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Viernes, 22 de junio de 2012

VISTO Y LEíDO

Piedra, papel o madera

Un pedazo de atmósfera (Gog y Magog), segundo libro de poesía de Marina Gersberg, es un río bravo que amenaza con salir de su cauce pero avanza, como el tiempo, sin piedad.

 Por Flor Monfort

Una narradora que es puro proyecto, eyectada al mundo de una familia de clase media alta ilustrada (“En los cumpleaños, la piñata progre: siempre vacía / todos esperamos cosas de plástico”), que transita un estar ahí atento y ruidoso, tan urbano como silvestre, encerrado y a cielo abierto (“Un viaje al campo, / con gritos en el auto. Llegamos / me tiro de un caballo / que va lento galopando).

Las notas de la naturaleza se basculan con el ámbito doméstico y conviven con crudeza. El campo de batalla del hogar (la familia) toma forma de objetos, herencias, dinero, propiedades que también son junco, tierra, agua, madera. La observación del universo de la pareja con un pie adentro y otro afuera (No es lo mismo que yo te mire a vos o vos / a mí: se trata de vernos los dos), la simultaneidad de lo que vemos en los padres, lo que no queremos repetir y lo que nos es inevitable reversionar. Una pareja que es tan de hoy como de mañana, como si pudiera verse en paralelo esa unión de los padres jóvenes con la joven que ahora encarna una pareja y engendrará los hijos capaces de escribir una nueva historia, diferente pero parecida. O no, desmarcarse de ese camino y volverse otra: escritora, observadora, testigo y protagonista. Todo está por hacerse en este pedazo de atmósfera.

Hay algo de los ’90 en el devenir mujer de esta narradora y allí está ella, indefinida entre la adolescencia y la juventud, la niñez y la vejez, contando pesos, cruceros, departamentos partidos, convertidos en meros números (Tuvimos auto, lancha y casa en un country / Tenemos tres departamentos, un barco y ganas de pelear). Marina Gersberg no pone nada porque sí y esa coherencia permite armar un relato cuando cerramos el libro, pero además nos atiborra de imágenes, tan sensuales como políticas, un buen pasar económico galopando en los bosques del campo del fin de semana y la aspereza del barro.

En la tapa, un río con textura. Dan ganas de tocarlo pero también la sensación de que de allí hay que sacar rápido la mano, río ondulante con bordes filosos: la naturaleza también lastima y lo hace egoístamente.

Fundadora de la editorial Pánico el Pánico junto a Luciano Lutereau, Gersberg es psicóloga y ejerce su profesión además de escribir y manejar el sello que actualmente está lanzando los dos segundos títulos de la colección de novelas Potlach La última de César Aira, de Ariel Idez y Literatura argentina, de Pablo Farrés, una colección que por un lado retoma una época (los noventa) “pero no sólo en la temática sino en la estética de la escritura. Potlach es el concepto de la escritura como don, que rompe con la idea del libro como soporte único de la experiencia literaria”, dice. Además en julio publicarán dos libros de poesía, Nunca seré millonario, de Antolín, cantautor oriundo de La Plata y De los boludos no tenemos la culpa, de Ricardo Strafacce. Pero todo ese trajín de buscar autores, difundirlos, armar lecturas y atender su consultorio, no le impide crecer como poeta desde Bajar de un hondazo, su primera publicación.

Ahora, es el mundo privado de sábanas y colchones donde flotan los colibríes y orbitan los planetas del esquema familiar: abuelas, tíos, nietos, novios y fantasmas que abren la pregunta por el ser sin trampas, con la honestidad de la buena narración. Y al final, la matriz de todo, el punto de partida: “Cuando estoy despejada / sé quién soy / una hija sin madre / sin hija una casa / en llamas sin orgullo”.

Un pedazo de atmósfera, Ediciones Gog y Magog, se consigue en Eterna Cadencia, Crack up, Librería Norte, entre otras. Para más información: www.gogymagog.com

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