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Domingo, 7 de septiembre de 2014

OPINION › DEVALUAR PARA GANAR COMPETITIVIDAD DE LAS EXPORTACIONES

Por el camino equivocado

Nuevamente desde algunos sectores económicos están reclamando por una devaluación para recuperar la “pérdida de competitividad” de la economía. Pero la modificación del tipo de cambio no es el sendero correcto.

 Por María Alejandra Fernández Scarano y Guillermo Merediz *

Cuando se habla de competitividad se ponen en juego diferentes concepciones que no siempre explicitan a los actores a los que benefician y sus consecuencias económicas y sociales.

¿Qué es la competitividad?

Una forma convencional de definir la competitividad es la siguiente: la capacidad de una economía de fabricar productos y servicios con mejor calidad a un menor precio en comparación con otras economías.

La visión ortodoxa

El enfoque ortodoxo sostiene que la solución a la pérdida de la competitividad es la devaluación de la moneda porque permite reducir los costos en dólares, principalmente los salarios, y así ganar competitividad.

Esta perspectiva centra su enfoque en la reducción de los costos laborales y la devaluación del tipo de cambio. De esta forma, omite el impacto negativo que genera la devaluación en la distribución del ingreso, dado que afecta a los asalariados, los jubilados y todos aquellos sectores que tienen ingresos fijos. A su vez, la misma impacta negativamente sobre los comerciantes y pequeñas y medianas empresas que venden sus productos principalmente en el mercado interno.

Los beneficiados de una devaluación son los sectores exportadores, especulativos y de mayor poder de mercado que a partir de un “dólar caro” multiplican su facturación y sus ganancias en pesos. En definitiva, se oculta que para el enfoque neoliberal el salario constituye solamente un costo y por lo tanto cualquier ecuación que permita su reducción redundará en mayor rentabilidad.

Desde esta concepción, se promueve la especialización agroindustrial ligada a las ventajas comparativas estáticas reprimarizando la estructura productiva, lo que genera un impacto negativo en la generación de empleo y los encadenamientos productivos.

El enfoque heterodoxo

La heterodoxia, por su parte, promueve la intervención del Estado con un rol importante como orientador de los procesos económicos mediante políticas integrales que buscan el crecimiento económico con mejora en la calidad de vida de la población.

Este enfoque pone en juego la participación activa del Estado, el rol de los salarios, la rentabilidad, así como la incorporación de ciencia y tecnología para generar un sistema productivo con mayor valor agregado. Critica el abordaje de la mejora de la competitividad únicamente centrado en la devaluación de la moneda debido a sus consecuencias económicas y sociales.

Desde esta perspectiva, las ventajas competitivas de una economía están relacionadas con los cambios técnicos u organizacionales; la competitividad es producto del conjunto de innovaciones y conductas tecnológicas de los agentes que se desenvuelven en un país. Hay un fuerte vínculo entre competitividad, incorporación del progreso técnico, dinamismo industrial y aumento de la productividad.

En el mediano y largo plazo, la competitividad consiste en la capacidad de un país para sostener y expandir su participación en los mercados internacionales, incluido su mercado interno, y elevar de manera simultánea el nivel de vida de su población a través del incremento de la productividad por la vía de la incorporación de progreso técnico. Las ganancias de competitividad genuina y sustentable sólo son posibles con intervención estatal que promueva un reparto equitativo de la renta nacional y la conformación de un sistema industrial integrado.

La última década

Desde 2003, el Estado tuvo un rol muy importante en la definición de las políticas económicas que permitieron una fuerte mejora de la competitividad a través del rol que adquirió el salario, el cual dejó de ser un costo para convertirse en un factor de demanda.

En estas discusiones, muchas veces, se esconde el posicionamiento ante aspectos centrales de la vida económica que necesitan ser develados para evaluar de forma genuina la competitividad de la economía argentina.

Por esto, es necesario no caer en la promoción de políticas de corto plazo que sólo buscan mayor rentabilidad inmediata a partir de una competitividad ficticia basada en el tipo de cambio. Ya conocemos por la historia de nuestro país que los que pierden con la devaluación son los sectores asalariados, quienes tienen ingresos fijos en pesos y la industria local, que es fuertemente dependiente de insumos importados.

Para convertir el crecimiento en desarrollo se debe seguir avanzando en acciones que fortalezcan los encadenamientos productivos y permitan generar una mayor integración de la industria local. Esto, a través de un Estado activo que modifique definitivamente el patrón de crecimiento de la economía, poniendo en el eje de la discusión la defensa de los salarios reales y un aumento significativo de la inversión en educación, en infraestructura, en energía, y en ciencia y tecnología.

* Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

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La historia argentina revela que los que pierden con la devaluación son los sectores asalariados.
Imagen: Rafael Yohai

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-El enfoque ortodoxo sostiene que la solución a la pérdida de la competitividad es la devaluación porque permite reducir los costos laborales en dólares.

-La heterodoxia promueve la intervención del Estado con un rol importante como orientador de los procesos económicos.

-Las ventajas competitivas de una economía están relacionadas con los cambios técnicos u organizacionales.

 
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