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Viernes, 28 de enero de 2005

MONDO FISHON › MONDO FISHON

Qué pedazo de icono

En Barcelona, las despiertas lenguas populares demoraron menos de lo que tarda todo un período de construcción para empezar a chasquear sus pareceres sobre la asombrosa torre que se gestaba ante sus ojos: que parece un supositorio, que quién había visto un torpedo tan estático, que dónde van a encontrar [email protected] para semejante consolador, o –mejor dicho– cuantas voluntades son necesarias para darle un buen final (chiste fácil, y sí) a tamaño pene... Chocha como estaba con el proyecto que había encomendado al arquitecto estrella de Francia Jean Nouvel, la empresa Aguas de Barcelona hizo pito catalán a cuanta frase ponzoñosa sonara por ahí y siguió adelante (para arriba, diríamos) con la Torre Agbar, cuya sugestiva (y, ahora sí, definitivamente terminada) presencia ya adorna el barrio barcelonés de Las Glorias. Por si esta foto, insaciables lectorcillas y lectorcillos de nuestras páginas, no os resulta suficiente, cumplimos en informar que el desborde todo lo alcanza: hicieron falta 144 metros de altura, 35 pisos, 30.000 metros cuadrados, 4400 ventanas (asimétricas, eso sí), 132 millones de euros, 40 colores (para variar la fachada), 600 personas trabajando, y 3210 metros de instalaciones varias para que la magna presencia de la imaginación (masculina) modernista à la siglo XXI perpetrara una de las obras arquitectónicas de las que más se va a hablar a lo largo del 2005 (en Europa, claro). Dicen los comendatores del proyecto y el mismísimo Nouvel que la idea les encantó desde el primer momento porque es “el símbolo del poder”, que “las ciudades antiguas siempre han tendido hacia la verticalidad en los espacios simbólicos”, y que “cuando Nouvel trazó la forma de proyectil que tiene el edificio comprendimos su potencial de devenir en un ícono”. Porque Susan Sontag puede haber dicho antes de dejarnos que el siglo que todavía está empezando será el de las luchas de las mujeres, muchas podremos batallar por correr los velos que ocultan (a veces hasta con sutileza) estrategias de poder anquilosadas, grupos militantes de todo el planeta estarán ahora mismo diseñando minuciosa y enérgicamente pasos para deconstruir inequidades simbólicas de cualquier ámbito humano y todo lo que Uds. quieran, pero parece que a la hora de pensar la modernidad urbana, a la creatividad arquitectónica le cuesta pensar en formas del poder que no vengan pegadas a ¿variantes? fálicas. La verdad, para verticalidades en honor del falo, qué quieren que digamos, que le vengan a cantar al Obelisco.

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