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Viernes, 11 de enero de 2013

MONDO FISHION

El sonido amable de las ropas

 Por Victoria Lescano

Marcelo López cuenta que en sus visitas al Paraguay, a la casa de su abuela Eudoxia Pana, en la infancia, una modista especializada en vestidos para novias y bautismos y también en camisas para los uniformes del ejército, antes de cortar una tela le susurraba su secreto de costura: “Hendu a pururû ro pê género” (escuchá cómo cruje el género). Ahora AO, su firma de moda especializada en camisas, pantalones y chaquetas para hombre, cumplió una década en el circuito indie. López, desde que en una celebración de artistas muchos detuvieron su mirada en el extraordinario pantalón de corderoy con cinturones que llevaba, confeccionado por él, se llenó de pedidos y parece seguir a rajatabla las indicaciones acerca de escuchar las telas esgrimidas por la abuela.

Es por eso que sumó una colección femenina que oficia de complemento de AO –ropa para tu chico– y parece seguir adelante.

En el verano 2013, en la colección para mujer que sumó, cautivan las blusas, los vestidos chemisier en gasa, los canesúes de muselina y viscosa de algodón y los pantalones cigarette de gabardina liviana. “Soy un gran obsesivo de la calidad de las texturas, busco diseños amables, simples y elegantes. Considero que antes era más caprichoso, ahora elijo en función de una silueta lánguida, cómoda y suave. Me importa que la ropa sea amable, siento que mi idea va a contrapelo de la moda actual. Porque mi corte no copia la silueta femenina, de eso se encarga la caída, no quiero sumarme a las estéticas histéricas, ni provocar histeria desde las ropas”, esgrime López acerca de sus diseños. Para presentar y contextualizar en una postal de moda “las ropas para tu chica”, sus blusas chic y las variaciones sobre un minivestido apodado “vestido modular”, Marcelo recurrió a la fotografía con luz naturalista de Ana Armendáriz, la silueta espigada de la bordadora Guillermina Baiguera como modelo; la producción transcurrió a comienzos del verano en un elegante piso del downtown, el hogar del diseñador gráfico Alejandro Ros.

En cuanto al aprendizaje en moda de Marcelo López se podría afirmar que se cimentó alrededor de tres ejes bien diversos, pero complementarios. Por un lado, la labor de surfilar –o sobrehilar– practicado en una línea de camisas italianas con la máquina overlock del taller de su madre, la modista Cuca y su actual socia en la realización de las prendas –y casi en simultáneo la decisión de hacer sus propias ropas desde los 12 años (de jardineros en azul francia a abrigos de velour italiano)–. Por otro, los estudios de maestro mayor de obras en la Escuela Técnica Otto Krause, y cerca de los que añadirá “aprendí a hacer moldería gracias al dibujo técnico junto con diversas teorías sobre la contracción de las telas, al pespuntear las solapas se realiza la tensión para que el cuello no se doble. En definitiva son casi los mismos principios que rigen sobre cómo trazar las vigas de una casa”. Y ya en la adultez, los extensos y dedicados estudios de fotografía con los principales teóricos. Acerca del modus operandi familiar y los primeros desarrollos en moda, señala: “Empecé a colaborar y opinar sobre mis propias prendas de muy chico, porque en una familia donde todos producen ropa, en ocasiones como Año Nuevo y Navidad se establece cierta competencia por ver quién llevaba la mejor prenda: todos en mi familia se dedicaban al prêt-à-porter. Mamá se radicó en la Argentina hace 47 años, y durante mucho tiempo vivimos en una casa de Quilmes con la particularidad de que el taller de costura era más grande que la casa. Asistía a mamá limpiando las máquinas overlock y a los 10 años corté una camisa italiana por accidente. Durante un tiempo me puse a coser a mano y a realizar animalitos para los pinches portaalfileres”.

¿Cómo fue el paso de la fotografía a la moda?

–Creo que si no hubiese estudiado fotografía nunca habría llegado a la moda. En mis fotos siempre hubo alusiones a la moda. Entre 1998 y 2001 fui al taller de Guillermo Ueno, pero también por recomendación de Guillermo asistí durante tres años a las clases que el experto Esteban Marco, quien estudió en la Bauhaus y publicó en Vogue Italia, dictaba en la Facultad de Filosofía y Letras. Mientras que con Esteban Marco surgió un ensayo sobre la moda aplicada y la ropa para oficios, desde el taller de Ueno hice mi primera muestra en la galería Belleza y Felicidad. En 2001, ante la ausencia de materiales y de dinero, todo era muy complicado y dejé de fotografiar. Recuerdo que en una fiesta, Mariano Grassi –artista e ilustrador– me propuso hacer ropa para los demás. Yo tenía un pantalón regulable y una camisa escote en v color menta que simulaba un uniforme. El proceso de diseño era muy gracioso. El me sugería “hagamos un pantalón con forma de colectivo” y la asociación duró casi tres años, hasta que él ganó una Beca Kuitca.

En 2013, para profundizar y terminar de cerrar los nuevos modos de su marca, que alude a la expresión ropa en guaraní, y también para retomar la fotografía, Marcelo decidió dirigirse durante el verano a la que fuera la casa de la abuela Eudoxia, situada en el pueblo paraguayo de Belén. La casita, que constituye el principal legado de la abuela, junto con las indicaciones sobre los géneros, tiene un patio arbolado con mangos y papayas, una vasta profusión de colibríes y mariposas, y a sólo cinco cuadras, un río virgen por donde brincan peces de colores.

Allí planea además comprar las telas de una empresa textil orgánica, abastecerse de textiles artesanales y plantear ciertas reformulaciones de telas existentes mediante tratamientos funcionales, porque los nuevos propósitos y desvelos de diseño giran alrededor de un equilibrio entre lo natural y lo tecnológico. Otro de los proyectos actuales de Marcelo López y que fue presentado en el Banco de Proyectos de Inversión Productiva (BaPIP), está vinculado con textiles originarios y modos de aplicarles nuevas tecnologías. Así como las siluetas de AO cada vez devienen más austeras, los valores implícitos en sus colecciones remiten al consumo responsable. “Como productor me siento responsable. Si bien entiendo que podría parecer un aburrimiento total para la moda, sería muy bueno educar a los consumidores para que se informen acerca de las prendas que usan y saber quiénes las hicieron.”

AO se comercializa en Tienda Doble Sentido, Fire Walk with me y la rosarina Gris Topo. Más info: flickr.com/photos/aoropaparatuchico

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