las12

Viernes, 17 de junio de 2011

UN RETAZO DE BARRACAN PARA ABRIGAR EL RECUERDO

A Mary Tapia, in memoriam

 Por Amalia Sato

Desde el triste viernes 10 y en desorden se suceden imágenes, con el mismo timing dramático que Mary sabía dar a sus relatos, las manos gesticulando, la carcajada como comienzo y cierre, la urgencia y picardía de la confesión y el testimonio sin retaceos: el legendario vestido de barracán que Romero Brest elogia en el Di Tella asegurando “esto es una obra de arte” y el recuerdo de su muestra en Casa del Bicentenario; la exposición en el Malba con los vestidos formando una doble hilera de gala; la caja con fotos de sus desfiles pioneros; los gritos de alegría y el “ya vas a ver” al recibir unos pequeños prendedores-flor de ciruelo de tela rellena adorno de kimono y Mary volviendo de su cuarto taller con una caja repleta de las mismas flores en versión tela vernácula, que estaba experimentando: coincidencia en el sabio conocimiento del material; sus pequeñas obras maestras: los broches con telas triangulares superpuestas, en gamas imperiales, o las calas-pin con tallo de terciopelo y copa de tul, o los prendedores-carita, o sea, damas de rostro redondo pintado, tocadas con velos y sombreritos, o arropadas con cuellos y bufandas que hacían imaginar un ensemble invisible maravilloso, y la alegría de quienes portaban esta bijouterie de tela; la colección de ponchos-pashmina-capa desplegada sobre los sofás de su sala y el asombro de las deseantes de esas piezas únicas, hechas con prendas antiguas, realzado su trajinar vital con bordados, apliques, bordes, que los transforman en el toque refinado de una corte imaginaria; las cenas acompañadas de buen vino y los platos donde se conjugan los sabores en abanico, que resguardan a la anfitriona de un servicio complicado y de interrumpir la charla siempre interesante; el orgullo de la artífice al abrir su armario espejado-probador y permitir que sus visitas modelen y prueben tapados, sacones, trajecitos, vestidos, que inevitablemente las conduce a una señorial gestualidad dandy al levantar cuellos, arremangar puños, demorar una abrochadura de botones, para observar y disfrutar de forros en contrastes de color o textura inesperados, o de martingalas, tablas y pliegues estructurando una elegancia única de factura impecable.

El jueves a la noche, en la conversación por teléfono eran la alegría por cuidar a su adorada nieta Lucía la noche del viernes, el deseo de ir concretando un viaje al Norte en busca de más ponchos nobles pues en su transformación alquímica era la prenda más codiciada, las ganas de una exposición en el Museo Evita, y también las ganas de retomar la idea de un libro sobre su obra y persona.

Del cuaderno de tapas duras caligrafiado con su nombre, donde desde 2007 quedaron intercalados papeles, un borrador de una carta redactado por Mary y que hasta ahora no se presentó: “... ha llegado el momento, después de 40 años, de convertir mi trabajo en testimonio. Son innumerables los caminos para cumplir este objetivo, el que elijo para expresarme es un libro, Un libro muy especial, con detalles exquisitos de cada prenda minuciosamente fotografiados, un libro sofisticado, refinado, diferente de cualquier otro libro de arte. Los textos, de mi autoría, hilvanarán una historia: la mía con los tejidos indígenas, especialmente con el barracán –tela de telar, hilada y tejida a mano en Jujuy–, al que he honrado en mi trabajo, Hay que detenerse en la dimensión cultural que representa, en su permanencia desafiante. Identidad, moda, arte, raíces criollas, estos lemas pueden ser un incentivo para que los jóvenes aprecien los elementos propios de nuestra cultura, de nuestras raíces, y encuentren inspiración. Además, quiero aportar datos de mi recorrido y experiencias en otras áreas, como el cine, el teatro, en fin, en la vida cultural desde la década de los ’60 hasta hoy, de modo que mi espíritu pionero y visionario esté presente en cada página. Que las nuevas generaciones aprecien en estas señales, en estos rastros y en las marcas de mi trabajo como creadora de ropa, la riqueza de esto tan valioso que constituye la identidad amplia, rica, de la cultura argentina, y se animen así a mirar para adentro. Acompaño esta carta con la formalidad de un curriculum y quedo a disposición para un encuentro personal, a fin de ampliar esta presentación. Eternamente agradeceré su apoyo a este proyecto, que con orgullo veremos concretado en un futuro cercano. Muchas gracias”.

Mary Tapia, talentosísima creadora tucumana, murió el 10 de junio de 2011.

Barracán, aguayo, bayeta, chiya, aho poí, chagua, buche de avestruz, picote, los tonos del nogal, algarrobo y azafrán, y el fucsia, color llamado “Maravilla” en el norte.

Compartir: 

Twitter
 

SUBNOTAS
  • A Mary Tapia, in memoriam
    Por Amalia Sato
 
LAS12
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.