bélicos por libros. “Estoy de acuerdo con la implementación de distintas estrategias para construir una sociedad pacífica –indicó–. Un país armado genera una profunda contradicción con los valores de tolerancia y convivencia que la escuela difunde”.

Una de las opiniones divergente no surgió de quienes poseen intereses económicos en la cuestión, sino de quienes se dedican a los niños y lo lúdico. “No estoy a favor de ningún tipo de violencia, pero el juego infantil no puede ser reglamentado desde afuera. Los adultos muchas veces se olvidan de que los chicos no confunden la realidad con la ficción que crean en el juego”, comentó a este diario Elisa Domínguez, psicóloga, maestra y encargada de una ludoteca de Rosario. “Cuando un niño entra en otra realidad, donde las únicas reglas soberanas son las del juego, los chicos creen en lo que están haciendo y por eso no puede haber, en esa instancia, una réplica de la realidad. Simplemente con un palo los chicos se transforman en espadachines y eso no tiene nada de violencia”, aseguró.

La especialista se preguntó: “¿Los soldaditos de plomo son bélicos? ¿Y los muñecos de los Power Rangers?.” Y se respondió que “lo que quieren prohibir, en realidad, no son juguetes”. “El juego sirve para crear ciudadanos, para crear reglas y aprender a respetarlas. A través de los juegos los chicos compiten con el otro para entenderlo como semejante. Por otra parte, no hay que olvidar algo muy importante: el juego es un refugio para los chicos”, remarcó.

Informe: Lucas Livchits.

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