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Domingo, 2 de septiembre de 2007

RAMOS

Tango feroz

Una novela que plantea una reflexión sobre la relación del relato con su vivencia. De la tristeza a la ferocidad, un paso.

 Por Luciano Piazza

La ley de la ferocidad
Pablo Ramos
Alfaguara
368 páginas.

Gabriel despierta con la voz de la madre en el teléfono y la noticia de la muerte del padre. Gabriel es el que fue un pibe en el Viaducto de Sarandí en la novela anterior de Pablo Ramos, El origen de la tristeza, a quien Ramos acepta abiertamente como su alter ego narrativo. Es el que ha crecido odiando al padre, luchando con el alcohol, la merca, las putas, y, casi con coherencia, es el mismo que triunfó con una empresa propia para tener guita para despilfarrar.

El relato que protagoniza Gabriel es el duelo, y el relato del duelo, durante las dos noches que dura el velorio de su padre. El es el vehículo de los hechos que le están pasando por encima: el encuentro con su familia y sus ex mujeres, y la necesidad de saldar la relación con un padre difícil y distante, la vuelta al bourbon, al sexo con dolor. Gabriel es el vehículo de sucesos del pasado que siguen viviendo en él, y que no puede detener, salvo cuando los convierte en palabra. Tiempo después de los sucesos llega al orden del relato, una vez que la experiencia ya lo superó.

Es el concepto de experiencia el centro de esta literatura de Pablo Ramos, la experiencia vital y no literaria. Lo que él vivió sigue latiendo en las palabras que machaca contra la máquina de escribir. Allí puede estar la ferocidad que con buen gusto desordena la estructura de su novela. Los sucesos, apenas unidos por un hilo cronológico, carecen de jerarquía porque el único tiempo que ordena la memoria de Gabriel es la muerte del padre. Todo gravita en torno de esa muerte. ¿Cómo se expande esta novela desde la experiencia? El problema de la capacidad de capturar la experiencia con un puñado de palabras dirigidas en sentido estético no es ignorado por Ramos. Lo enfrenta, intenta recuperar la fuerza de lo vivido escribiendo con intensidad, como si hubiese una relación entre el mecanismo de la escritura y el mecanismo que dispara las emociones de la vida. Todo parece indicar que Ramos ha caído en un lugar común, que pretende recuperar lo irrecuperable. El mismo escritor reconoce que se anima a caminar por la cuerda floja, a correr el riesgo de quedarse en el lugar común.

La delgada línea por la que circulaba el humor en El origen de la tristeza no se puede sostener en La ley de la ferocidad. El humor que desarrolla a partir de la detallada composición de escena en la primera entrevista en la sala velatoria no deja espacio para la risa. No hay aire para sonreír, en esa sala velatoria. Esa distancia respecto de su anterior novela abre una narrativa más difícil de recorrer. Al tener menos filtros reflexivos, irónicos y cínicos, hace la lectura más ardua, porque la apuesta es más alta: escribir más vida, menos literatura.

El otro texto que acompaña a esta novela es el compendio de entrevistas que dio Pablo Ramos a los medios. Sus breves relatos en los que establece un puente autobiográfico con sus dos novelas es otro gesto desafiante del escritor. Sabiendo que por todos los rincones se ha afirmado la muerte del autor, aun así, la historia de la vida de Pablo Ramos nutre su novela. Es indiscutible que existe un efecto sobre la lectura de su personaje Gabriel, desde el momento que escuchamos a Ramos decir: “Y fue así, porque largué todo para escribir. Tenía 150 obreros a cargo, ganaba 20 mil dólares por mes, facturé 9 millones en 1999. Eran las putas, la merca y la guita, para olvidarse de todo. Hice la plata desde la nada, desde el odio, desde una pensión con una caja de herramientas, tocando timbres para cambiar enchufes”.

¿Su historia de vida enriquece o empobrece la lectura de su novela? Tal vez haya a quienes les cause indiferencia. El hecho de que haya vivido la adicción, las prostitutas, el despilfarro del empresario exitoso, nada dice respecto de su capacidad de narrarlo. Pero una vez que la narración ya está publicada, y la intensidad en su novela vale por sí misma, la otra historia, la de la biografía, se pliega y genera más intensidad a su lectura. Una apreciación indiscutible es que la ferocidad cobra un sentido propio que Ramos ha construido en su obra, le haya costado o no una parte de su biografía.

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