Dom 22.04.2012
espectaculos

DANZA › CHANTECLER TANGO, NUEVO ESPECTACULO DE MORA GODOY

Historias cruzadas

El mítico cabaret por donde pasó buena parte de la historia grande del tango es el ambiente elegido por la coreógrafa para ambientar una comedia musical con 29 artistas en escena.

› Por Carlos Bevilacqua

En enero de 2002, cuando el país estaba todavía humeante, Mora Godoy estrenó en la calle Corrientes un ambicioso espectáculo llamado Tanguera. Contra todo pronóstico, a los pocos días se transformó en un éxito de taquilla gracias a sus evidentes méritos artísticos. El suceso se replicó luego en el exterior, ya en contextos socio-económicos más favorables. Diez años después de aquella hazaña, la famosa bailarina renueva la apuesta con Chantecler tango, comedia musical estrenada en el Teatro Alvear (Corrientes 1659), otra vez con una gran producción detrás. Un total de 29 artistas en escena, ocho cambios de escenografía y más de cien trajes dan vida a la puesta, coproducida entre la compañía de Godoy y el Complejo Teatral de Buenos Aires.

Semejante despliegue dio sus resultados. Los nueve cuadros de la obra son piezas ajustadas, de pocas grietas, que tienen dones narrativos y al mismo tiempo sociológicos, en tanto pintan los valores éticos que imperaban en ciertos círculos de Buenos Aires hacia 1940. La trama presenta las costumbres y pasiones encontradas de los personajes que dieron vida al Chantecler, el mítico cabaret del centro porteño en el que, entre otros hitos tangueros, Juan D’Arienzo encontró el estilo que lo distingue como director de orquesta. Pero el relato no es lineal: oscila entre ese pasado de esplendor y un presente con otros códigos, en el que el predio, abandonado, parece tener sólo valor inmobiliario. Excepto para su cuidador, un anciano que revive cada vez que evoca un ámbito que conoció de primera mano.

Los 22 bailarines-actores se reparten roles genéricos, como el de jefe de policía o los de los empleados del local nocturno, y otros específicos, para encarnar seres con nombre y apellido, como la Rithana (bailarina estrella del lugar, interpretada por Godoy), el propio D’Arienzo o “El Príncipe Cubano” (célebre animador interpretado por el hermano de Mora, Horacio Godoy, por estos días de gira y reemplazado por Pablo Ruiz). Los demás roles protagónicos están a cargo de Marcos Ayala (partenaire de Mora, como el comisario), Ariel Pérez, Graciela Caló, Silvia Fuentes y la pareja Iván Romero-Marcela Vespasiano, campeones mundiales de tango escenario 2004.

Las historias, paralelas y por momentos cruzadas, son narradas en un lenguaje que imbrica recursos del teatro y de la danza de manera lograda, sin que se noten costuras. Sí conspira contra la concentración del espectador un intervalo de quince minutos para los poco más de cien que ocupan, en tiempo neto, todas las acciones. Aunque con grados de elaboración bien distintos, impactan especialmente una escena de enredos en los que una empleada borracha se desvive por una botella, por un lado, y otra del Buenos Aires actual en la que Romero y Vespasiano se lucen en un abrazo de técnica irreprochable.

En lo estrictamente coreográfico, el show es ecléctico: se bailan diferentes tipos de tango (milonguero, de escenario, nuevo, canyengue), hay un par de cuadros de jazz (oportunos reflejos de la popularidad de que gozaba el género en los años evocados) y movimientos de la danza contemporánea como un idioma corporal recurrente. Disciplinas diversas que para ser usadas con criterio demandaron de especialistas. Por eso Mora armó un equipo coreográfico integrado no sólo por Caló y su hermano Horacio sino también por Gustavo Wons (una autoridad en cuanto a jazz), Ignacio González Cano (ducho en las posibles fusiones entre tango y contemporáneo) y Juan Manuel Firmani, otro de los bailarines en escena.

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