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Viernes, 21 de octubre de 2016

ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES

Abrazar la inmensidad

Uno de los desafíos que dejó el ENM de Rosario es aunar nuestras voces y generar estrategias regionales que superen el encuentro anual de mujeres, trans y travestis en lucha contra el patriarcado. Por eso, la Mesa de Feministas del Abya Yala en Resistencia, que funciona desde hace nueve años en los Encuentros, es de vital importancia para escucharnos, intercambiar contenidos y planes de lucha que nos mantengan conectadas y en alerta en toda Latinoamérica.

 Por Claudia Korol

Año a año, los Encuentros Nacionales de Mujeres van creciendo hasta desbordar las fronteras impuestas a nuestros pueblos por la colonización. Se “desborda” la frontera “nacional” hacia la experiencia de un continente en cuyos territorios nos levantamos, como guerreras de la vida. Se “desborda” la frontera delimitada por la lógica de la heteronormatividad. Mujeres, lesbianas, trans, travestis, que desde hace más de cinco siglos hemos sido invisibilizadas, negadas, borradas de la historia; nos “aparecemos” por miles, cambiando la historia, haciendo que la vida ya no pueda ser pensada ni sentida sin nosotras. Nos reconocemos en la disidencia frente a los mandatos del patriarcado sobre nuestros cuerpos e identidades.

La fuerza nace de la magia de mirarnos llegar, ocupar las calles, pintar las paredes con nuestros dolores y sueños. Desde esa energía cuestionamos la vida cotidiana, las instituciones patriarcales, nuestras propias creencias, las organizaciones de las que somos parte, el lenguaje, la estética, las religiones, la Academia, revolucionando nuestras revoluciones. Sentimos la fuerza de nuestro poder colectivo, y corremos los límites que nos pretenden marcar los machos violentos, que creen que el terror tiene la última palabra. Ya no. Entre lágrimas nos reímos, porque sabemos que somos nietas de las brujas que no pudieron quemar... pero también somos hermanas, madres, hijas, compañeras, de las mujeres, las lesbianas, las travestis y trans asesinadas por la violencia patriarcal. “Nos tienen miedo porque no tenemos miedo”, cantamos como conjuro, y fortalecemos las redes que dicen que “si tocan a una, tocan a todas”.

La noticia vuela. Desde distintos rincones del continente llegan compañeras que no quieren quedar afuera de la fiesta. Colombianas, paraguayas, bolivianas, uruguayas, chilenas, mexicanas, peruanas, brasileñas, venezolanas, centroamericanas, argentinas, marcan en su calendario la fecha del Encuentro, y llegan. Hay una cita que funciona hace 9 años en el marco del Encuentro: la Mesa de Feministas del Abya Yala en Resistencia. Somos feministas que hacemos ejercicios de autonomía, autogestión, autodefensa, soberanía alimentaria, defensa de los territorios, salud, comunicación y educación popular, redes contra las violencias, producciones gráficas, talleres de poesía, fútbol. Feministas populares que andamos con nuestras ancestras para todos lados, y bordamos nuestra rebeldía en mantas coloridas, que nos acompañan en celebraciones en las que se teje una espiritualidad rebelde y gozosa, donde las revoluciones más distantes y las más íntimas tienen su lugar.

La primera vez fue en Neuquén, en el 2008. En esa oportunidad, nos acompañó la activista Piedad Córdoba Ruiz, quien llegó a buscar solidaridad de las mujeres latinoamericanas para la lucha por la paz en Colombia. Desde el 2009, tuvimos la presencia de compañeras hondureñas, que denunciaron el golpe de estado, frente a la perplejidad de quienes creían que había pasado el tiempo de las dictaduras, de rostro militar o civil. En el 2011, Berta Cáceres, líder del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) llegó al Encuentro de Bariloche. Ahí nos habló largamente de las batallas del pueblo lenca en defensa del territorio, los ríos, los bosques, la vida de las mujeres y el cuidado de la naturaleza. En 2012, se hizo fuerte la presencia de hermanas de Paraguay. Venían a denunciar un nuevo golpe de estado en el continente. Este año recibimos a las compañeras de Brasil. Constatamos que los golpes de estado siguen siendo modos de control del capitalismo patriarcal y colonial. Muy fuerte volvimos a gritar la consigna creada por las hondureñas: “Ni golpes de Estado, ni golpes a las mujeres”.

En esas Mesas Latinoamericanas no faltaba jamás el vozarrón de Lohana Berkins, hablando o cantando consignas, haciéndonos reír, agitando. Compartimos las peleas por su derecho a participar como travesti, dando lecciones sobre lo complejo de confundir al feminismo con un destino determinado por la biología. Este año la mesa latinoamericana comenzó pensándola, sintiéndola, y contándole que ahora el taller de las travas reunió a cientos de compañeras organizadas, que continúan esa lucha. También llamamos a Diana Sacayan, activista travesti, asesinada un año atrás, cuando la esperábamos en el Encuentro de Mar del Plata, para el cual había pintado su cartel: “Travajo ya”. A ella le dijimos que seguimos exigiendo Justicia frente al brutal travesticidio, sabiendo que al hacerlo nos comprometemos a luchar por justicia para todas las travas que siguen siendo asesinadas. Invitamos a que llegue con nosotras Berta Cáceres, asesinada el 2 de marzo en Honduras, y fuimos nombrando y convocando a quienes nos faltan tanto pero están, y son parte del bordado de nuestras rebeldías.

Tejiendo redes

Las mesas de Feministas del Abya Yala son citas para tejer solidaridades. Nuestro corazón latió fuerte cuando la compañera kurda Dilan Bozgan denunció la guerra de ISIS contra las mujeres, y nos llamó a la solidaridad con la que definió como una revolución “de las mujeres, para las mujeres”.

Las lágrimas y las sonrisas fluyeron por más de dos horas, amplificadas por la Radio Feminista, que realizó un gigantesco y colectivo esfuerzo de comunicación. Liliana Daunes leyó el documento que expresa nuestros acuerdos de lucha común contra el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo. Colectivas feministas que participan del Frente Darío Santillán y Corriente Nacional, el Movimiento Popular La Dignidad, ATE y CTA Autónoma, Pañuelos en Rebeldía, Feministas al Oeste, las Azucenas, la Cátedra Libre Virginia Bolten, la Marcha Mundial de Mujeres –entre muchas otras– expresamos en el documento: “El grito de ‘Ni una menos’ avanza ganando corazones y conciencias en nuestro continente... Desnaturalizar la violencia histórica contra nuestros territorios cuerpo y territorios tierra, es una acción no de élites, sino de mujeres del pueblo movilizadas, ocupando las plazas, las calles, las paredes, las escuelas, los medios de comunicación, las universidades, los barrios. Enfrentar la violencia en las casas, de manera solidaria, nos exige romper el silencio. Denunciar fuerte que una gran parte de las violencias comienzan entre las cuatro paredes de las casas, donde es habitual el abuso sexual infantil, y se naturalizan diversas formas de agresión a lxs niñxs. Es necesario para enfrentar estas violencias, llevar el debate también a los movimientos populares de los que somos parte, para terminar con la lógica que escinde lo público de lo privado, y para que la lucha antipatriarcal no sea proclama sino práctica concreta de nuestros colectivos y organizaciones”. Después de la mesa, en un encuentro de las feministas latinoamericanas con las compañeras que impulsan el “Ni Una Menos”, acordamos promover para el 3 de junio de 2017, un “Ni Una Menos latinoamericano”.

Mariana Britos, de la Asamblea de Mexicanxs nos decía al regresar: “Como mexicana, donde en mi país son asesinadas siete mujeres al día, este fin de semana me llena de esperanza. La mesa de latinoamericanas me permitió ver las especificidades de la opresión patriarcal en cada región de Nuestra América, pero también ver las cosas que hay en común, así como reafirmar la convicción de que es una necesidad vital que América Latina sea toda feminista, como dice la consigna. Hay que celebrar la cantidad de mujeres que salimos a marchar, a poner el cuerpo, habitar las calles, alzar la voz, para hacer visible que no somos una ni cien, sino miles las que estamos movilizándonos para combatir al patriarcado”. Chana Boekle, feminista salvadoreña, nos informaba que “En El Salvador el aborto tiene una pena máxima de ocho años, pero en la práctica las mujeres son juzgadas por homicidio agravado, por haber ‘asesinado’ a su hijo, enfrentando penas de hasta 40 años en cárceles, que recaen siempre sobre las mujeres de las clases más bajas. Tuvimos 17 mujeres presas, cumpliendo condenas de entre 20 y 40 años, todas por abortos espontáneos. Mujeres que llegan al Hospital y se despiertan esposadas y presas. Ahora un diputado del partido ARENA, Ricardo Velásquez Parker, introdujo una propuesta de reforma legislativa para aumentar los años de penas por aborto a 50 años. Es una muerte en vida”. Paola Piedrahita, del Congreso de los Pueblos de Colombia, afirmaba: “Las mujeres colombianas nos rodeamos de la fuerza del feminismo popular latinoamericano, para decir que en Colombia la paz con justicia va, pero en pie de lucha, sostenidas por esta solidaridad continental. Vamos por un ‘Ni una menos latinoamericano’. Porque vivas y libres nos queremos”.

El feminismo popular es indígena, campesino, de trabajadorxs, de los barrios. Es un feminismo de migrantes, de mujeres que trabajan de sol a sol, en trabajos invisibles. Bernarda Pesoa, de CONAMURI (Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas) de Paraguay, nos contaba antes de volver a su país: “La experiencia fue muy linda. Participamos en el taller de ‘Mujeres y Pueblos Originarios’, donde se discutió sobre el territorio indígena en Argentina, Paraguay y Bolivia. Hicimos la denuncia de lo que está sucediendo con el desalojo de la comunidad Sauce del pueblo ava guaraní. También fuimos al taller sobre las políticas del cuerpo, donde hablamos de cómo nosotras podemos valorarnos como mujeres. Analizamos el acoso, la violencia que pasamos como jóvenes y adultas. Para mí fue muy impactante”. Francis Monterola, de la Escuela de Feminismo Popular, identidades y sexualidades revolucionarias de Venezuela, nos cuenta: “Para las mujeres indígenas y negras, no había ningún lugar en mi país hasta la Revolución Bolivariana. Por eso la defendemos. Uno de los grandes desafíos es enfrentar la guerra económica y el avance de la derecha sobre nuestros cuerpos”. Relata que como parte de la guerra que la derecha hace contra las mujeres, provoca la falta de alimentos, y de anticonceptivos. “La idea es sacarnos a las mujeres del espacio de participación política que no dio la revolución. Nuestro desafío es sostenernos, y crear la comuna antipatriarcal, socialista, como germen de la revolución que estamos realizando como pueblo”.

Las Feministas del Abya Yala fuimos parte de la mesa convocada por la Marcha Mundial de Mujeres (MMM), que promueve junto a otros movimientos populares una Jornada Continental por la Democracia, contra el Neoliberalismo, para el 5 de noviembre. Nalu Faría, de la MMM de Brasil, nos decía: “Este encuentro nos muestra cómo construir un feminismo amplio, masivo, presente en todos los momentos de la vida. El gran desafío es cómo desde nuestras diferencias construimos una agenda común en la que todas las mujeres se sientan reconocidas”. Nalu marcó el carácter misógino del golpe de estado en Brasil. “Una de las herramientas más fuertes para construir el golpe en la sociedad, era la misoginia. Con un mensaje perverso, que decía que los varones tienen poder y tienen el acceso a los cuerpos y la vida de las mujeres. Por eso oponen la imagen de Dilma a la de la mujer de Temer, una mujer ‘recatada’, diciendo que las mujeres tenemos que estar bajo el mando de un hombre, de un marido. La única manera de enfrentarlos es con nuestra lucha, con nuestra capacidad de organizarnos y no callarnos. De decir fuerte, que ‘sin feminismo no hay socialismo’.” Beth Cerqueira, del Movimiento Sin Tierra de Brasil, afirmó que va a llevar la experiencia vivida a su país: “Estoy energizada, y vuelvo con la idea que tenemos que hacer un encuentro como éste en el Brasil. El patriarcado, el capitalismo, las derechas, están provocando un retroceso. Necesitamos más espacios de diálogo, conspirar más. Estoy segura que es posible internacionalizar este encuentro”.

Otro tema conversado, fueron los modos de “cuidar a las defensoras de los territorios”. Luna Contreras, feminista llegada desde el Perú, compartía que allí están debatiendo “la vulnerabilidad de mujeres como Máxima Chaupe. Un desafío ‘es encontrar modos comunitarios de asumir la defensa, ya que la individualización nos está golpeando’. ...Decía sobre el impacto del encuentro: “Estoy emocionadísima de ver cómo estos encuentros feminizan las ciudades, las llenan de energía creativa, de alegría, de nuestras voces, de nuestras demandas, de nuestras danzas”. En el mismo sentido, la hondureña Daniela Galindo afirmaba, recordando la represión frente a la Catedral, y con el gusto a los gases todavía en la garganta: “Nos provocaron para que fuéramos violentas, intentaron que nos fuéramos tristes. Pero sus estrategias no son las mismas que las nuestras. Es más grande y más fuerte el saber que éramos miles gritando juntas ‘Basta de patriarcado’. El saber que Berta estuvo entre nosotras”.

Los Encuentros Nacionales de Mujeres rehacen los espacios que ocupan en clave crítica. Los pañuelos verdes son señal de identidad. Las escuelas se abren para dar clases de feminismo, en los talleres y en los alojamientos colectivos. Las plazas se festivalean. Movilizaciones grandes y pequeñas se cruzan como pequeños arroyos, ríos y en un momento se vuelven una marea violeta y verde. Una frase de la costarricense Alina Cedeño sintetiza así lo vivido: “Un mar de mujeres en luchas y resistencia, con la intención de exigir nuestro derecho a vivir en paz”. “Fue como abrazar la inmensidad, y saberse acompañada”.

Nuestro desafío ahora, será cuidar la fuerza y la unidad de los encuentros, frente a los debates que nos atraviesan. Ser inteligentes y creativas, para no reproducir las políticas patriarcales que históricamente buscan fragmentarnos. Porque con vida nos queremos, nuestro desafío ahora es cuidar el mar, y la inmensidad.

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