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Viernes, 4 de septiembre de 2015

ESCENAS

El sometimiento incandescente

Un vínculo sado en Venus en piel, la pieza dirigida por Javier Daulte, brota en escenas alucinadas de humillación.

 Por Alejandra Varela

Ella actúa todo el tiempo y él se deja envolver por ese desparpajo que la lleva a comportarse rápidamente como una directora de escena.

Poco le dura a Vanda su jueguito demandante. Ella maneja los tiempos y golpea en la nuca a Tomas cuando le demuestra que es una actriz con la suficiente solvencia para darle luz a esa figura del siglo XIX que lleva su mismo nombre.

Pero Tomas también se ve forzado a la representación. El debe simular que es un director, aunque su naturaleza no se adapta al dominio ni a las órdenes. La actuación es la materia que estimula la trama en Venus en piel y necesita del escenario para brotar como parte de una alucinación, de un instante incandescente, aparecido gracias al deseo de Tomas por ser humillado.

La obra de David Ives se estructura en dos planos, recurso para darle contemporaneidad a una novela del siglo XIX de la que Ives extirpa el dato fogoso de su anécdota. Leopold Sacher-Masoch se inunda de una forma femenina vaciada, despojada de carácter, para ensayar allí las posibilidades que tendría esa mujer si disfrutara de los mismos beneficios que un hombre. Es un experimento llamado Vanda, que al encontrarse con un caballero ansioso por ser sometido, empieza a encarnar el poder en una escena privada que no deja de tener sus aristas de rebelión aunque esté habilitada por un hombre.

Pero un éxito de Broadway reclama actualidad, entonces Ives sitúa a esta pareja sadomasoquista en un teatro de cualquier capital del mundo donde un director, un tanto desangelado, busca a la actriz que componga a este personaje en una suerte de identificación extrema. Los dos se verán devorados por la historia que deben ensayar y no querrán moverse de ese escenario donde el resorte ficcional deviene en catarsis de un deseo que no acepta ser encuadrado bajo las normas de lo real.

La práctica sadomasoquista es un pacto donde el placer no se lee en el idioma de la violencia, pero también es una gran representación. Especialmente en la puesta de Javier Daulte, donde lo que ocurre nunca deja de transitarse en los códigos de la comedia.

Roman Polanski no podía resistirse a la perversidad que se paladea en esta obra, entonces, en su versión cinematográfica, se interna en el despojamiento humano que deleita a Tomas, un Mathieu Amalric herido gozosamente por la mirada aniquilante de Emmanuelle Seigner, una Vanda robusta, implacable, que crece mientras él se deja aplastar, embelesado.

La dirección de Daulte elude ese vértice un tanto oscuro, que también podría conspirar contra la propia trama y decide reforzar el carácter ficcional de esta dramaturgia. Esos pasajes donde el texto articula el vínculo entre el director y la actriz con el encuentro entre los personajes de la novela de Sacher-Masoch, la ambigüedad entre lo real de la situación casi como una excusa o apariencia para que la teatralidad permita la realización de una escena más oculta, ajena a ese afuera donde no va a tener continuidad, se predisponen a ser contados desde un humor que los vuelva más digeribles.

Carla Peterson ofrece una Venus terrenal, disimulada, fácilmente identificable y, como aquí se trata de teatro, el trabajo actoral está más direccionado hacia el espectador que hacia su partenaire. Tanto Peterson como Juan Minujín demuestran que la actuación es también un modo astuto e invisible de enamorar al público, de convencerlo y de darle un suntuoso protagonismo a la acción de contar.

El gesto puede no ser definitivo, las escenas pueden ser intencionalmente falsas pero lo cierto es que Vanda y Tomas permanecen allí y que todos los procedimientos efectistas que amenazan con que un hecho del orden de lo real clausure la historia, pasan como ráfagas de un peligro que nunca va a acontecer.

Venus en piel es un texto sobre el teatro y un modo de volcar las teorías freudianas sobre el masoquismo femenino para transformarlas en estrategias, en una masculinidad que se feminiza o simplemente se niega a reproducir su rol.

Venus en piel. Jueves a las 20.30, viernes a las 20, sábados a las 20 y 22 horas y domingos a las 20 en Paseo La Plaza. Corrientes 1660.

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