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Domingo, 28 de agosto de 2005

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Cartas de cumpleaños

 Por Mariana Enriquez


Cartas de cumpleaños se lee de una forma muy distinta si se conocen las biografías de Ted Hughes y Sylvia Plath. Sus seis años de matrimonio, la vida cotidiana de la pareja de poetas jóvenes, el amor, los celos, la desdicha y el terrible final de Sylvia cuando se suicidó en 1963 con el gas de su cocina. Después de la muerte de su esposa, Ted Hughes guardó un silencio absoluto sobre las circunstancias del fin de su matrimonio –había abandonado a Sylvia poco antes de su suicidio– y controló el uso y la publicación de los diarios de su esposa muerta, al punto que muchos lo acusaron de manipulador. Pero Hughes jamás reaccionó a las provocaciones, ni siquiera ante las protestas que ciertas organizaciones de mujeres realizaban cada vez que leía su propia poesía en público. Entretanto, se convirtió en uno de los poetas más importantes de Inglaterra –si no el más importante– hasta obtener el título honorífico de Poeta Laureado.

Su colega Seamus Heaney dijo alguna vez: “Ted Hughes está empalado en los cuernos de un dilema creativo: escribir directamente sobre aquello que tan desesperadamente necesita expresión puede ser visto como una explotación de algo sacrosanto; pero no escribir sobre ello debe sentirse como una abdicación de responsabilidades imaginativas y espirituales”.

Por fin, en 1998, poco antes de morir, Ted Hughes publicó Cartas de cumpleaños, la colección de poemas cuyo único tema es la vida y la muerte de la autora de Ariel y La campana de cristal. Como los poemas de Ariel de Plath, están dedicados a Frieda y Nicholas, hijos de la pareja. Y lo que Hughes tenía para decir era de una belleza pasmosa y una complejidad que destruyó todas las elucubraciones sobre la pareja de poetas más célebre del siglo XX. En un orden casi cronológico, Hughes le escribe a Sylvia con dolor, con enojo, con compasión, con madurez, con honestidad. Andrew Morton, el crítico del London Times, escribió: “Leer este libro es como sufrir la descarga de un rayo. Su poder, su fuerza, es a veces tierno, a veces humorístico, a veces angustiado y surge siempre de un presente quemante e inmóvil. Quienes pensaron que la reticencia de Hughes era una prueba de insensibilidad se darán cuenta inmediatamente de que los insensibles eran ellos. Estamos ante un libro escrito por alguien obsesionado, herido y que estuvo profundamente enamorado. Nunca se había visto nada parecido en literatura”.

Quizás el poema más famoso de Cartas de cumpleaños sea “18 Rugby Street”: “Mientras caíamos/ en un estruendo de alma tu cicatriz me contó/ –como contraseña o nombre secreto–/ cómo habías intentado matarte. Y oí/ sin dejar ni un momento de besarte/ como si lo susurrase una estrella serena/ sobre la ciudad que giraba retumbando: Mantente lejos de ella/ Una estrella cobarde. No recuerdo/ como llegué de contrabando, enrollado a ti,/ dentro de tu hotel. Allí estábamos/ Eras tan delgada y suave y ágil como un pez/ Eras un mundo nuevo. Mi nuevo mundo./ Así que esto es América, me maravillé/ ¡Qué bella, qué hermosa es América!”.

La edición de Cartas de cumpleaños que se consigue a sólo 6 pesos en las librerías de calle Corrientes es bilingüe y la traducción de Luis Antonio de Villena es muy digna. A lo mejor está tan barato porque las páginas están pegadas y hace falta usar el cortapapeles. El trabajo vale la pena, porque cada página es una verdadera obra maestra.

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