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Viernes, 28 de enero de 2005

RESISTENCIAS

El corazón en la selva

El libro de la mexicana Gloria Muñoz Ramírez sobre la experiencia zapatista recupera las voces de quienes protagonizaron un movimiento político que desde su inicio interpeló a otros, sobre todo con relación al concepto de poder. Sin embargo, a una década del levantamiento armado, la lucha de las mujeres “dentro de la lucha” sigue abriendo su propio camino.

Por Verónica Gago

Gloria Muñoz Ramírez es la autora del libro EZLN: el fuego y la palabra, un trabajo artesanal que recoge las voces de la experiencia zapatista desde los primeros años pre-insurreccionales (hace ya dos décadas) pasando por el levantamiento del 1 de enero de 1994 hasta la reciente conformación de los caracoles y las Juntas del Buen Gobierno que organizan hoy el territorio chiapaneco rebelde. El libro acaba de publicarse en Argentina (Tinta Limón Ediciones) al mismo tiempo que es traducido y editado en decenas de lugares del planeta.
Desde Atenas, uno de los puntos de la gira europea de presentaciones, la autora –que decidió hace ya años abandonar su vida en la ciudad de México para quedarse a vivir en las comunidades zapatistas– cuenta cómo fue el trabajo de gestación y composición del libro.
–¿Cómo y por qué decidiste quedarte a vivir en las comunidades zapatistas?
–Llegué a Chiapas el 3 de enero de 1994, junto a más de 800 periodistas de todo el mundo. La guerra iniciada por los zapatistas cobraba sus primeras bajas, México y el mundo habían sido sorprendidos por decenas de miles de indígenas que se levantaban en armas en demanda de libertad, democracia y justicia. ¿Quiénes eran? ¿Quién estaba detrás del movimiento? ¿Qué perseguían? Las preguntas eran muchas y se iban acumulando. Durante tres años –’94, ’95 y ’96– mantuve una relación con diversas comunidades en rebeldía. Decido entonces cancelar algunos compromisos en el exterior (trabajo, rentas, deudas, etcétera) y solicito permiso a una comunidad para permanecer por tiempo indefinido. ¿El objetivo? Entender un poco más. Así pasan otros siete años.
–¿Qué significó para vos construir una vida allí?
–Lo más importante de estos años fue convivir todos los días con un pueblo que lucha contra todo, incluidos ellos mismos. Un movimiento de hombres, mujeres y niños como cualquiera, con la diferencia de que todos los días del año se levantan con el reto de levantar una escuela autónoma, de participar en un curso de salud, de organizar una cooperativa, de participar en una asamblea política, de organizar la vigilancia de la comunidad, de ir a sembrar, de organizar un taller sobre el neoliberalismo y sus consecuencias... Y todo esto en una cotidianidad con más de 60 mil soldados encima, con el miedo a los grupos paramilitares, con el acoso permanente de los programas contrainsurgentes. Convivir con esto las 24 horas del día nos deja con la sensación de que tenemos que hacer algo, de que es posible hacer algo..., nos deja con la sensación de que se puede y se debe luchar, que no hay por qué conformarse. Todo esto significó –y significa– construir la vida con las comunidades rebeldes zapatistas.
–¿Qué fue lo que te impulsó a armar y escribir el libro?
–El libro se inscribe en el marco de dos aniversarios zapatistas: el vigésimo de su nacimiento y el décimo del levantamiento armado. Te podría decir que el libro se fue armando solo y que ya para su publicación, en el contexto de los aniversarios, sólo se tuvieron que acomodar las piezas. La primera parte que se concibió, antes de pensar en su publicación en forma de libro, fue la cronología de los diez años (1994-2003). Esta parte la veníamos trabajando en comunidades desde tiempo atrás, a través de diferentes talleres en los que todos aportábamos algo para ir armando la historia. La primera parte del libro comprende testimonios de insurgentes, comandantes y representantes de los pueblos. Ellos y ellas nos cuentan el caminar de los primeros diez años de organización zapatista (1983-1993). A mí, en lo personal, esta es la parte que más me gusta y la que, hasta la fecha, me sigue impresionando. La tercera parte es una entrevista con el subcomandante Marcos, quien en su calidad de jefe militar y vocero del EZLN, hace un balance de estas dos décadas de lucha y resistencia. El objetivo de todo este trabajo es parte de un proyecto colectivo: la campaña “EZLN: 20 y 10, el fuego y la palabra”, concebida por la revista mexicana Rebeldía para celebrar las dos décadas de la lucha zapatista.
–¿A qué se debe la insistencia en la relación entre “el fuego” y “la palabra”?
–Porque estos dos elementos no han dejado de existir durante estos más de diez años. Aunque el EZLN se ha esforzado porque prevalezca la palabra, el fuego no se ha extinguido en Chiapas ni en muchas partes del país, donde la represión gubernamental continúa.
–¿En qué sentido creés que se puede afirmar que el zapatismo inaugura un nuevo tipo de experiencia política?
–Yo no sé si el zapatismo inaugura un nuevo tipo de experiencia política. Lo que sí sé es que es un movimiento que ofrece diversos planteamientos que pone a discusión de otros movimientos: el mandar obedeciendo, la inclusión y tolerancia, la no toma del poder, la horizontalidad en las decisiones, el caminar preguntando, la rebeldía permanente frente al poder, lo ocupe quien lo ocupe, el rechazo a las vanguardias y a la homogeneización de las luchas, etcétera.
–¿Cómo fue el proceso de las mujeres en su incorporación al zapatismo?
–Las mujeres se han ido incorporando a todos los sectores y ámbitos de la lucha zapatista, desafortunadamente a un ritmo muy inferior al que ellas mismas quisieran. Se ha hablado mucho de la “lucha dentro de la lucha”, pues éste es el concepto que engloba la batalla que llevan a cabo las mujeres zapatistas al interior de su organización. Actualmente una tercera parte del ejército zapatista está conformada por mujeres. Es el ámbito político-militar en el que ellas tienen mayor presencia y espacios de participación. Dentro del Comité Clandestino Revolucionario Indígena, es decir, dentro de la Comandancia General del EZLN, tienen una presencia menor a la tercera parte, pero igualmente fuerte. Aquí nos encontramos a mujeres como las comandantas Esther, Fidelia, Susana, Ramona, etcétera. El ámbito en el que las mujeres siguen teniendo una presencia mínima es en el de las nuevas estructuras de gobierno autónomo, es decir, en las Juntas de Buen Gobierno. Aquí las mujeres representan menos del 10 por ciento. Creo que si pudiéramos hablar de un reto al interior de la lucha zapatista nos podríamos referir al de las mujeres, pues están en una lucha diaria por ocupar espacios de opinión y decisión. Han participado, y mucho, en la resistencia armada y no armada del EZLN, como insurgentas y como bases de apoyo, como sanitarias y educadoras, como socias de cooperativas y como administradoras... han puesto el cuerpo frente a los soldados y paramilitares, se esfuerzan por estudiar y sacar a sus hijos adelante... Son, pues, el corazón de esta lucha y aun no ocupan el lugar que se merecen. El logro más importante en estos momentos se encuentra en la educación. Las niñas zapatistas acuden a la escuela y se están formando nuevas generaciones con pensamientos que combaten más de 500 años de usos y costumbres. Hay materias en las escuelas autónomas destinadas a losderechos de las mujeres y es ahí, en estas niñas que nacieron después del levantamiento del primero de enero de 1994, donde está la esperanza de un cambio paulatino.

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