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Domingo, 9 de diciembre de 2012

Juvenilia alternativa

En La contracultura juvenil, Hugo Biagini hace un recorrido por la juventud y su fuerte influencia en los movimientos de reformas y rebeliones de los últimos siglos, desde los jóvenes revolucionarios de Mayo hasta los reformistas universitarios, y un panorama de lo que viene sucediendo en América latina y Europa en lo que va del siglo veintiuno.

 Por Martin Kasañetz

Asociada por la mirada conservadora al desorden social y la anarquía, la juventud, en su reverso, ha sido vista y también idealizada como el sujeto de las utopías, el fuego creativo y la rebeldía. Hugo Biagini, filósofo e historiador, interesado apasionadamente en los temas del mundo global y la historia de los movimientos alternativos, es una persona sin dudas apta para descifrar los conflictos y armonías de una juventud protagonista de profundos cambios sociales y culturales. Su libro La contracultura juvenil es un importante paso en esa dirección.

La “primera juventud” argentina del siglo XIX recibió influencias de lecturas de Voltaire y de Rousseau, entre otros, que excedían lo universitario y que formaron lo que llamaste la figura del “joven moral”. ¿Cómo se formaron esos jóvenes revolucionarios?

–A pesar de esas influencias, Mariano Moreno no sigue en política la tónica elitista de Voltaire, para quien la igualdad resulta algo quimérico. Moreno exalta, en cambio, los derechos del pueblo y el indígena e introduce una figura innovadora del filósofo: aquel que denuncia el colonialismo y las grandes fortunas. Un espíritu equivalente reaparecerá en nuestras juventudes radicalizadas.

En el libro se detalla el reformismo que tuvo como punta de lanza la Universidad Nacional de La Plata, producto de una continuación esperable de la bohemia y el juvenilismo estudiantil.

–El discurso bohemio surge con fuerza a fines del siglo XIX, en repudio a los valores burgueses, y eleva al artista marginado como intérprete de la realidad. El credo juvenilista instala a los jóvenes como redentores sociales e irrumpe también por esa época para prolongarse hasta nuestros días. Ambas perspectivas permean la atmósfera universitaria y en La Plata refuerzan el combate contra el positivismo o ayudan al triunfo del movimiento reformista. En un congreso continental de estudiantes realizado en Montevideo en 1908 y con asistencia de alumnos platenses, se proclama la rebeldía como el principio vital por excelencia, por encima de la razón.

Si bien el enfoque se halla centrado en la juventud universitaria, analizás con fuerza la figura del Che Guevara.

–Ernesto Guevara, que no dejó de plantear la potencialidad transformadora del joven como un factor supraclasista, ha suscitado la admiración de una juventud oriunda de distintas latitudes y condiciones, por erigirse en emblema de la otra historia y por reunir en su persona un conjunto de rasgos carismáticos: independencia e informalismo, vocación de servicio y heroicidad.

Mencionás que se destacan dos expresiones de protesta sostenidas en la Argentina. En primer término, por orden cronológico, el rock y luego la agrupación HIJOS. ¿A qué se debe?

–Ambas expresiones contestatarias son afines con la defensa de identidades que motivan a las nuevas generaciones, partidarias de la autogestión y la creatividad. El rock nacional se aleja de un orden disciplinario y del afán de poder, mientras comparte el talante antimilitarista con la agrupación HIJOS, cuestionadora del terrorismo de Estado y de los genocidas de uniforme, mediante técnicas pacifistas como el escrache.

Se observan nuevas participaciones en el exterior, como los movimientos asambleístas de los Indignados en España o líderes estudiantiles como Camila Vallejos en Chile. ¿Qué provoca estos surgimientos?

–Tales eclosiones son notoriamente inducidas por formas democráticas agotadas, aún regidas por el neoliberalismo y el gran capital, cuya gravitación no han podido o no han querido contrarrestar ni los propios gobiernos socialistas, a diferencia de lo que se está intentado llevar a cabo en diversas naciones sudamericanas, más próximas a lo que el sociólogo Sousa Santos califica como democracia distributiva. Con nuestros propios términos, diría que Chile o los países primermundistas como España atraviesan la etapa inicial disidente del pensamiento alternativo, mientras que en nuestros regímenes progresistas nos hallamos incursionando por un estadio superior: el del reformismo propositivo y, si me apuran, el de las modificaciones sustanciales. Ello nos permitiría afirmar que estamos asistiendo a una nueva hora americana.

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