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Lunes, 17 de agosto de 2009

EXCLUSIVO: EL CONTRATO QUE LA AFA RESCINDIO Y QUE NUNCA ANTES HABIA VISTO LA LUZ

La letra del escándalo

Es la versión definitiva de una serie sucesiva de nueve acuerdos que la entidad que preside Julio Grondona firmó con TSC, la sociedad de TyC y el Grupo Clarín. De cómo un partido en directo y otro en diferido se transformaron en el monopolio del fútbol. Las cláusulas que no se respetaron y los alcances de la desidia dirigencial a la hora de poner la firma, defendiendo menos a sus clubes que al interés empresarial.

 Por Gustavo Veiga

El contrato de la discordia, la versión más actualizada del vínculo que mantuvieron la AFA y el Grupo Clarín durante dieciocho años y cuatro meses, las catorce hojas firmadas una por una el 22 de junio de 2007, esa pieza jurídica que los dirigentes liderados por Julio Grondona mantuvieron bien guardada hasta hoy, fue conseguida por Líbero en el marco de una investigación sobre el conflicto del fútbol. La carátula del convenio tiene impreso el escudo de la asociación y señala que su socia era Televisión Satelital Codificada (TSC), una empresa cuyas acciones se reparten por mitades la productora Torneos y Competencias (TyC) y Clarín.

El acuerdo que rescindió la AFA es el último de una serie de nueve contratos que tuvieron sucesivas ampliaciones y adaptaciones entre el 19 de abril de 1991 y el 22 de junio de 2007 (los nueve están citados y abreviados en el más reciente). Por ese vínculo, la parte empresaria había decidido actualizar el monto a pagarle a la AFA por los partidos del torneo de Primera División en la temporada 2009-2010. La suba alcanzaba a los 212 millones de pesos, pero fue rechazada. Los dirigentes exigían más del doble. En el entramado jurídico de los derechos televisivos del fútbol no era el único contrato que los dirigentes deportivos mantenían. Había cuatro con TyC y hasta uno que liga a TyC y TSC, que es el más desconocido de todos y se trata de un eslabón clave para entender cómo operaban las empresas entre sí.

Mencionado en el acuerdo de 2007, dice: “Con fecha 22/12/1997, TyC, en su carácter de legítimo titular de derechos sobre partidos de fútbol oficial de Primera División emergentes del Acuerdo Asociativo del 02/03/1992 y del Nuevo Acuerdo Asociativo del 01/04/1996 referidos supra, cuya vigencia fue establecida hasta la finalización de la TEMPORADA 2013/2014, cedió a TSC tales derechos con el alcance y salvedades allí referidos”. El contrato se firmó cuando Carlos Avila todavía era el socio mayoritario de TyC, lo que hizo que la relación comercial entre su productora y el Grupo Clarín ganara en mimetismo. Ambas se confundieron en una sola compañía, TSC, donde las partes se dividirían sus acciones por mitades.

El contrato de 2007 lo habían firmado por la AFA su presidente, Julio Grondona; el secretario administrativo, José Luis Meiszner, y el tesorero Carlos Portell, un hombre cercano políticamente a Mauricio Macri y el máximo dirigente de Banfield. Por TSC, cuyo domicilio es la avenida San Juan 1130/32, lo suscribieron Marcelo Daniel Dirrocco y Rubén Horacio Brouchy. El primero es el gerente general de la tercera sociedad con participación en el negocio del fútbol, Tele Red Imagen SA (Trisa), que controla la señal de cable TyC Sports. El presidente de Trisa, José María Ramón Martínez Vivot, también preside TSC, lo que explica la sinergia empresaria en una actividad que controlaba casi por completo el Grupo Clarín.

Los antecedentes

El 19 de abril de 1991 se sentaron las bases jurídicas del enmarañado convenio que continuó hasta el martes pasado cuando, con tono solemne, casi de ceremonial, el vocero de la AFA, Ernesto Cherquis Bialo, comunicó la rescisión oficial. Ese contrato “cedió en forma exclusiva a TSC los derechos de transmisión para la explotación comercial de encuentros de fútbol correspondientes a los campeonatos que AFA organiza en la actualidad u organice en el futuro para su transmisión en directo por el sistema de televisión codificado, de la Capital Federal, interior del país y del exterior, a saber: un encuentro que se disputa el día viernes anterior a cada FECHA y, como complemento, los derechos para la transmisión de un encuentro de fútbol –en diferido– que se disputa los días domingo de cada jornada del campeonato del que se trate”.

Para que se tenga una idea más acabada de lo que sucedió en dieciséis años, entre 1991 y 2007, la AFA comenzó cediendo un partido para ser emitido los viernes y terminó entregando todos, los diez de Primera División, cuando se firmó el contrato que este diario publica ahora con exclusividad. A cambio, TSC le duplicaba la paga de 93,5 millones de pesos anuales a 180 por todo el paquete del fútbol. Esto significa que, además del acuerdo que acaba de ser cancelado por Grondona y los demás dirigentes, había otros cuatro que todavía no se dieron de baja.

Son los del programa Fútbol de Primera, dos más por las categorías del Ascenso (la B Nacional y la B Metropolitana) y uno por los derechos de TV de la Selección Nacional. En 2008, el monto de todos ascendía a 230 millones y para el año en curso la intención empresaria era elevarlos a 268. De esta suma, 212 millones irían a las arcas de los clubes de Primera División, 28 para la B Nacional y otros 14 para la B Metro, como se la conoce. Los 14 restantes los recibiría la AFA por el ciclo que conducen Enrique Macaya Márquez y Juan Pablo Varsky en El Trece. El contrato del seleccionado es exclusivo de TyC y no se conoce el monto.

El 3 de marzo de 1992, la AFA cedió por un convenio complementario el segundo partido del largo vínculo comercial. Se transmite desde entonces los sábados. El 29 de julio de 1994 se amplió la cesión a un tercer encuentro televisado entre clubes de los denominados “de menor convocatoria”. El 30 de agosto de 1996 se prorrogó el contrato del 19 de abril de 1991 y sus complementarios y anexos. Hasta que el 5 de noviembre de 1999 se fijó que la AFA recibiera de TSC el 50 por ciento de “las sumas percibidas por ésta resultantes de la comercialización de los derechos de transmisión de los partidos a las emisoras de cable, aéreos codificados y sistemas directos al hogar de la República Argentina. Asimismo se estableció una contraprestación mínima global garantizada anual de U$S 60.000.000 a abonar en doce (12) cuotas mensuales iguales y consecutivas de U$S 5.000.000 cada una”.

La AFA y TSC pasaban a ser socias de todo lo que se comercializara al 50 por ciento cada una. Aquella suma de 60 millones de dólares es a la que se aferran en TSC y TyC para argumentar que hoy estarían pagando menos que hace diez años si se cumpliera el contrato. En efecto, con el dólar a 3,85 pesos, 60 millones en la divisa norteamericana son 231 millones de pesos. Casi lo mismo que recibió el fútbol en la temporada 2008-2009.

Lo que olvidan decir en las compañías es que abonaron mucho menos por el producto en los últimos diez años. En 2007, cuando el dólar cerraba el año con una cotización de 3,15, TSC decidió pagar por el paquete del fútbol 93,5 millones de pesos. Los valores anteriores incluso eran inferiores. Pero con la contraprestación mínima anual de los 60 millones en divisas, debería haber erogado 189 millones de pesos en 2007 y no casi la mitad. Aun con el dólar más bajo, por ejemplo a 2,80, la suma que les hubiera correspondido a los clubes era de 168 millones de pesos.

El 24 de julio de 2001, cuando el país se precipitaba hacia su grave crisis de diciembre, se establecieron “ciertas adaptaciones transitorias a los aspectos económicos y de programación de la relación entre AFA y TSC”; el 18 de junio de 2002 se creó un instrumento para regular “la adecuación de los montos a abonar a AFA”, y el 22 de noviembre de 2004 se adaptó otro convenio semejante al de 2001. Por su parte, los cuatro viejos contratos firmados entre la AFA y la productora TyC hoy tienen una importancia aleatoria. Citados en el que acaba de rescindirse, datan de 1992, 1993, 1994 y 1996. El más importante, queda claro, es el que firmó TyC con su socia TSC para cederle sus derechos en 1997.

La entrega

En la tercera parte del contrato de 2007 al que accedió este medio, se menciona el “Cuadro de Programación”. Allí consta la entrega de la AFA, en un sentido tan literal como metafórico, de su mal comercializado producto fútbol. Los dirigentes se quejan ahora de que los “pasaron”, pero ellos lo hicieron posible desprendiéndose de todo: “A partir del inicio del Torneo Apertura 2007, correspondiente a la Temporada 2007/2008 (prevista para el mes de agosto de 2007) y hasta la finalización del PERIODO, se podrán difundir en vivo/directo incluso para la zona de disputa, la totalidad de los encuentros futbolísticos correspondientes a cada FECHA” (las palabras en mayúscula son del original). Después de este párrafo se desgranan los distintos horarios de partidos y el sistema mediante el cual serían televisados (Premium y básico).

Con este esquema, los principales socios del negocio (la AFA y TSC) buscaban “la generación de mayores ingresos para ambas partes”. La empresa se reservaba para sí la determinación de elegir “la cantidad de partidos a ser difundidos en vivo/directo y la modalidad en la que llegará al público” a su exclusivo criterio. Esa atribución se extendía por contrato a otras, como que Boca y River jugaran siempre los domingos, que la AFA realizara “sus mejores esfuerzos a fin de lograr que cada uno de los equipos intervinientes se integre con al menos ocho (08) jugadores titulares de Primera División” y que “el fixture televisivo correspondiente a cada FECHA será establecido de común acuerdo y exclusivamente entre AFA y TSC...”.

Siempre con el fin de tener como objetivo “la maximización del nivel de interés deportivo y televisivo de los productos destinados al público y la optimización del nivel de competencia deportiva entre los equipos participantes”. Ni la seguridad en un fútbol que ya superó con holgura los dos centenares de muertes, ni la histórica división de días entre la Primera División (domingo) y el Ascenso (sábado), para no perjudicar los ingresos de los clubes más débiles, ni las previsibles quejas contra la impuntualidad e imprevisión del fútbol argentino hechas por quienes compran el producto en el exterior, serían tomados en cuenta.

Había que optimizar las ganancias a lo que diera lugar, aun a riesgo de transformar el fútbol nacional en el más desorganizado del mundo. Un sayo que ningún especialista en fútbol internacional se atrevería a discutir.

La quinta parte del contrato estipula que “TSC estará facultada para comercializar por sí la totalidad de los productos AFA a terceros (incluyendo –pero sin limitarse a– operadores de cable, DDT, aéreo codificado, televisión abierta, Internet, empresas de telefonía fija y/o celular, así como cualquiera otra plataforma creada o a crearse que pudiera difundir los productos AFA), contando para ello con las más amplias facultades para decidir condiciones, el modo y la forma de comercialización que considere más conveniente para potenciar los ingresos”.

La descripción de los controles a tan amplias atribuciones de TSC se explica una línea más adelante: “... AFA llevará a cabo el seguimiento de las propuestas comerciales realizadas a los cableoperadores, con amplias facultades para formular sugerencias, alternativas, señalar oportunidades y contribuir a la definición de objetivos”.

En el mismo párrafo se explica cómo TSC le vendía a Tele Red Imagen SA (Trisa), o sea el canal TyC Sports, los cinco partidos incluidos en el abono básico del cable y otros derechos que no hubieran sido cedidos a las señales de cable del interior en el segmento PPV o Premium. A cambio, Trisa pagaría 140 millones de pesos anuales ajustados por la TNB (Tarifa Nacional Básica).

El contrato también fija que al momento de que TSC reciba ingresos por 300 millones de pesos según la cláusula sexta, “AFA tendrá participación en la definición de las pautas comerciales a ser aplicadas a los nuevos clientes que estén interesados en difundir los productos AFA a través de nuevas plataformas, ello en la medida en que no pongan en riesgo las actividades ni los ingresos de los actuales clientes de TSC, y que contribuya a la consecución del objetivo de maximizar los ingresos de TSC...”.

Grondona, Meiszner y Portell avalaron con su firma en el contrato de 2007 que “no existen reclamos pendientes, y que en consecuencia nada tiene que reclamar la AFA a TSC con relación a sus obligaciones de pago ni por ningún otro concepto hasta la firma del presente instrumento, declarando ambas PARTES que hasta la fecha han cumplido debidamente y ejercido regularmente las obligaciones y derechos resultantes de todos los contratos mencionados en la cláusula Primera-Antecedentes”.

Si los dirigentes volvieran a leer este punto del acuerdo, se darían cuenta de por qué perdieron credibilidad cuando despotrican contra TSC y TyC. Ahora encarnan una causa justa –la del fútbol gratuito por TV para todos– que no se corresponde con el papel que desempeñaron durante dos décadas. Parecen salidos de esa fábula que habla de la zorra y las uvas. Las condiciones desventajosas del contrato que sucesivamente refrendaron no los exime de responsabilidad. Defendieron mal a sus clubes y sólo cuando el Gobierno nacional los alentó a rescindir el vínculo con TSC, se pusieron firmes por primera vez en dieciocho años.

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