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Domingo, 17 de julio de 2005

MI PERSONAJE FAVORITO

Testigo en peligro

Por Elvio E. Gandolfo


Hace unos tres años releí El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald. Aparte de consolidarlo entre la media docena de grandes libros que he leído, quedé estupefacto por un olvido. El recuerdo (tal vez ayudado por la mediocre adaptación al cine: la imagen pesa más que la palabra en la mente) había borrado por completo a Nick, el amigo del protagonista. En gran parte del desarrollo es poco más que la voz que narra. Pero al acercarse al final, pasa a primer plano, encuentra al cretino de Tom Buchanan y le dice lo que piensa de él. Y sobre todo ve con claridad: “Ahora me doy cuenta de que la historia que he contado era una historia del Oeste, después de todo: Tom y Gatsby, Daisy, Jordan, y yo mismo, éramos todos gente del Oeste y quizá poseíamos en común algunas deficiencias que nos hacían sutilmente incapaces de adaptación a la vida en el Este”. Con diferencias claras, desde luego: “Tom y Daisy eran criaturas desconsideradas: hacían añicos cosas y personas y luego volvían a su dinero o a su enorme desconsideración, o lo que fuese que los mantenía unidos, y dejaban que otros se encargaran de limpiar lo que ellos habían ensuciado...”

En esas páginas finales Nick deja de ser mero testigo y se convierte, más que en la opinión del autor, en un personaje que dice lo que piensa, y actúa, pregunta y devela, cuando se encuentra en la calle con Tom Buchanan. Me pregunté en su momento por qué me había olvidado por completo de Nick. Y ahora por qué, cuando pensé en un personaje literario favorito, pensé sin vacilar en él. Puede ser el paso del tiempo. Richard Ford cuenta en un prólogo a cuentos de Chéjov que con poco más de veinte años La dama del perrito le parecía un cuento más sobre el amor. Pero después de los cuarenta pudo ver por qué muchos lo consideran EL cuento sobre tema. Hoy Nick, a diferencia de lecturas (y edades) anteriores de El gran Gatsby, me parece un gran personaje.

Pienso también que a menudo los autores malogrados (como en parte lo fue Fitzgerald, como siempre estamos a punto de serlo todos, en algún plano) pueden cometer el error de fascinarse, cuando releen lo que escriben, con los seductores protagonistas del fracaso como Gatsby (un amigo lo definió como “un pelotudo de lujo”), y no prestarles demasiada atención a los Nicks, y morir antes de tiempo.

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