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Sábado, 6 de noviembre de 2010

En los umbrales de lo real

Los relatos fantásticos de Balzac abren una puerta que si bien lleva al laberinto de la Comedia Humana, también permite atisbar cómo el gran escritor realista recreaba viejas leyendas y personajes míticos. Ahora se publican tres de las más destacadas nouvelles del género en una cuidada edición local.

 Por Alicia Plante

La indiscutible vigencia literaria de Honoré de Balzac (1799-1850) siempre justificará la reedición y el análisis de sus obras. Fue el precursor del realismo francés, una corriente que surgió casi superpuesta con el romanticismo y a cuyo desarrollo contribuyeron Stendhal, Flaubert, Zola, Proust, con tal potencia estética e ideológica que escritores como Dickens en Gran Bretaña y Dostoievski en Rusia adhirieron a los nuevos postulados y extendieron su repercusión a otras culturas europeas.

El título de esta selección puede desorientar un poco. Que precisamente el escritor que primero se atrevió a descorrer los velos tendidos sobre los laberintos más oscuros de las motivaciones humanas; el que mostró la intimidad de las personas y el verdadero entramado de sus relaciones, de sus aspiraciones, algunas veces generosas, casi sublimes, muchas otras perversas; el que desnudó la falta de escrúpulos y la crueldad de los poderosos; el que denunció la hipocresía de una sociedad falsamente pudorosa, que con palabras grandilocuentes y gestos elegantes encubría la falsedad de valores que declaraba sagrados; en fin, que justamente Balzac eligiera en estos relatos recurrir a los resortes propios del género fantástico, es un hecho que pide explicación.

Como apuntando a esa aparente contradicción, Silvia Nora Labado presenta en su introducción una versada aproximación a las tres nouvelles que integran el volumen y al modo en que el escritor se sirve de lo fantasmático. Explora asimismo los modos de intersección de las tres tramas, relacionadas a través de la oposición o de la complementariedad.

El coronel Chabert y otros cuentos fantásticos. Honoré de Balzac Gorla 160 páginas

En el primer cuento, “Adiós”, Balzac critica la guerra mediante imágenes escalofriantes de la retirada napoleónica del territorio helado de Siberia, mientras la perspectiva aterradora de la carga rusa paraliza a los rezagados (y nos recuerda la atroz tensión frente al ataque que no se concreta en El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati). El cuento plantea una disyuntiva fatal para la protagonista, Stéphanie (una mujer, como es frecuente en el realismo). Ante una situación insoportable ella encontrará refugio en la locura. Esa opción locura/ naturaleza o terror/ muerte sólo es posible, entonces, mediante la represión de la escena traumática, cuya reinstauración le devolverá la razón y la palabra a costa de la vida.

“El elixir de larga vida” es una curiosa recreación del Don Juan Tenorio de Tirso de Molina, musicalizado por Mozart en Don Giovanni casi cincuenta años antes. Esta narración también representa una crítica frontal a un sistema social que promueve el libertinaje y ya en 1830 beatifica el dinero y lo coloca en pie de igualdad con otras formas del poder hasta entonces incuestionadas, por ejemplo, los títulos nobiliarios: “con sus escudos [don Juan] es tan príncipe como yo”... Con algo también del Fausto de Goethe (Balzac mismo lo insinúa sin reparos), el segundo tema del cuento es el ridiculizado afán humano de lograr la inmortalidad.

“El Coronel Chabert” es la obra que Balzac más trabajó de las tres, cargada de situaciones y sentimientos autobiográficos. Es asimismo un cuestionamiento amargo al egoísmo y la avaricia, pero puntualmente al sistema judicial francés del siglo XIX, en el cual, contra su voluntad, el escritor cumplió funciones en la juventud. Como siempre ocurre en la obra del escritor, por debajo de los temas manifiestos opera otro laboratorio, con planteos más sutiles y eficaces, en este caso, hasta donde el nombre es esencial a la vida: si no se reconoce que es él quien salió de la tumba, Chabert vuelve a la muerte.

El cuento fantástico es entonces en sus manos una manera diferente, quizá más aguda e ingeniosa, de consumar los objetivos del realismo. O sea que, lejos de implicar una desviación de sus postulados, viene a servirlos por una vía que se convierte en primaria.

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