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Lunes, 9 de diciembre de 2002

9 DE DICIEMBRE DE 1962, PENULTIMA FECHA: ROMA LE ATAJA EL PENAL A DELEM. BOCA GANA 1-0 Y SE ASEGURA EL CAMPEONATO

Roma canta los cuarenta

Hace cuarenta años se ejecutó el penal más famoso de la historia del fútbol argentino. Penúltima fecha, Boca y River punteros con 39 puntos. Ganaba Boca 1-0 en la Bombonera y a minutos del final, tras penal de Simeone a Artime, Antonio Roma, adelantándose un par de pasos a su derecha, le detiene el disparo al diestro Delem. Ha pasado el tiempo, el arquero ha cumplido setenta años y la leyenda –en sus sueños y en los de la gente– continúa. La polémica también.

 Por Juan José Panno

Todo pasa muy rápido. El tipo rubio y flaco que patea fuerte, a la derecha del oso, que se adelanta un paso, dos y se arroja y pone la mano y la pelota le pega y sale para un costado y se va al corner y los hinchas de Boca que estallan en un grito sordo y los jugadores de River, con el rubio a la cabeza, que se van encima del árbitro para decirle que el oso se adelantó y el árbitro que dice “aire, aire, penal bien pateado es gol” y los jugadores de camiseta azul y oro que abrazan al oso y pasa todo tan rápido que pasan volando ¡cuarenta años!, desde aquel 9 de diciembre del ‘62, el día que Roma le atajó a Delem el penal más famoso de la historia del fútbol argentino.
Se tiró a los pies
Los de River, ahora y dentro de otros cuarenta años, seguirán diciendo que basta mirar las fotos para entender que hubo mula, que Roma casi se tira a los pies de Delem; Roma explicará que dio un paso para un lado y se tiró sobre el otro costado; Delem callará harto de su estigma; los de Boca dirán que puede ser que un poquito se haya adelantado, pero se ampararán en que ese penal que cobró el arbitro no había sido foul; los de River reconocerán que sí, que puede ser que no haya sido, pero que antes hubo un penal que no cobró y los de Boca, inevitablemente soberbios, dirán que a llorar a la iglesia, citarán a Nai Foino –”penal bien pateado es gol”– y remitirán al otro penal que hubo en ese partido, el que pateó Paulo Valentim a los 14 minutos del primer tiempo, en el mismo arco de la Casa Amarilla y dirán que Amadeo Carrizo se adelantó, pero para el costado equivocado.
La prehistoria
Boca y River habían llegado a ese partido, penúltima fecha, con la misma cantidad de puntos: 39. Primera vez que se producía una definición tan apasionante. Cualquiera de los dos que ganara tenía medio campeonato en el bolsillo, porque quedaba una sola fecha y Boca debía jugar con Estudiantes en la Bombonera y River con Gimnasia, que había hecho un buen torneo, pero estaba fuera de carrera, en La Plata. Si el clásico terminaba empatado, seguían iguales y marchaban hacia un partido de desempate, pero no pasó nada de eso. En un partido parejo, Boca ganó 1 a 0 y en la fecha siguiente, mientras River goleaba 4-1 a Gimnasia, Boca superaba 4-0 a Estudiantes y daba la vuelta olímpica.
La cara del deporte
La tapa de El Gráfico del 12 de diciembre de 1962 curiosamente no fue para Roma sino para la hinchada de Boca con este título: “Un solo grito, un jugador más”. Eso sí, la página 3 está ocupada por una foto de Roma abrazado por Rattin y un policía y este texto: “Pasó a la historia. Roma acaba de tocar el cielo. ¡Penal atajado! En el partido histórico, la actuación histórica. Durante el encuentro, y antes del penal, ya había dado pruebas de que era capaz de cualquier hazaña. Cuando se hable de este match, se dirá: “El partido del penal que atajó Roma”. Es verdad. Tenían razón con el vaticinio. Y más aún: Roma, hasta ese momento, era un sustantivo asociado a la histórica capital italiana; desde ese día, en la Argentina futbolera, pasó a ser otra cosa: se convirtió en el nombre del que le atajó el penal a Delem y le dio a Boca el campeonato más celebrado de todos los tiempos.
Recuerda Roma
No hace falta aclarar a qué viene el llamado cuando uno se identifica como Fulano de la sección Deportes de Página/12. Casi ni hacen falta preguntas. Antonio Roma se despacha solo: “Ultimamente se me da por soñar que llego tarde al entrenamiento, justo yo, que siempre llegaba temprano, y resulta que llego tarde y me tengo que ir cambiando preocupado, en eltúnel. Se ve que estoy ablandando, ahora que acabo de cumplir 70 años, el 13 de julio. Con el penal soñé un par de veces, nada más. Pero lo tengo presente, con todos los detalles. De todo me acuerdo. Cuando cobró Nai Foino, le fuimos a protestar porque Artime se había tirado, no había sido foul, pero no había nada que hacer. Entonces me fui hacia el arco, me apoyé en el palo izquierdo, levanté una mata de pasto, hice la promesa de que me iba a ir caminando a Luján si lo atajaba y repasé toda mi vida en un par de segundos, mientras recordaba que un compañero de equipo, el Canario Pérez, había visto a River un par de fechas atrás y me había dicho que Delem había pateado un penal fuerte, a la derecha. Delem pateaba con las dos piernas y con mucha potencia así que si me quedaba quieto en el medio del arco, no había manera de llegar. Por eso, cuando se paró como derecho, yo ya había decidido para qué lado me iba a tirar. Cuando llegó a la pelota, di un paso hacia la izquierda y después me largué, en diagonal para mi derecha. Por suerte no me dobló las manos, pero la pelota venía con tanta fuerza que se fue cerca del banderín del corner. Lo más increíble de ese penal fue todo lo que me tocó vivir después. Si realmente estaban en la cancha todos los que en estos cuarenta años me dijeron que fueron testigos, había un millón de tipos. ¡Es impresionante lo que puede la fantasía! Una vez, un hombre me dijo que de la alegría había tirado un zapato a la cancha y yo se lo había devuelto, como quien lanza el disco; otro me habló de los dos penales que le atajé esa tarde a Delem... ja, dos penales. Como si uno no fuera ya demasiado...”.
Bomberos voluntarios
Carlos Nai Foino volvió a dirigir a River en la 10ª fecha del campeonato de 1963, en un partido contra Vélez. Y en esa vuelta tuvo que noquear a un hincha que se había metido en la cancha con intenciones de acogotarlo. El tipo estaba caliente por un gol que esa tarde le había anulado a Artime, pero también quería cobrarse venganza por lo de Roma, cuando se le tiró a los pies a Delem. El árbitro lo madrugó. Aquellos fueron años de luto que dejaron a los de Núñez las decisiones de tres hombres de negro: Nai Foino, Nimo y Dellacasa padre. En el ‘62, Delem-Roma-Nai Foino; en el ‘68, la mano de Gallo en la cancha de San Lorenzo que vio todo el mundo menos Guillermo Nimo; y en el ‘70, las tres veces que pateó Tarabini a Cejas (que en las dos primeras había atajado, aunque adelantándose según Humberto Dellacasa) el penal con el que Independiente le robó el campeonato a River.
Recortes
Aquel domingo 9 de diciembre de 1962, Boca formó con Roma; Silvero y Marzolini: Simeone, Rattin y Orlando; Pueblas, Menéndez, Valentim, Pezzi y Alberto González. Por River jugaron Carrizo; Ditro y Echegaray; Sainz, Cap y Varacka; Sarnari, Pando, Artime, Delem y Roberto. Delem –cuyo verdadero nombre es Lazaro Vladem Quevedo Ruiz– y Roberto eran brasileños, al igual que Orlando y Valentim. Se vendieron 34 mil entradas, había 60 mil personas. El comentario de Juvenal, en El Gráfico, se tituló así: “Boca decidido a ganar, resignado a no jugar y River en su ley; fútbol ofensivo esta vez sin fuerza para definir”. Eran otros tiempos. A otro maestro del periodismo deportivo, Osvaldo Ardizzone, le tocó hacer en su particular estilo la crónica minuto a minuto del partido. Así contó el momento culminante: “Va a tirar Delem. De frente a la pelota. Perfilado como se perfilan los hombres de pierna derecha. La lógica es el costado derecho de Roma. Y Delem respeta la lógica. Sin amagar. Sin ninguna ‘carta escondida’. Ingenua y francamente. Roma va al costado lógico, adelantándose más de un metro. Infracción visible. Y ahí llega la pelota. Rebota en las manos de Roma y queda botando en la puerta del área. Roma se esfuerza y la saca al corner de un manotazo”.
Pasó todo demasiado rápido. Fue hace apenas cuarenta años.

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