Vie 27.12.2013
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ARTES > GRISELDA GAMBARO

Feminista en acción

Dueña de una estética y una ética comprometida con el feminismo, hizo de la dramaturgia y la narrativa dos campos perturbadores y exquisitos, que este año volvió a confirmar en Querido Ibsen: soy Nora. Es que la dama sabe interpelar como pocas desde una perspectiva autónoma, contrariando lo establecido y, sobre todo, poniendo en palabras lo que otrxs no se atreven a decir.

› Por Sonia Jaroslavsky

Griselda Gambaro escribió para Las12: “No seremos militantes pero somos feministas en acción”. ¿Se puede ser militante haciendo dramaturgia, escribiendo cuentos o novelas?

A Griselda, con razón, nunca le gustaron los encasillamientos porque estos sólo encorsetan en códigos de barras o pseudocategorías (teatro, literatura, infantiles, etc.) a aquella que escribe todo a la vez: dramaturgia y narrativa.

Y aunque este año no fue el año de los premios, “por suerte” –dice Griselda, desde el otro lado del teléfono en su hogar en Don Bosco–, sí fue el año en el que llegó el merecido estreno en el Teatro San Martín de su obra inédita Querido Ibsen: soy Nora (2012), dirigida por Silvio Lang. Y es por esta razón que Las12 la eligió como una mujer destacada en este 2013 que casi dejamos atrás.

Griselda Gambaro nos regaló este año una obra con un texto donde se expresa todo lo que muchas mujeres pensaron desde una perspectiva contemporánea acerca de lo que Ibsen le hace hacer, decir y decidir al emblemático personaje de Nora, de Casa de muñecas. El final de Casa de muñecas ya había sido perturbador en 1879, cuando Nora abandona a su marido y sus hijos, e Ibsen sin querer queriendo termina siendo amado por las feministas de otra época.

Pero a la vez el texto presenta algunos interrogantes, y justamente Gambaro no dará respuestas cerradas pero sí despabilará los lugares comunes y adormecidos reivindicando en el personaje de Nora la posibilidad de otro destino. Porque Nora, en esta versión, dialoga, discute con su autor, Ibsen, ya que Gambaro lo integra a la escena como un personaje más.

El autor en este texto presenta sus dudas de cómo escribir determinadas escenas o qué destino darles, y en otros momentos está totalmente decidido sobre cómo cerrar tal escena, mientras Nora le demuestra su no estar de acuerdo con el lugar que le quiere otorgar. Lo interesante, entonces, es cómo Gambaro pone a jugar en escena lo que se debe, lo que puede y no puede ser dicho, lo que puede y debe o no puede hacerse. Y lo que a pesar de todo, y contrariando lo establecido, se hace igual.

Nora restablece su libertad: la libertad de discutir la identidad.

Pero no es la primera vez que Gambaro se toma estas gratas licencias. Ya lo había hecho con Antígona furiosa; Penas sin importancia, De profesión maternal; La malasangre; Puesta en claro o La señora Macbeth.

Y a esta altura, el punto de vista “femenino” de su obra pareciera quedarle chico. El trabajo sobre el lenguaje utilizando diferentes registros y el sabio equilibrio entre la economía de recursos y el exceso vuelven singular su abordaje tanto de la dramaturgia como de la narrativa.

Nacida en 1928, hoy sigue festejando sus próximas novedades. Feliz y muy activa, cuenta la noticia de la reedición de su novela El mar que nos trajo, por la Editorial Alfaguara, porque dice que “ya no se conseguía y muchos pedían leerla”. Además adelanta la salida de su libro sobre textos de teatro (recopilación de conferencias, notas y ensayos sobre el teatro actual) que se titulará El teatro vulnerable, y que editará Taurus. También prepara una nueva entrega de su investigador Giménez, para su línea de novelas juveniles. Sencilla, explica que simplemente utiliza el material que observa o le brinda la sociedad misma y sólo las imágenes suficientemente potentes se ganarán su posterior lugar, desplegándose en un cuento, una novela o una obra de teatro. Lo único que lamenta antes de la última función de Querido Ibsen: soy Nora es que “baje de cartel cuando todavía hay público para varias funciones”. Le gustaría que pudiese seguir en el Teatro San Martín o en algún otro teatro.

Griselda Gambaro es feminista en acción –¿y no será eso militante también?– cuando pone mujeres en escena y hace que las mujeres hablen desde una perspectiva femenina y autónoma.

El teatro argentino histórico traía la mirada masculina de las mujeres puestas en escena por sus autores y ella les otorgó un nuevo lugar. Desde su mirada singular permite el despabilamiento porque bien podría ser, y en muchas dramaturgas contemporáneas se perpetúa aun sin quererlo, una concepción patriarcal o una estética enquistada que tampoco permitiría nuevas identidades o descubrimientos de la mujer hoy.

Griselda cuestiona el rol femenino pero sin juzgamientos, porque propone una estética y una ética cuyo mayor compromiso es con la libertad.

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