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Viernes, 10 de octubre de 2008

INUTILISIMO

Alerta con los noviazgos largos

No es aconsejable de ninguna manera tomarse la etapa del noviazgo a la ligera, entre mimos y risitas, dejando la seriedad para después de la boda. “La finalidad de este tiempo previo a la vida matrimonial es conocerse mutuamente, por eso no es cuestión de que os la paséis diciéndoos únicamente palabras de amor”, predica el manual Para ti, novia y esposa, firmado por Angel del Hogar (Desclée de Brower, Bilbao, 1966). “Cotejad vuestras concepciones de la vida, vuestras ideas, vuestros gustos, vuestras propensiones, vuestros caracteres, vuestros temperamentos”. Sólo procediendo de esta guisa sabréis si os conviene separaros a tiempo, amigablemente.

Pero aun cuando os descubráis almas gemelas, no basta: “Además del amor y las coincidencias, es necesaria una inteligente comprensión del otro, un esfuerzo y una voluntad de adaptarse, basada en motivos de deber y espíritu de fe, y no inspirada solamente por los sentimientos apasionados o el simple deseo de felicidad”. Angel del Hogar nos notifica que el noviazgo demasiado corto como el noviazgo demasiado largo, resultan perjudiciales, a saber: “Seis meses cuando menos; un año o dos, pero preferiblemente uno”. Es que un noviazgo breve no permite conocer lo suficiente, y “el demasiado largo somete las almas a duras tentaciones porque si los novios se ven con frecuencia se puede desgastar el sentimiento y las rupturas tardías hacen daño, especialmente a la joven”. Lo ideal es que os veáis una vez por semana, si faltan tres años para la boda; no más de dos veces, faltando dos años; no más de tres veces faltando un año. “Si guardáis esta conducta se conocerá vuestra fuerza moral del carácter.”

Atención a los gestos zafados: “Vuestro novio querrá besaros, quizá tienda a hacerlo con harta frecuencia”. En este caso, sugeridle un pacto: menos besos antes de la boda, algunos más después. También es muy posible que intente besaros con suma pasión: alerta, pues, “porque un beso de novio suele entrañar más deseo que amor. Y ante todo necesitáis amor, mientras que él sin duda necesita disciplinar su deseo: a nosotras nos corresponde educarlos”.

Recordad que el noviazgo es el tiempo del verdadero reinado femenino, en consecuencia “es tarea de la joven imponer el protocolo moral a su caballero. Y un joven que se precie nunca ha de ir más allá de los límites que su novia quiere ver respetados. Si en un momento de pasión lo empieza a dominar el deseo de franquearlos, a ella le corresponde, como tiene más sangre fría (sic) apelar a la cordura del novio”.

Por eso, hijas, fijad con claridad vuestras consignas y cuidad firmemente de que no sean traspasadas. Recordad en todo momento que debéis preparar el terreno para una convivencia que no siempre será fácil. Por algo dice el proverbio: “Orad a Dios una vez antes de salir a la guerra, dos antes de embarcaros, tres veces antes de casaros”.

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