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Lunes, 25 de febrero de 2002

DIEZ APUNTES SOBRE LA VIOLENCIA EN EL FUTBOL

Acá no ha pasado nada

No hubo muertos en la jornada de ayer del fútbol, lo que hubiera movido al Gobierno a entrar en la negociación con la AFA y los clubes. Pero el temor es que la calma del fin de semana redunde en un nuevo “todo pasa”...

 Por Pablo Vignone

1 Vamos a tomarle prestado, con las disculpas del caso, un concepto al genial Alfredo Di Stéfano, tan agudo en la reflexión como seguramente lo fue en la cancha. Refiriéndose al campeonato español, Alfredo advirtió que la expectativa que el torneo despierta de lunes a sábado es sensacional, por la manera en que se discute y se argumenta y la (expectativa) con la que se espera la fecha. “Lástima –dice Di Stéfano– que el domingo se juegan los partidos.” No sólo por la gracia, en este caso la lástima es puramente estética. Pero trasplantada la observación al fútbol argentino, la lástima es dolor. Allá los partidos dan lástima porque aburren. Acá, sencillamente, porque matan.

2Por fortuna, ayer no hubo que lamentar víctimas fatales. Razón de más para insistir, no vaya a ser cuestión de que los que tienen las uñas sucias de responsabilidad vuelvan a mirar para el costado. Pero la mecánica sobre la cual está estructurado el fútbol argentino sigue preparada para devorar. La barra brava de Racing se fue en auto a Rosario, pese a que avisó que no iba para evitar problemas, porque la hinchada de Newell’s es aliada de la de Independiente. Pero a la hora de salir de Avellaneda, en la madrugada, hubo tiroteo con la barra roja. A la tarde, Francisco Arias, hincha de River, se cayó del tren en el que viajaba a La Plata a la altura de Sarandí; perdió el brazo derecho, sufrió fracturas múltiples y hundimiento de cráneo, y su estado es delicado.

3Una alta fuente del gobierno de Eduardo Duhalde confió a Líbero su preocupación por los episodios criminales sucedidos en las canchas en la última semana. “Si no podemos resolver esto, no tiene sentido seguir así” deslizó ominoso. ¿Cuál es la solución, entonces –se le preguntó–, parar el fútbol? El Gobierno no lo tiene tan claro. En el marco crítico que vive la Argentina, la situación encierra una paradoja. Parece un problema menor frente a los graves dramas argentinos, y sin embargo no lo es, o no se lo considera así.

4No escapa a nadie el alto poder disuasivo que ofrece el fútbol en la sociedad moderna, para diluir tensiones sociales. Baste recordar que la única medida pública que tomó el ministro del Interior del ilusorio gobierno del puntano Adolfo Rodríguez Saá fue asegurar las condiciones para que el Apertura 2001, que enfrentaba a Racing y River, terminara antes de que se escurriera el año. Así fue: el 27 de diciembre se jugaron los dos partidos, Racing salió campeón, y tres días más tarde Rodríguez Saá renunciaba a la presidencia.

5En el Gobierno no están seguros, entonces, de que parar el fútbol sea una solución, ni para el fútbol mismo, ni para el momento que se vive. “El problema no es futbolístico ni policial”, aseguró el funcionario consultado por Líbero. Pues entonces, ¿quién tiene la culpa? Las miradas recaen sobre dos edificios: el de la calle Viamonte al 1100, y el de Balcarce y Venezuela. Las sedes de la AFA y Torneos y Competencias. En el primero de los casos, vaya novedad.

6 La obscenidad del fallo del Tribunal de Disciplina, exculpando tanto a Racing como a Independiente de los episodios que derivaron en la muerte del hincha Gustavo Rivera, le echó leña al fuego. Anclados a una posición de fuerza que se resiste al cambio, como una Suprema Corte que sólo entiende de privilegios, el cuerpo colegiado mostró por enésima vez la gotera por la que se escurren todos los discursos progresistas que suponen un arreglo posible en el fútbol. Lo del Tribunal fue un enjuague colosal que muestra que la AFA no está dispuesta a la autocrítica, ni a castigar a sus integrantes.

7El enojo del Gobierno con la AFA el miércoles era inclasificable. El día en que se cumplían dos meses de la renuncia de De la Rúa, con amenazas de piquetes y cortes de ruta, la apretada programación del Clausura 2002 obligaba a que River jugara a media tarde en el Monumental ante Unión. Hubo tres mil policías custodiando el microcentro y trescientos dedicadosal operativo de seguridad del partido. “¿Vos sabés lo que costó reunir 300 policías?” se sinceró el funcionario ante el cronista. Un detalle: en ese partido hubo 7 mil espectadores; en el Valencia-Barcelona del sábado, jugado en Mestalla ante 65 mil espectadores, hubo 90 policías y 110 guardias de seguridad privados.

8“Estamos jugando todos para Torneos”, se quejaron en los pasillos oficiales, apuntando a que los partidos se programan en función de la TV, aunque se encimen los riesgos. Ayer hubo correcciones, para que los hinchas de River no tuvieran que deambular por La Plata en horas de la noche. Pero en el ambiente sopla la misma desalentadora sensación: ¿se sostendrá esta política o, dado que ayer no hubo muertos, retornarán las viejas prácticas?

9En las esferas gubernamentales se especula con que otra muerte pondría al fútbol de rodillas. Pero de allí a pensar en una suspensión masiva hay un largo camino. “Habrá que sentarse todos, y que cada una de las partes, los clubes, la AFA, la policía, asuma su cuota de responsabilidad”, dicen. Suena muy parecido a lo que constituyó la Mesa del Diálogo Argentino. ¿Harán falta obispos que reciban los planteos y terminen asqueados por la ausencia de renunciamiento? Hasta que los clubes no blanqueen y cesen el perverso padrinazgo de las barras bravas no habrá solución, por más rondas de café que se consuman en esas reuniones multitudinarias. Una vez más, todo pasará, como dice el Señor del Anillo.
10“Hay que tomar la decisión política –insistió el funcionario–. Si en un estadio no se puede jugar, entonces no se puede jugar.” Chicago y Chacarita no pudieron jugar en esta fecha porque el estadio de Mataderos no fue habilitado. No se jugó. Racing y Central deben su partido de la tercera fecha. Fue suspendido por sugerencia de la Bonaerense. No se jugó. Se verá cuándo se juegan, porque el Mundial asoma en el horizonte. Más parches. Este Clausura está tan emparchado como el fútbol que lo genera. Pero la tela que ahora lo recubre es una gran mancha multicolor, con negros y con rojos, con muchos rojos...

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