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Viernes, 22 de junio de 2012

CINE

¿Soy leyenda?

En Angélica, dos realizadoras sub-30 capturan vida y obra de una empleada doméstica en un retrato –intencionalmente– inacabado y en primera persona.

 Por Guadalupe Treibel

De Angélica se conocerá, a saber: que carga con 22 llaves y sabe en qué cerradura va cada una de ellas; que adora la sensación de sus pies descalzos sobre el piso mojado pero –por esos giros irónicos de las circunstancias– le dan pavor las inundaciones (“el único miedo que tengo”); que sus pies le parecen hermosos, “flaquitos y bellos”; que es fanática de River y, con sus setenti, ya planea que sus cenizas sean desparramadas por la cancha de sus amores. Se sabrá algo de sus vínculos, de sus espacios, de sus pasiones. Se sabrá que es inquieta, enérgica y dulce. Que es inconscientemente expresiva y conscientemente golosa.

En plan “retrato cinematográfico”, ésas son las piezas que reconstruyen el pequeño rompecabezas de un personaje mínimo (por contextura) en el relato mínimo (por definición) de Angélica, ópera prima de las realizadoras Johanna Sporn y Lucía Vela. En 50 minutos, el documental –que “en ningún momento intenta ser una biografía con fechas o años”– de la dupla (ambas tienen 25) es un recorte donde los espacios habitados –primero– se descontextualizan para, más tarde, resignificarse (¿suena a Linklater?), donde la mirada personal de las directoras aporta tanto como los ojos de un personaje que atraviesa ventanas, donde un silencio sí vale más que mil palabras y fabrica mundo. O cine. Que, para el caso, es lo mismo.

“En un comienzo, nos propusimos responder a preguntas que, ahora, nos suenan megalómanas. Lo mejor que nos pudo pasar es que el relato se volviera algo más pequeño; que el detalle de una cara respondiera inquietudes que no tienen manera de formularse”, cuenta –sobre el puntapié inicial– Vela.

¿Cuáles fueron esos primeros interrogantes?

L. V.: Si, por ejemplo, hay un momento en el que uno deja de desear y pasa a vivir del recuerdo. Queríamos indagar sobre el paso del tiempo y el cuerpo de una persona mayor.

J. S.: Tratamos de pensar qué es la identidad, qué nos define como personas, cómo se construye eso, cómo nos definimos. Pensar la diferencia entre la historia de uno –compuesta por recuerdos– y la duración total de una vida –donde es imposible ser minucioso y poco tiene que ver con el recuerdo–. Lo lindo fue darse cuenta de que nunca se alcanza una respuesta única, que hay distintos caminos para recorrer esas preguntas.

En el film, los grandes protagonistas que acompañan a Angélica bien podrían ser los espacios y el silencio. ¿A qué responde esa elección de ponerlos en primer plano?

L. V.: Tienen muchas razones de ser. En principio, al haber trabajado Angélica en distintas casas a lo largo de su vida, ella se ha apropiado de esos espacios. Todos los espacios de la ciudad podrían ser suyos y formar parte de su llavero con nombre. Ella los llena de sentido. Por eso, optamos por mostrarlos vacíos al principio y, cuando ella está presente, trabajando, ver a través de ventanas, ver el mundo de afuera, ver que hay otras Angélicas allá afuera. Todos esos baches responden al espectador; si no hubiera un espectador que contestase a esos huecos, ¿para qué mostrar el film? Mejor dejarlo en un cajón. Por eso es reimportante que alguien la vea, para completarla.

Una particularidad del relato es que se da licencia artística para “recrear” ficcionalmente ciertos momentos no tal cual fueron sino como “deberían” haber ocurrido...

L. V.: Tiene que ver con cosas que ella dice pero nunca va a afirmar y, a la vez, con nuestra mirada. Son momentos muy cinematográficos que quisimos remarcar, momentos que –si los guionás– no te salen.

Angélica se presenta en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131) el domingo 24 de junio a las 17 hs. (puntual). Entradas $ 20 en boletería o por Ticketek.

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