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Viernes, 22 de febrero de 2002

De otro barrio

Los integrantes de la Asamblea de jóvenes se sienten protagonistas de un despertar colectivo luego de haber rechazado las ofertas que la sociedad les ofrecía: la tele, la cultura “frita” y la droga. Reivindican la lucha de los caídos el 19 y el 20, apoyan a los obreros de textiles de la fábrica Bruckman y, para protegerse de la policía, cuentan con una comisión de derechos humanos. No creen que todo liderazgo sea sospechoso sino que esperan, a través de sus acciones, cambiar el sentido de la palabra “dirigencia”.

Por Sandra Chaher

Decía el mail: “Nos reunimos los martes a las 17.30 en Plaza Congreso, frente a la Casa de las Madres. Te comento que todo se somete a votación, incluso si damos la nota o no. Traé por favor una identificación, y el fotógrafo también. Calculo que va a estar todo bien, pero así es como funcionamos”. Firmaba: “R.”.
El martes a las seis y media de la tarde, con los árboles y edificios ahuyentando el agobiante sol de la Plaza Congreso, unos cincuenta jóvenes de entre 18 y 25 años levantaban la mano para votar a quienes hablarían en la entrevista. Fueron elegidos Juan Pablo Balbi, de 24 años; Guillermo Saibene, de 18; y Débora, a secas, también de 18.
“Estuvimos yendo a la primera asamblea, la de Plaza de Mayo, después del 19 y 20, y vimos que siempre se votaba lo mismo, mucho hablar y no se hacía nada. Gente grande que no tenía mucho empuje. Hasta una señora dijo ‘Nosotros tenemos que cruzar el semáforo en verde’. Me parece absurdo. Los jóvenes vamos por más que eso. Si estamos en contra del Estado, no importa un semáforo, no importa nada. Y ellos, la mayoría pelean por su plata, su corralito...” Guillermo cuenta qué lo llevó a impulsar la creación de la Asamblea de Jóvenes, con una identidad que aún buscan, pero que no arraiga en la morada, quizá porque eso no es tan importante como la mirada que intentan compartir. Pero participan también en las asambleas barriales, en las comisiones de jóvenes, con la convicción de que, si bien no comparten muchos puntos de vista, los cambios los van a lograr juntos. Entonces se multiplican, expanden sus fuerzas, diversifican su energía para estar en la Interbarrial, en los conflictos obreros, en las reuniones de vecinos. Para ellos, el sentido del “que se vayan todos” es “la democracia no nos alcanza, queremos más”.
Habla Débora, que dice mucho y rápido y anota en un cuadernito: “Mi idea cuando empecé a venir a la asamblea no era irnos de los barrios, sino al contrario. Lo que pasa es que el 20, cuando fue la batalla de Plaza de Mayo, vimos que la mayoría de los que estaban ahí combatiendo, tirando piedras y dándose con la policía y poniendo su vida para cambiar las cosas, eran jóvenes. Y eso es reimportante. Y la mayoría de esos jóvenes no está después en las asambleas populares porque por lo general, como nos pasó a nosotros en Parque Centenario, no nos dejaron hablar porque no éramos de un barrio. Hasta que un domingo dijimos que éramos de Palermo y entonces nos dejaron. Y el último domingo dejaron hablar a los trabajadores, pero a lo último, después de todos los barrios”.
“¿Vos preguntás por qué reunir a los jóvenes? Porque hay otra generación, que ni siquiera es la mía, porque yo nací en el ‘77, pero ellos nacieron en los 80, entonces tienen otra concepción de la democracia, a ellos no les alcanza con la democracia, a mí tampoco”, diceJuan Pablo, que no sólo es el mayor de los tres, sino el que armó una familia, el que ya es papá. La cara de Juan habla de dolor y energía, mezcla sufrimiento y coraje. Se emociona cuando piensa en los pibes asesinados en Floresta y en sus padres. Lo marcó una frase de uno de ellos: “Dicen que nos vamos a enfriar, que vamos a ser menos, que no nos vamos a juntar, que la gente se va a olvidar”. “Pero él decía que mientras estuviera vivo iba a seguir marchando por sus hijos y que el asesino no iba a vivir en paz y que existe otra justicia más allá de Tribunales. Como si la justicia fuera meter presos a 9 tipos que tienen 20 causas cada uno. Si ellos ya viven en un infierno, no pueden caminar por las calles.”
La Asamblea de Jóvenes se formó una noche de lluvia, después de que varios se encontraron en un festival de apoyo a los obreros textiles de la fábrica Bruckman. Algunos se conocían de haberse cruzado en marchas, y pusieron como punto de reunión la plaza de Serrano y Honduras porque varios eran de Palermo, del centro de estudiantes del Nicolás Avellaneda, como Débora. Hace un par de semanas empezaron a encontrarse en la Casa de las Madres, pero no saben si es el lugar definitivo. Todo está en movimiento. Incluso la vida de varios. Algunos dejaron la casa paterna después de peleas con los padres por la participación en la asamblea. Los padres tienen miedo, igual que los “adultos” que se reúnen en los barrios. “En las asambleas, lo que veo es que la gente mayor, o la que vivió el Proceso, tiene una carga de paranoia bastante grande –dice Juan Pablo–. Hay que tener cuidado, pero éstos no son los 70; los 70 ya fueron. Esto es el 0, el 2000. Entonces yo estaba buscando este espacio donde pudiéramos hablar todos. Porque veía que... hablaba Guille y era ‘está bien, nene, pero vos no sabés lo que fue el ERP’.”
“Los jóvenes somos la vanguardia”, responde Débora a la pregunta de por qué creen que la policía se ensaña especialmente con ellos. Juan Pablo y Guillermo se ríen, “no es para tanto”. “Pero es que la gran mayoría de los que estuvieron combatiendo y murieron eran jóvenes”, se defiende ella usando un lenguaje que sí parece de los 70 aunque después se modere en las acciones y reivindicaciones del grupo. “Estamos muy indignados sobre todo ante la represión, y esa manera tan... cruel de dispersar a la gente sin un motivo”, explica Juan Pablo con tristeza. De hecho uno de los postulados más importantes que levanta la Asamblea de Jóvenes es la “reivindicación de la lucha de los caídos en las jornadas del 19 y 20”. También apoyan la “lucha de los trabajadores, desocupados y estudiantes” y piden “trabajo genuino ya, no queremos trabajo basura”.
–Decían que en las asambleas barriales se habla del miedo de los 70. ¿Ustedes no tienen miedo?
Guillermo: –Yo, el 19 y 20 la pasé solo, en la plaza. Y ahora no tengo miedo porque sé que ellos están en la misma lucha que la mía y que si me pasa algo todos nos vamos a proteger. Igual, no te voy a decir que me la rebanco, porque los tipos tienen tanquetas, camiones hidrantes y armas. Miedo te da en el sentido de que te pueden matar, pero también me da un montón de miedo los pibes que se mueren de hambre, la gente en la calle, los jubilados y los enfermos de sida que no tienen medicamentos, ¿entendés? Si el Estado no se hace cargo de eso, a mí me da miedo también. Me da miedo que son unos dictadores, dicen que estamos en democracia y te meten en cana, te torturan.
–¿Y la violencia política?
Débora: –Es que si vas a una marcha a pedir “basta de represión” y te reprimen, no podés quedarte como un boludo, porque además vienen con gases lacrimógenos, con balas de goma, de plomo, entonces lo que hacemos es defendernos. Pero no somos violentos. La policía nos pasa por encima con tanquetas y lo único que nosotros tenemos son piedras.
Juan Pablo: –Yo no me siento víctima, tampoco violento. Pero si vengo caminando en paz en una marcha, con mi hija, y me tiran un gas, vosimaginate la violencia que te genera eso. Esto va más allá de lo que pasa acá, de las caritas nuestras, la bandera que llevamos. No queremos más un país de mierda, queremos estudiar, trabajar... El gobierno debería arreglar el tema de la desocupación bastante rápido, porque toda esa gente que está al pedo en la casa se pudre sino, y de la depresión, que es un extremo, pasa a la acción. La vieja dejó de mirar la tele y hablar pelotudeces con las vecinas y se puso a tocar las cacerolas.
Para protegerse de los excesos policiales, hay dentro de la Asamblea de Jóvenes una comisión de derechos humanos que trabaja a la par con los abogados del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (Ceprod) para, después de cada manifestación, recorrer las comisarías buscando a los jóvenes detenidos, “porque sino los dejan un montón adentro”.
Hace poco tuvieron un debate sobre los partidos de izquierda, porque alguien dijo que la asamblea estaba “manijeada”. “Hay militantes del PTS, del MST, del PO y del Socialismo Libertario, hasta ahora no vino nadie del PJ, la UCR o el ARI. Igual todavía no podemos decir cuál es la identidad de la asamblea –dice Juan Pablo–. El objetivo está claro adentro nuestro, pero recién lo estamos definiendo hacia afuera. No queremos ser 100 ni 200, queremos ser muchos, miles. Mi sueño es que se haga una Asamblea de Jóvenes de 1000 personas donde todos nos escuchemos.”
–Si no hay democracia, ¿qué hay?
Débora: –La democracia es una mentira. Yo me imagino delegados de asamblea que se reúnan para votar un nuevo gobierno pero de abajo, de los tipos que estuvieron luchando, los que fueron a tirar a De la Rúa o a Rodríguez Saá. Me imagino delegados por fábrica, por la Interbarrial, por asambleas populares, para mí ése es un gobierno representativo de verdad y que vote una economía para todos, no la economía que les licua las deudas a los empresarios.
Guillermo: –Yo creo que tiene que ser del pueblo. Nosotros queremos estar y poner las reglas: la gente va a cobrar así, la educación va a ser así, que elijamos la cultura que queremos.
Juan Pablo: –Me parece que lo que les resultaba muy cómodo hasta ahora es que todos los pibes estén anestesiados, como me anestesiaron a mí, deprimirlos. La anestesia pasa por la tele, la cultura “frita”, la droga, aunque ahora no tanto porque está más cara. Ahora van a venir a hacer el nariguetazo al Congreso porque la gente que consume está loca. El fútbol todos los días también es una anestesia. A mí me encanta el fútbol, pero los sábados la B y los domingos la A. ¿Qué es lunes, martes, miércoles, Copa de Madera, Copa del Orto...? Es bueno que los que escuchan hablar de asamblea se acerquen, escuchen un rato, si les da se queden. Que busquen el espacio, porque es difícil hacer esto. Pero había cosas que me parecían imposibles y ahora son posibles, entonces ya no me cabe la palabra utopía, pienso más en realidad: que la justicia sea real, que la cultura sea real, que el trabajo sea real, el respeto y el trabajo sean reales. Yo no te digo que los dirigentes van a surgir en tres meses, que en marzo vamos a votar al panadero de Liniers, pero con el tiempo puede aparecer una dirigencia más interesante, adulta y joven.

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