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Domingo, 16 de junio de 2013

CONSUMO, GENERACIóN Y AHORRO DE ENERGíA

Posibilidad o necesidad

El recupero del autoabastecimiento se perfila arduo. Mientras maduran las inversiones para aumentar la producción, la propuesta es un llamado a la sociedad para que se asuma un compromiso de ahorro de energía para disminuir la importación de combustibles.

 Por Silvia Veitzman y Andrés Repar *

Tras años de una política extractiva de Repsol y de reorientación de los saldos positivos de YPF hacia el exterior, el abandono de inversiones en exploración ha provocado que la producción del gas natural quedara en una situación endeble y desguarecida. El declino de los yacimientos es más grave de lo que se suponía. El recupero del autoabastecimiento se perfila arduo, pues se trata de enormes cantidades que llegan a casi el 30 por ciento del total consumido del país.

El incendio de parte de la destilería La Plata trajo otro frente con necesidades de suministro de naftas del exterior que agrava las cuentas de la importación de gas oil y fuel oil además del gas natural por barcos (GNL) y por gasoductos desde Bolivia, que en su conjunto debilita el crecimiento del país. Esta situación se combina con la persistente crisis internacional, una agresiva especulación y operaciones mediáticas que intentan deteriorar el trance y la trama político-económica. En paralelo, asistimos a un cambio de época en materia de conciencia ambiental, de inquietud por el cambio climático que inducen a modificaciones de los patrones culturales de consumo y preservación de los recursos a escala planetaria.

En este cuadro consideramos imprescindible hacer un llamado a la sociedad para que se asuma un compromiso de ahorro de energía, que atendiendo la demanda industrial, coadyuve a disminuir la importación de combustibles posibilitando, con el ahorro de divisas, atender las inversiones para las nuevas producciones de gas no convencional (shale gas) que posibilitaran recuperar el autoabastecimiento.

Alentamos tomar actitudes contra el derroche de energía y efectuar todos los pequeños ahorros cotidianos posibles. Lo pequeño es hermoso, afirmó el brillante economista E. F. Schumacher. Ahorrar y cuidar es una actitud cultural que es parte inherente de la raza humana. Desde mínimos detalles como usar el agua justa para lavarse los dientes por la mañana, hasta el apagado temprano de la luz a la noche, cada argentino atraviesa en el medio por una multitud de oportunidades donde es posible tomar una actitud de cuidado en el consumo de energía. Calentar la cantidad justa de agua, evitar desbordes de la llama en la cocina, calefaccionar los ambientes moderadamente, cerrar las puertas, usar cortinas, apagar luces, también separar la basura para el reciclaje, no tirar alimentos, ser amigable con los objetos asisten a modificar las actitudes cotidianas hacia el uso moderado que redunda en mejoras económicas de todo el grupo familiar.

Buenos Aires es una ciudad donde lamentablemente el ahorro de energía no es precisamente una actitud destacable de la población ni de su gobierno. El código de edificación y urbano no contemplan en forma concreta, sistemática e intensa, el uso adecuado de materiales aislantes que producen ahorros tanto en verano como en invierno. La iluminación pública funciona a pleno cuando tiene enormes posibilidades de ser telegestionada. Los techos verdes que ahorran energía son por ahora una teoría cuando deberían ser obligatorios en grandes terrazas y, por razones de ecoaprendizaje, en todas las escuelas e instituciones educativas públicas y privadas. Esta situación se repite en el conjunto de nuestras ciudades y zonas no urbanas, donde los calefactores solares brillan por su ausencia en los techos de las casas y edificios.

Un ejemplo destacable es el que hizo el Gobierno con el cambio de lámparas incandescentes por las de bajo consumo, que trajo aparejado el ahorro de cerca de 800 MW de potencia, prácticamente más de dos centrales eléctricas como Atucha I.

Es necesario acompañar en forma más sistemática y social ese camino. Los “leds” son lámparas de mejor eficiencia que las de bajo consumo. Podrían implementarse rápidamente en las vidrieras de los comercios, en los shoppings y paseos, en los domicilios, y hasta en las cabinas de los ascensores y los pasillos.

En el sector transporte, la reconstrucción de la red ferroviaria y su ampliación, así como de las redes de subterráneos, son las herramientas que posibilitarán un ahorro decisivo en el gasto energético general del mismo. Usar el auto lo necesario y lo menos posible, andar a velocidades normales permitidas, no efectuar maniobras bruscas e intempestivas, redunda en beneficios de combustible. Con sólo un día por semana de no usarlo (podría ser el día de caminatas y bicicletas) se posibilitaría importantes ahorros y ganancias culturales. Ahorrar un litro de nafta por auto y por mes implica en todo el país unos 100.000m3/año que es un poco más del uno por ciento del consumo actual. Llegar a un ahorro del 5 por ciento solo en las naftas, implica disminuir la importación por 400 millones de dólares por año.

La producción nacional de gas natural en 2013 apenas superará los 115 millones de m3/día. Se importarán cerca de 40 millones de m3/día de Bolivia y de barcos GNL. También se importará gas oil y fuel oil con un equivalente de 10 millones de m3/día para usar en las turbinas de gas y grupos diésel. El total equivalente de 50 millones de m3/día de importación implica un gasto cercano a los 11.500 millones de dólares que se podrían moderar con conductas de ahorro y eficiencia. Como ejemplo un 5 por ciento menos de consumo de combustibles y electricidad implica un equivalente de 15 por ciento menos de importación, es decir cerca de 1725 millones de dólares por año.

¿Esta meta es imposible? Para nada. Brasil lo hizo hace algunos años, en un contexto distinto, de restricción de oferta hídrica. Logró una disminución de consumo de electricidad entre 15 y 20 por ciento. Se establecieron planes nacionales y se generó una actitud solidaria y responsable de la población. Los chicos de la escuela se transformaron en protagonistas activos del apagado de luces, de minimizar las aperturas de la heladera, de menor uso de ventiladores y aire acondicionado, de programar el uso del lavarropas y el planchado de la ropa. Los estudiantes y sus docentes también son factores de conciencia, al promover una actitud solidaria y justa.

Hoy el ahorro de energía en la Argentina no sólo es una posibilidad sino también una necesidad. Poder asumir una multitud de pequeños actos solidarios de cuidado fortalecerá al país y a la sociedad. Representa un desafío a nuestra cultura.

Independientemente de que se fortifique la política pública direccionada a utilizar todos los instrumentos para una campaña multidisciplinaria de un uso razonable de la energía, el movimiento que proponemos desde lo académico y desde talleres participativos es hacia una tenaz y sistemática lucha por la eficiencia de la energía y de los ahorros cotidianos.

Ahorros en los sectores domiciliario, comercio, transporte, espacios públicos de la ciudad, la arquitectura ecourbana, los reciclajes, y también en la eficiencia de la industria y en la oferta de energía, dando prioridad al desarrollo pequeño y grande de energía hídrica, y especialmente en esta etapa la instalación de generadores eólicos producidos localmente donde es posible en poco tiempo instalar centenas de MW que no requieren importación de combustibles.

Proponemos debatir y aplicar 100 posibilidades cotidianas concretas que se puedan difundir todos los días por las redes sociales, por ONG, cooperativas de consumo o juventudes políticas. Esa lista propugna una actitud solidaria de la sociedad hacia lo que denominamos Uso Razonable, Responsable y Eficiente de la Energía

* Miembros del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz.

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