futuro

Sábado, 22 de marzo de 2008

METROLOGIA

Curiosidades del sistema métrico

Onzas, kilos, metros y yardas son unidades de medida utilizadas en diferentes lugares para medir las mismas cosas; el sistema métrico decimal, uno de los frutos más permanentes y estables de la Revolución Francesa, no se ha extendido a todos lados y muchas veces, para medir, se usan unidades de medida que se remontan al Medioevo y que producen (a veces peligrosas) y a veces divertidas confusiones. ¿Qué pesa más: un kilo de plomo o un kilo de plumas? ¿Y una onza? Las respuestas pueden sorprender.

 Por Claudio H. Sanchez

“El problema lo hice bien, pero me equivoqué en las unidades.” Esta disculpa es habitual en los alumnos que confunden horas con segundos o kilómetros con metros y terminan calculando que un futbolista es capaz de patear la pelota a 500 metros de distancia o que un avión puede cruzar el océano en quince minutos.

Pero estos problemas con las unidades de medida no son exclusivos de los cursos escolares. Aparecen en todo momento, a veces con consecuencias peligrosas.

UNA CUESTION DE PESO

En 1983, un Boeing 767 de Air Canada, con sesenta y un pasajeros a bordo, se quedó sin combustible en pleno vuelo. Afortunadamente, el comandante del avión también era piloto de planeadores, de modo que, aplicando técnicas de vuelo sin motor, logró aterrizar el avión con todos sus ocupantes a salvo. El aparato se estropeó un poco en el aterrizaje pero, luego de algunas reparaciones, siguió prestando servicio por muchos años más.

¿Cómo pudo pasarle algo así a un avión tan moderno? Al principio, falló el indicador de combustible, por lo que los técnicos encargados del mantenimiento emplearon un procedimiento indirecto: midieron la cantidad de combustible con una varilla graduada en litros y luego hicieron la conversión a kilogramos.

Pero, en esa época, Canadá comenzaba a adoptar el sistema métrico decimal y los técnicos todavía no estaban familiarizados con las nuevas unidades. En algún momento alguien preguntó: “¿cómo se hace para pasar los litros a kilogramos?”. Y le contestaron “hay que multiplicar por 1,77”.

En realidad, el factor correcto es 0,8. Multiplicando por 1,77 se pasa de litros a libras (1 libra = 0,453 kg). En pocas palabras: en vez de cargar los 20.000 kilogramos necesarios para el vuelo, cargaron solamente 20.000 libras, que es menos de la mitad.

La historia registra otras confusiones entre el sistema métrico y el inglés. Por ejemplo, la Mars Climate Orbiter, una sonda que debía tomar datos de la atmósfera marciana, fracasó en 1999 por uno de estos problemas de unidades.

Mientras los ingenieros responsables del diseño trabajaron en centímetros, metros y kilogramos, los técnicos de la misión lo hicieron en pulgadas, pies y libras. ¿O sería al revés? En cualquier caso, la sonda, que debía sobrevolar el planeta a una altura de 150 km, lo hizo a menos de 60 y se estrelló. “La gente a veces comete errores”, se disculpó un vocero de la NASA. Ese error representó una pérdida de 125 millones de dólares. Ni más ni menos.

Algo parecido debió haber pasado en los años sesenta, mientras se diseñaba el avión supersónico Concorde, un proyecto anglofrancés. Mientras los franceses trabajaban en el sistema métrico, los ingleses lo hacían en el propio. Uno se pregunta cuántos errores se producían al interpretar en un sistema los datos expresados en otro. Eso sí, cuando llegó el momento de desarrollar los aviones Airbus se decidió trabajar en el sistema métrico.

MILLA MAS, MILLA MENOS

El problema con el sistema inglés es que es confuso. Una misma unidad puede tener distintos valores, según el caso en que se la aplique. El caso más simple es el de la milla. Está la milla terrestre –equivalente a 1609 metros– y la milla náutica, usada también en aeronavegación, que equivale a 1853 metros.

Esto da lugar a una situación curiosa. Supongamos que hay dos ciudades, una en tierra firme y otra en una isla cercana. Separadas por el mar, la distancia entre ellas se mediría en millas náuticas. Pero, si se construyera un puente que las uniera, la distancia pasaría a medirse en millas terrestres.

Algo así ocurre efectivamente en aviación: las distancias de vuelo se miden en millas náuticas, pero la visibilidad se mide en millas terrestres. De modo que, si nos dicen que la visibilidad es de, por ejemplo, seis millas (terrestres, unos nueve mil seiscientos metros), no podremos ver un aeropuerto que se encuentra a cinco millas y media (náuticas, casi diez mil doscientos metros).

Un acertijo muy viejo pregunta qué pesa más, un kilo de plomo o un kilo de plumas. La respuesta, obviamente, es que pesan lo mismo: un kilo es siempre un kilo. Con el sistema inglés podemos plantearlo de modo diferente: ¿Qué pesa más: una onza de oro o una onza de plumas?

La respuesta en este caso no es que pesan lo mismo. Para pesar oro y drogas se usa la onza troy, equivalente a unos 31 gramos. Para el resto de las sustancias se usan las onzas avoirdupois, equivalentes a un poco más de 28 gramos. De modo que una onza de oro pesa más que una onza de plumas. Aproximadamente un 10% más.

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