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Viernes, 19 de julio de 2013

SALUD

Sin remedio para el dolor

El Hospital Infanto-Juvenil Tobar García del barrio de Barracas atiende a niñas, niños y adolescentes de 4 a 18 años con padecimientos emocionales y psiquiátricos. A contrapelo de lo que establece la Ley 448 de Salud Mental de la Ciudad, la internación en muchas ocasiones reemplaza las prácticas de recuperación indispensables para atenuar el dolor psíquico que tantas veces los y las adolescentes intentan anestesiar con otras sustancias tóxicas, como el paco o el alcohol. Lo llamativo es que adolescentes entre 13 y 17 años son la gran mayoría de los internados –70 por ciento–, pero en esta franja etaria el 74 por ciento son mujeres.

 Por Noemí Ciollaro

El Ministerio Público Tutelar, en su reciente Informe Anual sobre Niñez, Adolescencia y Salud Mental, subrayó que hasta fines de 2012 la Asesoría General Tutelar (AGT) fue notificada de 327 internaciones de menores de 18 años, cifra que implica un 30 por ciento más que en 2011.

El mismo informe sostiene que el 85 por ciento de esas internaciones “se produce en hospitales monovalentes. A fines de 2012 seguían internadas 65 personas menores de edad”, muchas de ellas en el Hospital Tobar García de la ciudad de Buenos Aires.

El Hospital Infanto-Juvenil Tobar García ubicado en el barrio de Barracas, en Ramón Carrillo 315, actualmente “tiene 64 pacientes internados y atiende a niños/as pequeños de 4 a 12 años y adolescentes de 12 a 18 años; en 2013 hemos tenido hasta el momento 68 pacientes en internación que han pasado por el servicio. Se trata de que las internaciones no duren más de 30 o 35 días y como máximo 60 días, esto tiene que ver con el tipo de crisis, el tratamiento y el trabajo social que se hace con la familia. En 2012 los ingresos totales de internación fueron 157”, indica Cándido Monteiro, jefe del Departamento de Enfermería.

A su vez, la licenciada en Psicología Teresa Wallinger, con trece años de antigüedad en el hospital, se refiere a las modalidades de ingreso e internación: “Habitualmente los pacientes entran por Guardia, donde se les hace una evaluación y de acuerdo al diagnóstico se los medica y regresan a sus hogares para continuar en tratamiento ambulatorio o se derivan a internación. Las internaciones se producen en el caso de que las/los pacientes representen un riesgo para sí o para terceros. Lo que buscamos es que sean breves y que puedan volver con sus familias, quienes carecen de ellas son derivados a instituciones o a hogares”.

Las patologías más frecuentes son las psicosis de diversos tipos y en numerosas ocasiones asociadas al consumo de sustancias adictivas, “generalmente la psicosis produce un grado de inquietud que conduce al consumo de sustancias psicoactivas: cocaína, marihuana, paco o alcohol, con lo que chicas y chicos buscan aplacar esa inquietud”, puntualiza la piscóloga.

Las y los pacientes del Tobar provienen en general de familias poco continentes, independientemente del sector social al que pertenecen, “hay chicos a los que la mamá los dejó por situaciones sociales muy complicadas; niñas o adolescentes mujeres o varones de 14 o 15 años con hermanitos más pequeños a cargo. Hay chicos de clase media, la vulnerabilidad social es grande y toca a todos los sectores. Siempre se busca reinsertarlos en las familias, ya sean tíos, primos, abuelos, pero si no los hay se hace un trabajo de adaptación destinado a vincularlos a un hogar, el tema es que no se sientan abandonados, pero no es tan sencillo”, afirma Wallinger.

La especialista destaca que en todos los casos se busca que las internaciones sean breves cuando es imposible evitarlas y que gradualmente se indican salidas cortas con la familia en los alrededores del hospital, hasta que es posible la externación y se prosigue el tratamiento en forma ambulatoria. Los pacientes menores de 12 años se internan junto a un mayor familiar.

“Lo que hay siempre –indica– es un importante dolor psíquico y en muchos casos las y los pacientes abandonan sus hogares o viven en la calle, donde están en riesgo inminente para sí y para terceros y en ocasiones son traídos al hospital por la policía. Es frecuente que presenten autolesiones, maltrato, se ponen en peligro y son víctimas de abusos sexuales. En muchos casos sus padres también padecen adicciones o trastornos psíquicos.”

Casi no se registran ingresos de adolescentes embarazadas, pero sí de jóvenes con hijos de distintas parejas, “con frecuencia cuando se recuperan suelen visitarnos con sus bebés”, relata.

El derecho a ser [email protected]

Consultada por Las 12 sobre la situación de las y los niños y adolescentes tratados en el Tobar García, Gabriela Alegre, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura de la CABA, afirmó que “durante 2012 hubo un incremento de internaciones de niños/as y adolescentes en hospitales con relación a 2011 del 30 por ciento. La mayor parte, en el Tobar García. Así queda en evidencia que la política de salud mental para la niñez en la ciudad prioriza la internación, en contradicción con la normativa vigente”.

En el mismo sentido afirmó que “otro dato que preocupa es que de las historias clínicas no puede constatarse si los niños/as pudieron ejercer su derecho a ser oídos y participar de todas las decisiones que les atañen. La mayor parte de los internados, son adolescentes, 70 por ciento tienen entre 13 y 17 años, es decir que bien podrían haber sido escuchados al respecto, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de su salud y su libertad, ejercicio de derechos personalísimos”.

Para Alegre resulta “preocupante que en todas las franjas etarias haya una leve mayoría de mujeres internadas en hospitales. Entre los 13 y 17 años predominan las mujeres de forma abrumadora, 74 por ciento”, por lo que considera que es necesario conocer los motivos de la internación, y ahondar un poco más en la diferencia por género ya que al mismo tiempo el 89 por ciento de los internados en comunidades terapéuticas por consumo de sustancias, son varones, de acuerdo al informe de gestión del Ministerio Público Tutelar 2012.

La legisladora del Frente para la Victoria indicó, además, que “la asignación de recursos en Salud Mental para adultos, niños, niñas y adolescentes es problemática y denota escaso cumplimiento con la normativa vigente que impone el abandono del modelo asilar. Sólo el 10 por ciento del presupuesto de Salud Mental –alrededor de 92 millones– se destina a actividades, dispositivos y efectores sin internación. No hay prácticamente presupuesto asignado para generar infraestructura que permita la apertura de nuevos efectores alternativos al modelo de internación: casas de medio camino, hospitales de día, ampliación de la red de talleres protegidos. Sólo hay cuatro millones que aparecen en el plan plurianual de inversiones para “dispositivos en Salud Mental en el Presupuesto 2013. La prioridad de la gestión del Gobierno de la Ciudad no está en la salud mental de niños/as y adolescentes, sino en la internación en un hospital monovalente, reacondicionado, pero con vicios graves en la construcción como es el Tobar García; y admite la prolongación de las internaciones porque no hay respuesta a la problemática social de las familias de los pacientes. Además asigna presupuesto a efectores tercerizados cuestionados porque no respetan los derechos de los niños/as y adolescentes a la integridad física, a la intimidad, a la vinculación familiar”.

Carencias edilicias y falta de personal

El Infanto-Juvenil Tobar García es vecino del Neuropsiquiátrico de Mujeres Braulio Moyano, y del de hombres José Borda, pero tiene menor antigüedad. Inaugurado como hospital-escuela en 1968, su estructura edilicia está en mejores condiciones que la destinada a los adultos y ha sido refaccionada muy lentamente durante los últimos siete años.

“La empresa constructora de la obra, que tenía que durar un año y medio, tardó siete años y dos meses, pero sí, ahora faltan algunas cosas para la finalización. La plata estaba, pero se ve que como hacen con tantas otras cosas, le dieron un destino distinto al previsto. Lo único que terminaron en tiempo y forma fue la parte nueva de planta baja, donde está Rehabilitación, Hospital de Día e Internación de Pacientes, eso lo hicieron en siete meses. Pero después había que refuncionalizar este edificio de seis pisos y todo lo demás y eso demandó más de siete años. Las condiciones generales son más dignas que las que teníamos antes que, por ejemplo, teníamos calefacción en verano y refrigeración en invierno... valga la ironía. Eso mejoró, es un lugar digno para los pacientes, obviamente esto favorece a los ambulatorios y a los internados”, afirma Enrique Braylan, jefe del servicio de Educación Física y delegado de ATE.

A su vez Dora Martínez del servicio de Rehabilitación y de la misma organización gremial relata que “esto lo peleamos estando de acuerdo todos los trabajadores de los gremios, porque entendimos que había que mejorar la vida de niños y niñas y que había que disputarle al gobierno de Macri los recursos porque si no esto quedaba sin terminar y los más afectados son los chicos que tienen que vivir acá el tiempo que les toca atenderse. Hay que remarcar que esto es un hospital de niños, niñas y adolescentes único en el país y sus alrededores, donde se atiende población derivada de países limítrofes”.

Sin embargo, los trabajadores subrayan que el Tobar tiene una deficiencia de recursos humanos de por lo menos el 40 por ciento. Hace dos años el jefe del Departamento de Enfermería pidió a Salud del Gobierno de la Ciudad 35 enfermeros, le dijeron que les otorgarían 20 que iban a incorporarse en el plazo de un mes, sin embargo ya pasaron un par de años y los enfermeros brillan por su ausencia.

“Casi nos resulta imposible armar las guardias porque carecemos de personal suficiente y los que están se enferman, infartos, stress por la sobrecarga. No podemos dejar una cantidad grande de púberes con un solo enfermero, hay que atender la planta alta y las actividades en planta baja. Y si hay pacientes que tienen que estar en cama por criterio médico que sea, excitación, fiebre, no se los puede dejar solos, son pacientes psiquiátricos, duales o no. Y no tenemos forma de estar en dos lugares al mismo tiempo, nos falta personal especializado. Actualmente tenemos una planta de 65 enfermeros que trabajan 24 horas, y con esos 65 hay que cubrir el departamento de Enfermería, Hospital de Día, Consultorios Externos, Rehabilitación y demás servicios, o sea no están los 65 dentro de la guardia, y estamos dividiéndonos en seis guardias. En realidad necesitaríamos 40 enfermeros más, pero pedimos 35 y hasta ahora no nos dieron nada, fue todo mentira. Lo mismo ocurre cuando alguien se jubila o fallece, cuesta muchísimo cubrir ese cargo a pesar de que ese presupuesto ya existía. Lo que se calcula es un enfermero cada dos o tres pacientes, en los niños pequeños los cuadros son más crónicos, son hiperquinéticos y hay mucho autismo en la actualidad. Un solo enfermero o dos no pueden atender a doce pacientes, los chicos se mueven y tienen requerimientos muy distintos a los de una persona grande”, explica Enrique Braylan.

En otro orden, Enfermería también trabaja con los familiares, a quienes se los ayuda a reconocer y aceptar que el chico está enfermo y luego se los prepara para tratar de manera adecuada a su hija/o, “muchas veces tenemos más problemas con los familiares que con los pacientes”, dice Montero.

“Los trabajadores y trabajadoras –subraya Dora Martínez– hemos luchado mucho por la implementación de talleres del hospital en los cuales los chicos puedan hacer un aprendizaje de oficios y resocializarse, son chicos que recién empiezan su vida. Son emprendimientos que fueron creados desde el hospital por nosotros, por ejemplo el Programa Cuidar Cuidando que se desarrolla en el Zoológico, el de Inclusión en Terapia Ocupacional donde aprenden cocina, preparan alimentos que venden en el hospital y otros lugares; está el Programa Pecohue en la Facultad de Agronomía destinado a la producción orgánica: hortalizas y compost (abono). Esto lo hemos ido sustentando quienes trabajamos aquí hace más de veinte años, el problema es que a pesar de que son requerimientos de la ley 488 de Salud Mental, el Gobierno de la Ciudad no pone los recursos necesarios que están avalados por la Dirección de Salud Mental de ellos.”

Pablo Cano y Mario Kassimian, de Enfermería e Internación, respectivamente, subrayan: “Este gobierno quiere donaciones para solventar ese tipo de necesidades. En poco tiempo más van a decir que trabajemos por donación, que donemos nuestras horas de trabajo... Cuando pedimos insumos el director administrativo dice que hay que conseguir donaciones...”.

“Nosotros queremos avanzar en todo esto y es mucho lo que hacemos por mantener y lograr avances del hospital público –dice Dora Martínez–, pero tenemos a nuestros vecinos del Borda, el Moyano y los Talleres Protegidos que están en mucho peores condiciones que nosotros, ellos tienen que resistir el atropello y el avance del que son objeto y eso retrasa esta discusión presupuestaria y de fondo en cuanto a las necesidades de los pacientes. Porque lo que quiere el gobierno de Macri es avanzar con el proyecto inmobiliario del Corredor Sur eliminando los tres hospitales.”

Niñas/os judicializados

“Hay una situación muy puntual que es que a veces nos llegan chicos y el grupo de médicos que los recibe no considera que sean casos para internación, pero como vienen con orden de juez nacional quedan aquí adentro y eso es algo que todavía no se pudo transformar; es muy pernicioso estar internado en un lugar como éste si no hay patología que lo justifique”, afirma Kamissmian.

Antes, relatan quienes trabajan en Rehabilitación, podían llevar a los pacientes a la colonia de verano, pero luego se empezó a exigir autorización si son ingresados por vía judicial o si no tienen seguro y no se arbitran los medios para esas salidas que ayudan mucho a los internados. Cada paciente tiene un defensor, abogados que los visitan, hablan con ellos en privado y revisan la historia clínica. Eso abarca a todos, no sólo a los que están judicializados. Por último, afirman que se registra un incremento de patologías duales: psicosis más consumo de drogas, en los últimos diez años.

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