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Viernes, 22 de junio de 2012

MUSICA

Glamorosa percusión

Vivi Pozzebón presenta su nuevo disco Madre baile, un homenaje al baile, pero también a las mujeres que lo han transmitido a través de diversos géneros musicales en Latinoamérica.

 Por Andrea Lacombe

Tal vez para quien no sea cordobés hablar de Madre baile tenga una connotación bastante unívoca que hace pensar en el baile como raíz u origen, en un significado casi uterino. Sin embargo, lo polisemia cordobesa nos lleva por caminos menos reproductivos y más matriarcales, donde el uso del término madre crea una complicidad mujeril, de cariño entre pares y la fórmula se completa con la invitación a participar de una escena donde el baile es sustantivo y verbo, como en un vamos a bailar. “El espíritu del disco es de baile, de movimiento, de ritmo y de ritmos, de mucha apertura en lo musical y en las energías que les dieron sabor a cada una de las canciones. Para eso elegí el cuarteto cordobés como icono”, explica Vivi. “Es un disco con una intencionalidad política que fue creado en forma colectiva”, afirma la música cordobesa, quien está secundada por un equipo de artistas, antropólogas, filósofas que colaboran en darle forma a ciertas ideas que le van surgiendo, donde el rescate de las búsquedas vanguardistas en la música latinoamericana funciona como hilo conductor.

Y la vanguardia empieza por casa. Buceando en los orígenes del cuarteto con la intención de escribir un tema que reivindicara este ritmo cordobés bastante vapuleado por su carácter popular, se desencontró con que su creadora era una mujer, Leonor Marzano, “en ese ambiente tan machista en el que la mujer es sólo la minita que va al baile”, cuenta Vivi. Sin embargo, el nombre del grupo encabezado por Leonor Marzano, “el Cuarteto Leo”, fue perdiendo la pertenencia de esa “Leo” androginizándose en un Leo que no reivindicaba a su creadora, velando by default la feminidad de su origen, la cual la percusionista cordobesa quiere rescatar.

El proceso de composición del disco también sumergió a Pozzebón en una reflexión sobre el lugar de la mujer en los movimientos musicales populares. Podríamos decir que la apuesta de Vivi Pozzebón es un modo de develar también una doble subordinación de este ritmo: como creación femenina y como género musical denigrado. “Ni yo ni la Leo somos la minita que va al baile, somos las que subimos al escenario, las que componemos y es en ese sentido que rescato el papel de la Leo, como una compañera de camino. Históricamente somos la misma mujer: la que genera el movimiento, la que escribe la música, la que trasmite las ideas. La Leo no cantaba, componía y tocaba el piano. La primera vez que Miguelito Gelfo (hijo de la Leo) escuchó ‘Madre baile’ se quedó de una pieza, porque no es común un cuarteto en la voz de una mujer. Siempre (con poquísimas excepciones) ha sido interpretado por hombres”, rememora Pozzebón.

Es que Vivi siempre transitó la trasgresión de un camino forjado, siendo mujer y percusionista. Ecléctica, nunca se conformó con los espacios a los que suelen quedar relegadas las mujeres en la música ni en hacer la música que a veces se espera de ellas. Vivi no es una música popular, pero se muestra dentro de este ámbito al mismo tiempo que el rock, la música étnica, el folklore latinoamericano o el punk feminista. Está acostumbrada a habitar las bisagras, nexo entre estos mundos, y es justamente allí donde reside la particular riqueza de su identidad musical.

Road movie musical

Así define a su nuevo disco, un mapa en movimiento que empieza por Córdoba y trae a la luz cierta coloración latinoamericana, esa que transpira, desborda y mixtura.

Además del homenaje que se le rinde a Leonor Marzano, el disco tiene canciones que han sido conocidas a través de cantoras potentes de Latinoamérica, en un rescate a ese empuje que cada una representó: Violeta Parra, las argentinísimas Actitud María Marta y la inclusión de una música como “Na cadencia do samba”, tema fetiche de la cantante brasileña de rock Cássia Eller que supone un doble guiño: mostrar los corrimientos y amalgamas entre estilos musicales y resaltar la figura de esa mujer que reivindicaba su sexualidad arriba y abajo del escenario en un ejercicio del empoderamiento lésbico.

La opción por las fusiones es palpable en la inclusión de “Sulky”, tema compuesto por Gustavo Ceratti al que Pozzebón llegó investigando la figura del legendario percusionista Domingo Cura, un innovador dentro del folclore argentino; en las fusiones rítmicas del samba-festejo “¡Qué linda parejita!” o en la recuperación de la religiosidad popular latinoamericana del chamamé “Santitos”. “Para una percusionista –cuenta Vivi–, es muy tentador hacer ritmos de lugares como Cuba, Brasil o Perú, puntos indiscutibles de la percusión en nuestra América, pero es un desafío valorizar la percusión de los ritmos argentinos reivindicando con esto las huellas africanas del folklore local. Resulta que acá también hay ritmo, hay baile, en el cuarteto, en la chacarera, en la milonga, en el chamamé; hay y hubo tambores y, por ende, rastros de negritud. Nuestra música hace innegable la presencia negra en Argentina, aunque las políticas de turno se hayan encargado de matarlos y de borrar rastros”, afirma Vivi.

Tamboreras

En el año 1995, Vivi comenzó a participar en dos proyectos que marcarían su carrera: De boca en boca –un cuarteto de mujeres que desde la voz y la percusión presentaban un amplio repertorio de música étnica– y Combo 9 pimienta, un ensamble de percusión formado por nueve mujeres que interpretaban un repertorio afrolatino. De boca en boca tuvo amplia repercusión a nivel internacional y continuó durante más de una década, pero en Combo 9 pimienta conoció a Lili Zavala con quien siempre tuvo esa complicidad de ser mujer en la percusión. Zavala emigró a Suecia, donde reside actualmente, pero ambas siguieron tocando juntas cada vez que era posible. “Los caminos que recorríamos, ella en Suecia y yo en la Argentina, nos daban confianza, era un modo de sentir que una no está sola en este mundo tan masculino de la percusión. Lili es una comadre, cómplice en este acercamiento musical que se abre como un abanico, nos supera y se desparrama como un reguero de pólvora y así surgió la idea de armar una red de mujeres percusionistas a la que denominamos Tamboreras, una alianza de mujeres productiva y poderosa”, cuenta Vivi con entusiasmo. Este proyecto artístico-político coloca en foco las relaciones socioculturales que se constituyen en el momento en que las mujeres se acercan a la percusión. “Por inseguridades, trabas, miedos y/o presiones sociales, en algunas oportunidades nos sentimos excluidas del rol de percusionistas”, explica Vivi, razón por la cual uno de los principales objetivos es el de formar una red de mujeres percusionistas que les permita intercambiar información, contactos laborales y experiencias artísticas y conformarse como una comunidad de trabajo. La propuesta se comporta tanto como espacio práctico en el que se vivencia la experiencia corporal de tocar los tambores, como en un colectivo de reflexión sobre las particularidades de ese acercamiento. Ser una red de mujeres crea una atmósfera particular de intercambio de opiniones e inquietudes sobre el lugar de la mujer en la colectividad de músicos y más precisamente de percusionistas. “Creemos que esta labor contribuirá a mejorar la situación de las integrantes de nuestra comunidad laboral como músicas, artistas, mujeres y personas, valorizando el desarrollo de nuestras diferencias, abogando por nuestra autenticidad, entrega y goce al momento de tocar los tambores”, afirma la música.

Si bien existe una dirección artística y conceptual dada por Zavala y Pozzebón, la palabra y actuación de las otras percusionistas que participan componen una horizontalidad que se refleja en el escenario. “Somos mujeres tocando el tambor y eso significa también volcar nuestra sensualidad en el show, mostrar el glamour y la plasticidad de la feminidad a diferencia de la fuerza y la velocidad que suele ser lo que se pone en juego entre los hombres que hacen percusión. Nosotras estamos intentando conectarnos con la musicalidad y el diálogo entre los tambores como un diferencial”, alega con orgullo Pozzebón.

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Vivi Pozzebón presentará
el 27 de junio a las 20.30
en Ciudad Cultural Konex
su espectáculo Madre baile.
Sarmiento 3151, CABA.
011-4864-3200
 
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