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Viernes, 17 de junio de 2011

EL JUEGO DE LAS LAGRIMAS

Una obra de teatro que pone en escena aquello que queda después del abandono

 Por Sonia Jaroslavsky

La medida del amor, claro está, si ese amor se convierte en poquitito, un cachín de amor, un amorcito, puede producir largas sesiones terapéuticas, llamadas desesperadas al call psicóloga en altas horas de la noche, chateos interminables para dar con alguien detrás de ese clic de un teclado solitario y mucho más.

El bajón del día después del “te quiero poco” es el puntapié para meterse en los vericuetos de la mente de Juana (Ximena Seijas) sentada en un gran sillón que la cobija mientras le cuenta sus desvelos a una terapeuta que le gusta la esgrima (Cecilia Pertusi). Acompañadas en piano y canto por Sonia Kovalivker, como un personaje más, transita y propone los climas al servicio de las historias de la vida de Juana y que la otra actriz se sumará como partener haciendo unas veces de amiga, de hombres o mujeres que se cruzan amorosamente en su camino. Es decir, la obra tiene ritmo y la protagonista va atravesando cambios: le cambia el paisaje emocional todo el tiempo, le cambia la escenografía, la luz, se le suman elementos: la coprotagonista (desde sus roles de analista, ex, amiga, etc.) le sostiene esos rounds y la pianista ambienta y canta esas mutaciones.

El material surge de once cuentos cortos que escribió Adriana Gómez Piperno “salidos del horno de la terapia del duelo”: “Como no entendía, me puse a escribir, y del tequieropoco salieron textos cortos. Me acerqué a lo descabellado a través de las imágenes y los sentidos. Los colores, el tacto y el gusto están muy presentes en la obra, rodeándola poéticamente. Las golosinas son un capítulo aparte, porque soy absolutamente golosa, condición que, lejos de esconder en nombre de algún infantilismo, ostento con gallardía. Juana tiene mucho de mí, y que conjura las negras profundidades y los dolores insoportables con giros poéticos, juegos de palabras, imaginerías simpáticas, rodeos antidrama. Lo que la hace mover es la incomodidad, e intenta sacudírsela como si fuera polvo”.

Gómez Piperno escribe desde siempre: es periodista, ensayista, traductora y tiene una pequeña editorial llamada Ediciones Tiramisú, pero nunca pensó que iba a terminar escribiendo una obra de teatro. La culpa la tiene Juan Arenas –vecino del PH de la ahora dramaturga–, actor y director teatral, que entre entrada y salida de su felino por los pasillos de la propiedad horizontal, se cruzó con el material de su buena vecina y enseguida quiso llevarlo a escena. “La obra da saltitos –sigue Adriana–, no te deja entrar y relajarte en la carcajada porque ya te está proponiendo una desilusión, y después se ríe de ella y hace un nuevo rulo para pasar al próximo descontento, en una vía de descubrimientos y con la promesa de algún tipo de redención, que nunca se sabe bien si llega.” Te quiero poco, y todo lo demás es el segundo espectáculo que dirige y produce Juan

Arenas, el primero había sido Líneas de absorción. El director cuenta que la obra está enmarcada en el consultorio de una psicoanalista freudiana, pero que debía contener un elemento fundante, mágico, que equilibre la presencia del piano como objeto. “Creo que la conversión del sillón en diván está emparentada con la conversión del inconsciente de Juana, que superando su duelo abre paso a un mundo lleno de descubrimientos y golosinas, a un mundo nuevo que tiene que ver con ‘el saber hacer con eso’ al que uno se embarca en un análisis.”

Los asuntos de Te quiero poco...”van apareciendo como mamushkas, salen unos de otros. Lo que se rompe, el desamor, la confusión, la belleza, lo femenino, la ambigüedad, el amor; cada espectador puede conectar con una zona de intersección propia”, dice Adriana. También, continúa la escritora, la obra abarca a: “En Te quiero poco... nos reímos del patetismo de la cuestión rosa, de la misma idea de rol, como si se pudiera inscribir a una persona en un lugar tan redondo y absurdo. Pero, por otro lado, lo que Juana busca es dar toda la vuelta, es decir, ser reconocida por su inteligencia y perspicacia (cualidades más asociadas tradicionalmente a lo masculino), ser abordada como un digno rival dialéctico y no desde cierta fragilidad intrínseca al género, pero a la vez ser tratada como una delicada flor”.

* Te quiero poco, y todo lo demás. Sábados a las 23. Camarín de las Musas. Mario Bravo 960. 48620655. $ 45 y $ 30 (descuentos para estudiantes y jubilados).

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