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Viernes, 6 de septiembre de 2013

INTERNACIONAL

La educación sentimental

En Tailandia, un show teen levanta olas por mostrar a adolescentes sexualmente activos y plantear la necesidad de enseñar sobre prácticas seguras.

 Por Guadalupe Treibel

Mientras los purretes locales se embarullan el coco con los culebrones ecologistas sci-fi de la factoría Cris Morena, donde “seres de luz” intentan salvaguardar al planeta en 105 días antes de que Juan Leyrado le baje el pulgar al “proyecto humanidad” y explote el planeta entero, en otros países del mundo alcanza con ubicar a nueve protagonistas en un secundario, darles líneas coherentes y recorrer sus situaciones cotidianas para hablar de las complicaciones de ser adolescente. Tal es el caso de Hormones (Hormonas, en castellano), la nueva apuesta de Tailandia para Tailandia que, en los últimos meses, ha levantado olas en el sudeste asiático.

Con temáticas como el bullying, la bisexualidad, el embarazo adolescente, las peleas entre bandas, el budismo, las vocaciones artísticas, la virulencia de las redes sociales, las madres solteras, ¡el tango!, las familias paralelas, entre otros, el show tiene a la nación prendida a la tevé cada sábado a la noche y, después de 13 capítulos, promete segunda vuelta para seguir desentrañando vida y obra de: el rockerito de buenos sentimientos, el galancete desamorado, el peleador devenido religioso, la buena alumna cuyo papá tiene doble familia, la liera que no duda en proclamar: “¡Sin forros, no hay revolcón!”, la tomboy víctima de agresiones diarias, el chico al que su ex novia y su ex novio rechazan, el fotógrafo que papá quiere para contador y la ex virgencita que pasó por una clínica clandestina de abortos, y así.

Para un país donde las bebidas alcohólicas, las armas y los cigarrillos a menudo son borroneados de la pantalla para prevenir los malos ejemplos y una ley (el artículo 37) prohíbe atentados a la moral –como mostrar a una jovencita comprando anticonceptivos–, Hormones ha hecho más que sacudir la estantería: ha dejado la controversia instalada, con más de 9 millones de espectadores semanales, organismos pidiendo censura y un público cautivo que va de los 10 a los 19 años y, oh sorpresa, de los 40 a los 49 (porque los padres también quieren saber, señoras y señores).

“La vida diaria en Tailandia aún es considerablemente conservadora: los programas de tevé giran alrededor de inocentes shows de juegos o novelas anodinas, y la educación sexual favorece la abstinencia antes que los métodos anticonceptivos. Por eso, al igual que lo hiciera Skins en Gran Bretaña, Hormones ha tocado un nervio sensible en el país oriental, logrando que los fanáticos agradezcan su honestidad y sus detractores reprendan severamente escenas ‘irresponsables’ de jóvenes fumando o besándose en pantalla”, describe sobre el estado de situación el medio británico The Guardian. Y deja la comparación instalada: ¿es Hormones la respuesta oriental a Skins? ¿Levanta, como lo hiciera esa pequeña maravilla inglesa, el avispero de las problemáticas adolescentes? (Si así fuera, habrá que rezar para que sus guionistas no decidan “matar” a un personaje por temporada en disímiles formatos –enfermedad hereditaria, psicólogo psicópata, accidente de auto– como ocurriera con el decadentista show europeo que, por éxito y repercusión, llegó a las seis seasons, habló de todo y con todo, y fue más que creíble: alcanzó momentos de poesía.)

Con menos licencias artísticas y menos inspiración poética, las diferencias del caso (geográficas, religiosas, culturales, políticas...) y personajitos que, con tal de huirles a las peleas barriales, son capaces de hacerse monjes budistas (en serio), Hormones cumple con la proclama de entretener pero, sobre todo, concientiza: habla de sexo cuando los colegios se niegan a brindar una educación sexual seria (ocho horas al año difícilmente sea suficiente), subraya la necesidad del uso de profilácticos en un país que detenta el segundo record mundial en embarazos adolescentes y la mayor tasa de HIV/sida en Asia, muestra parejitas teniendo sexo de cara a un contexto donde las voces oficiales no recomiendan contracepción sino... celibato. “La serie está basada en problemas que verdaderamente nos aquejan, pero que asustan a la mayoría de las personas. No podemos hablar abiertamente de sexualidad y, por ese motivo, muchos jóvenes no saben qué están haciendo cuando tienen relaciones. La mayoría de las chicas que pasan por la situación de aborto ni siquiera saben cómo usar un condón”, cuenta Jaded Chaowilai, de la organización –que milita por más y mejor educación sexual– Women & Men Progressive Movement Foundation.

A pesar de las buenas intenciones, al gobierno no le ha caído en gracia el show y funcionarios claman por censura, escudados en leyes que promueven la buena moral (o doble moral, si se tiene en cuenta que, en el país, la prostitución infantil y el turismo sexual son moneda corriente y han sido denunciados por la ONU). Para el Comité Nacional de Telecomunicaciones, sin ir más lejos, Hormones es demasiado “obsceno”. Songyos Sugmakanan, director del programa, claramente disiente: “No hablar de estos temas sería cerrar los ojos a la realidad. En especial cuando la tasa de abortos clandestinos es mayor a los 100 mil anuales, y sigue escalando”. Para Unsumalin Sirasakpatharamaetha, una de las actrices de la serie, “la censura sólo protege a los que no pueden pensar por sí mismos”. “Ese es nuestro objetivo último: que nuestra audiencia piense”, agregó la muchachita de 22 años. Pues, tiene 105 días o el proyecto... Ah, no, no, ese es sapo de otro pozo. Otra confusión adolescente.l

La primera temporada de Hormones está disponible y subtitulada en YouTube.

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