Lun 24.07.2006
libero

BOXEO › “AHORA TIENEN QUE TOMARME EN SERIO”, AFIRMO

Los puños de Baldomir se hacen respetar en el mundo del boxeo

Después de derrotar por nocaut al ex campeón mundial Arturo Gatti en la primera defensa de su título, el santafesino se plantea el desafío de Floyd Mayweather.

› Por Daniel Guiñazú

Con su victoria por nocaut técnico en el 9º round ante el canadiense Arturo Gatti, Carlos Baldomir lanzó un mensaje al mundo. “Ahora deben tomarme en serio, el verdadero campeón soy yo. (Ricky) Hatton y (Floyd) Mayweather tienen los títulos que yo dejé y voy a ir a buscarlos”, dijo el campeón santafesino, anticipando su futuro apenas terminó la pelea montada en el imponente Boardwalk Hall de Atlantic City. Baldomir estaba sereno, pero henchido de orgullo y era lo correcto: había retenido por primera vez su corona de los welters del Consejo Mundial, había ganado su sexta pelea en los Estados Unidos, había acumulado 21 combates sin perder en los últimos 7 años, 7 meses y 11 días, había logrado su decimotercer triunfo antes del límite y, lo más importante de todo, había logrado construir una actuación sin fallas, con poco y nada para objetar.

Está claro que Gatti, a los 34 años, ya no es el peleador callejero y excitante que alguna vez supo ser. Las duras batallas que sostuvo la mayoría de las veces que subió al ring para defender su título superpluma de la FIB, entre 1995 y 1998, y las palizas que recibió como welter a manos de De la Hoya y como welter junior ante Mayweather dejaron secuelas en su rostro curtido a trompadas y en su físico, no más apto para grandes proezas. Hicieron bien en elegirlo para la primera defensa, su manager Javier Zapata y Sycuan Ringside, la empresa promotora que guía la campaña de Baldomir.

Lo mejor de Baldomir (66,678 kg) fue su equilibrio, su dominio siempre sobrio y efectivo, su presencia de campeón. No se dejó llevar por el boxeo tempestuoso y arrollador de Gatti (66,678 kg). No se prendió a pelear para demostrar y demostrarse quien de los dos era el más fuerte y el más duro. Como contra Judah, supo ceñirse al plan que sabiamente le indicaron desde el rincón Amílcar Brusa y José Lemos. Aquella gloriosa noche de enero en el Madison de Nueva York, tuvo que plantarse y cambiar golpes porque era el retador y porque Judah era más hábil que él. En esta otra noche para el recuerdo de Atlantic City, eligió el contragolpe como el antídoto que mejor podía esterilizar el boxeo kamikaze de Gatti. En las dos acertó.

Una buena izquierda cruzada sobre el final del round 3º fue el primer indicio de que Baldomir marchaba sobre terreno seguro, que ratificó en el 4º asalto abriéndole una herida a Gatti en su pómulo derecho y en el 5º conectando muy buenas manos a la cabeza y al cuerpo de su rival, en especial una derecha larga que pasaba por encima del puño zurdo caído de Gatti. En el 6º se tomó un respiro, marró algunos golpes, pero pegó un gancho de izquierda en el codo derecho de Ga-tti, que de ahí en adelante acusó una lesión en ese brazo. En el 7º, Baldomir recuperó su andar y volvió a poner todo bajo control. Sin dejarle entrever a Gatti la posibilidad de una reacción. Haciéndole sentir a cada paso quien de los dos era el campeón.

Estaba claro que Baldomir no pensaba apurarse para forzar la definición de la pelea. No sabía que los tres jurados, al cierre del 8º round, lo tenían al frente en sus tarjetas (John Stewart 77-75, Hubert Minn 79-73 y Tom Kaczmarek 78-74). Pero sí sabía que la victoria, con este planteo, llegaba sola y que debía terminar de construirla así, sin arrebatos. En el 9º asalto acertó tres derechas casi consecutivas por encima de la zurda baja de Ga-tti. Recién en ese instante y no antes, se vio en la obligación de rematar su faena. Lo llevó a Gatti contra las cuerdas, y después de sacudirle la cabeza con toda clase de impactos, lo mandó a la lona con una izquierda abierta.

Cuando se levantó, sólo impulsado por lo último de su corazón de guerrero, Gatti estaba acabado, listo para su derrota. Baldomir lo percibió en el acto, lo volvió a mandar contra las sogas, lo volvió a apabullar con otra cerrada descarga y con otra izquierda ascendente, lo volvió a derribar, mientras el árbitro Wayne Hedgepetch detenía las acciones. Corrían 2 minutos y 50 segundos del noveno round y un denso silencio atrapó a las 12.763 personas que habían agotado las entradas del Boardwalk Hall para alentar a Gatti, el ídolo vencido, quien muy posiblemente anunciará su retiro después de quince años de crudas batallas y dos peleas perdidas de las últimas tres.

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