Vie 28.07.2006
espectaculos

UN ENCUENTRO CON EL GRAN ELPIDIO HERRERA ATAMISQUI

El Keith Richards de Villa Atamisqui

› Por K. M.
Desde Villa Atamisqui

Elpidio Herrera es el personaje más popular de este pueblo de cuatro mil habitantes, 116 kilómetros al sur de la capital de Santiago del Estero, que no se parece a ningún otro. Como en todo pueblo chico, los infiernos son grandes, y no sólo por posibles encontronazos de vecinos: ésta es una de las únicas dos localidades cuyo gobierno local debió ser intervenido, junto con el provincial, tras la caída de Juárez. Pero esta tarde, los atamisqueños han decidido cruzar cualquier posible infierno o purgatorio para reunirse en un patio: el del vecino ilustre Elpidio Herrera, creador de la sachaguitarra, ese a quien León Gieco definió como “el Keith Richards de Atamisqui”.

La excusa del encuentro es el cumpleaños de las Shaguitarras Atamisqueñas. “Felicidades, Elpidio Herrera creador y poeta atamisqueño, en sus 35 años”, dice el pasacalle que cruza el patio de tierra. ¿Y por qué se festeja hoy el aniversario? “¡Pues porque se nos antoja! ¿Qué te has creído, pué!”, dice Elpidio Herrera, y lanza una carcajada. No tiene tiempo para detalles: está ocupado coordinando que todo esté a punto: el horno de barro donde se harán las empanadas, las ollas gigantes donde ya empieza a gestarse el locro, los elásticos de cama que se transformarán en parrilla, los pedidos de Felipe, el nieto que lo tiene embobado... Y también la pantalla gigante donde esta noche se proyectará Sachaguitarra, el sonido del monte, el documental que lo tiene como protagonista.

La actividad forma parte del programa Recuperación y afianzamiento de nuestros valores, que implementó la Jefatura de Gabinete provincial. Una serie de documentales rescata hitos culturales de la provincia, y luego se proyectan en los lugares donde fueron gestados: Quichua en el camino real, Bombos, el latir de la tierra, Mailín, camino de sacrificio y fe, San Esteban y Teleras, tramas y colores de Atamisqui, que también está programado esta noche. Pablo Cisneros, el director de Teleras..., está sorprendido y emocionado: Marta Orellana, una de las teleras que filmó, vino a ver la función en bicicleta. Vive a 7 kilómetros de aquí, en medio del monte, y entre otras cosas tuvo que atravesar un río para llegar.

Al día siguiente, la fiesta sigue. El patio de Elpidio Herrera estrena un terraplén que hace las veces de escenario natural, rodeado de árboles en los que el anfitrión colgó primorosamente calabazas de todos tamaños, esas con las que fabrica sus sachaguitarras, o guitarras del monte, según la traducción del quichua. ¿En qué consiste este famoso instrumento? En una calabaza con cuerdas (llamada “porongo” por estas tierras) que también se toca con arco, como un violín, y que cruza el sonido rústico del violín del monte con el del mandolín. “A Elpidio se lo va a recordar como el creador del último instrumento hecho en la Argentina”, dice León Gieco en el video. La sachaguitarra tiene otras virtudes: es capaz de imitar el sonido de la voz humana, del grillo, del sapo, del tero y de otros pájaros. En esos bichos se inspira Elpidio para crear los temas que nacieron, en su mayoría, en este mismo patio (a quien quiera conocerlos, se recomienda el reciente disco Encuentro, producido por León Gieco).

Hay otras versiones de sachaguitarras, como la bautizada socarronamente “X10”. Con ese modelo, Manolo Herrera, el hijo de Elpidio, muestra cómo suena el rock and roll del monte. Y acompaña a su padre en el tema que surgió tras una visita de Las Sachaguitarras a Alemania: “Trinken, aber nicht sich betrinken”. Algo así como “tomen pero no se machen, porque la fiesta va a continuar”, según sigue explicando la letra. La tarde avanza y los distintos músicos que se lucen sobre el escenario son bienvenidos con cohetes que se cruzan entre los bailarines. Siguen cayendo invitados a la fiesta: el Duende Garnica, Juan José Rocabado, maestro rural quichuista, Mario Tévez, con dos títulos en su haber: es el comisionado (algo así como el intendente) de la localidad vecina de Estación Atamisqui, y también es el hermano de Leopoldo Dante Tévez, más conocido como Leo Dan. Al luthier de bombos Mario Paz se le ha da por recordar a los amigos que faltan, como Domingo Cura: “El tuvo la muerte más linda, sobre un escenario”, dice sobre el bombista. “Lástima que no hubo bombos en su velorio. Si lo hubieran velado en Santiago, ¡flor de joda le armábamos!”

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