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Viernes, 3 de mayo de 2002

DOS ESCRITORIAS VISITANTES DE LA FERIA DEL LIBRO

Wei Hui la pasa bomba

Su libro Shangai baby resultó escandaloso en su China natal, aunque para Occidente no relata nada del otro mundo. Denostada por las autoridades de su país, Wei Hui ahora saca provecho y es feliz en Nueva York.

Por Sandra Chaher

Antes que Wei Hui, llegó a la Argentina el mito de Wei Hui: el de la escritora china famosa a los 30 años, el de su libro prohibido y quemado públicamente en China, traducido después a más de 20 idiomas, la comparación que algunos críticos hicieron entre ella y Jack Kerouac... En fin, una impresionante campaña de promoción.Pero también antes que ella llegó Shangai baby, el libro. Una novela en la que la mayoría de los personajes son reales o las situaciones que viven son parte del anecdotario de Wei Hui y sus amigos. Casi el diario de vida de una joven shangainesa ansiosa de ser reconocida como escritora, de sus emociones pendulares entre un joven chino sensible y frágil (también impotente) y un padrillo alemán ejecutivo de una multinacional, y las idas y venidas por fiestas, bares y restaurantes de Shangai, todo perfumado de consumo urbano occidental.
¿Habría Shangai baby sido un best seller si las mismas experiencias las hubiera relatado una joven de Occidente, donde el sexo, las drogas, la homo o la bisexualidad no sorprenden demasiado? Quién sabe, pero Shangai baby es un libro honesto con un par de ideas interesantes. Las “nuevas mujeres” del libro, que son las nuevas mujeres chinas, pero en muchos sentidos las nuevas mujeres occidentales, aunque acá el feminismo haya empezado hace 50 años, son autónomas, saben lo que quieren, se divorcian, tienen sexo a piacere, cuidan su cuerpo, son eficientes, pero siguen entrampadas en una dicotomía que Wei Hui considera intrínseca a lo femenino: las mujeres no podemos separar el sexo del amor. Un hombre cree que puede llegar al corazón de una mujer a través de la vagina, y suele ser así. Una mujer casada tiene un affaire y se divorcia por seguir a ese nuevo hombre con el que quizá lo único que comparte –aunque no sea un dato menor– es la buena cama.
A Cocó, la protagonista, la seducen tanto las profundidades emocionales de la existencia como el sexo que hace perder la noción espacio-tiempo, la vil materialidad de la ropa o el éxito. Wei Hui se reconoce muy parecida a su heroína. Mientras escribía su libro, era una joven escritora china más, con cuatro novelas publicadas, que soñaba con ser popular mientras disfrutaba las noches de Shangai. Desde hace siete meses vive en Nueva York, llegó un día antes del atentado a las Torres Gemelas, y lo que vivió en la ciudad desde ese día dice que la espiritualizó, que ahora valora más las tradiciones de China que cuando vivía allí. Y tiene además un novio japonés que practica el budismo zen y le transmitió la sabiduría oriental a la que quizá por rebeldía ella no se había acercado antes.
“Este libro cambió mi vida. Yo buscaba este cambio, pero no de manera muy consciente. Cuando empecé a escribirlo deseaba contar una historia real, sabía que podía volverse muy popular en China, pero no esperaba que fuera traducido a 25 idiomas y que se volviera tan popular en el oeste. Creo que hubo un poco de destino y otro poco de suerte. Es muy importanteser famoso para un escritor. Es un sentimiento feliz que tu libro sea leído por un montón de gente. Y ser famosa también me da la posibilidad de ser libre, puedo viajar mucho, conocer ‘el otro mundo’. Yo conocía solamente China. Es muy importante para un escritor, le abre la mente. Me siento mucho más rica en mi corazón ahora. En China ser libre es algo muy difícil.”
Wei Hui fue a Nueva York a comienzos de setiembre porque se lanzaba Shangai baby, le ofrecieron ser profesora visitante en la Universidad de Columbia (ella es egresada de la Universidad Fudan, una de las más prestigiosas de China) y se quedó. “Siete meses no es mucho, pero pueden cambiarte, especialmente por el momento en que llegué. La tragedia de las torres puso a esa sociedad frente a una fuerte crisis, la gente se sentía asustada, confundida. Estoy viviendo un momento histórico muy especial y eso me hace pensar mucho. Cuando estaba en China mi libro tenía problemas, cuando llegué a Nueva York la ciudad tenía problemas, si mirás ahora Medio Oriente es terrible lo que pasa, parece que en todos lados hay problemas. Yo podía haber estado muy deprimida en China, era posible, pero decidí que quería ser feliz, y soy muy feliz en Nueva York.”
Shangai baby tiene un final abierto. Cocó está en Berlín, pero no sabemos con quién ni por cuánto. Así quizá ya diseñaba Wei Hui su futuro hace unos años. Cocó en el extranjero, habiendo cumplido el sueño de terminar su novela, quizá sola, quizá no.
–¿Cree que esta “nueva mujer” está destinada a caminar sola su vida, con sus deseos, pero no necesariamente con un hombre?
–Sí, quizá tengas razón, pero si uno puede unir lo que hace con el amor es mucho más feliz. Creo que hombres y mujeres debemos ser iguales, y también creo que las mujeres deberían tener su propia personalidad, ser independientes. La mujer debería ser fuerte, poder sobrevivir sin un hombre, pero no es necesario estar siempre sin ellos. El libro fue escrito hace tres años, yo viví muchas cosas desde entonces, y una de ellas es que el destino de esta nueva mujer no es estar sola. Antes yo creía que una mujer escritora era alguien medio raro, que estaba sola por su extrema sensibilidad, alterada, o triste, que fácilmente se divorciaba o que podía suicidarse. Pero no siempre tiene que suceder esto. Lo que pienso ahora es que una mujer escritora puede ser una mujer muy feliz, atractiva para los hombres, ser esposa, madre y también una escritora exitosa.
Wei Hui vino a Buenos Aires una semana. Presentó Shangai baby en la Feria del Libro y pidió que le concentraran las entrevistas en pocos días para pasear. A mitad de semana ya había ido a la cancha a ver a River, a una discoteca, y planeaba visitar una tanguería. No tenía interés en los shoppings. En la solapa del libro está riendo a carcajadas, con un sweater peludo y glamoroso. Para las entrevistas en cambio usó ropa tradicional china o vestidos ajustados, sexies pero formales. La Wei Hui de la solapa se parece a Cocó, desenfadada. Pero ésta Wei Hui que llegó a Buenos Aires, ya consagrada, es afable y recatada, como si nunca perdiera el control.

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